Sociedad

Las denuncias que faltan

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Gabriela Koolen

Lejos de los discursos oficiales que advierten sobre una presunta ola de acusaciones sin sustento, uno de los grandes problemas en torno a la violencia de género es su subregistro: el 77% de las víctimas no denuncia a su agresor.

3 de junio de 2026. 11° edición de la marcha Ni una Menos, frente al Congreso nacional.

Foto: Sandra Rojo

El proyecto de ley impulsado por la senadora de Juntos por el Cambio Carolina Losada, que busca aumentar las penas por falsas denuncias a hasta seis años de prisión, con agravantes específicos para casos de violencia de género, integridad sexual y delitos contra menores, invita a pensar sobre la verdadera problemática: faltan denuncias. Según un informe del Observatorio de Género de los Ministerios Públicos, lejos de existir una oleada de falsas denuncias, el verdadero problema es el subregistro de este tipo de violencia: el 77% de las mujeres que sufrió violencia por parte de su pareja nunca denunció. Por otra parte, de las más de 8 millones de causas penales analizadas en las 17 jurisdicciones relevadas en 2023, 2024 y 2025, las denuncias falsas representan solo el 0,09% del total. Y aún más: desde el Observatorio advierten que hay preguntas que los datos no responden, ya que el relevamiento no incluyó desagregación por sexo del denunciante ni del denunciado, un punto central para el argumento del efecto discriminatorio del proyecto, que no está disponible a nivel sistémico. Por otra parte, tampoco se relevó el resultado procesal de las causas y sin este dato no se puede saber cuántas falsas denuncias registradas son efectivamente acreditadas como tales por el sistema judicial.

La psicóloga Daniela Ledesma, especializada en género, y con amplia experiencia en dispositivos públicos de atención, como la línea 144, donde fue operadora y coordinadora de guardia, dice que el primer escollo está un paso antes: la dinámica intrínseca de los vínculos violentos dificulta su visibilización. «En general, la violencia se da de manera sistemática, muy de a poquito; el agresor va degradando la subjetividad de la persona y la va aislando de su vínculo con frases o fórmulas como “tu familia no te quiere” o “todos piensan que sos una tarada”. Por eso es fundamental no dejar sola a la persona que está siendo víctima», subraya. 

Por otra parte, detalla lo que se conoce como el círculo de violencia y las etapas que se dan en este tipo de vínculos: el período de acumulación de tensión, en el que al agresor todo le molesta, precede a la explosión, la agresión explícita, y más tarde viene el pedido de perdón por parte del agresor, la promesa de no repetir y la «luna de miel». «Esta etapa es lo que hace difícil llegar a denunciar. En general, a medida que pasa el tiempo, las etapas de violencia se acrecientan y la luna de miel es cada vez más corta. Cuando una mujer se acerca se hace mucho hincapié en que el ciclo se va a repetir», explica Ledesma. 

Hacer la denuncia, en sí, no es complejo, enfatiza, y subraya que, en los últimos años, el recrudecimiento de situaciones de violencia se da en un contexto de un aval discursivo y un intento de sacar de la agenda pública estos temas. Muchas mujeres se preguntan si aún existen lugares donde denunciar, si es su derecho hacerlo y si hay mecanismos de ayuda. En este sentido, Ledesma agrega que si bien el desfinanciamiento de los espacios de atención genera un desgaste permanente en quienes trabajan en estas áreas, los espacios están abiertos y el derecho está completamente vigente. «La violencia de género es una temática muy compleja y requiere un abordaje a través de psicólogos/as, abogado/as y asistentes sociales. Hoy, las áreas superan los 40 casos por persona, y no alcanzan las horas ni los días para atender a todos, con sueldos muy bajos además», plantea. 

El marco legal
«El proyecto de Losada busca instalar una especie de silencio sobre estos temas, un sotto voce por parte de los medios de difusión, sacarlo de circulación», advierte la abogada Elsa Freijo, quien, además de sus años en el ejercicio de la profesión especializándose en derechos humanos, minoridad y derecho de familia, fue docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Freijo habla de la Ley 26.485 de Protección Integral contra la Violencia contra la Mujer, sancionada en 2009. Allí se estableció, entre otras cosas, la creación de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD), ubicada en Lavalle 1250, en la Ciudad de Buenos Aires, que depende de la Corte Suprema y trabaja las 24 horas los 365 días del año. Ahí, comenta, la víctima puede ir acompañada, puede solicitar traductor si necesita y un equipo interdisciplinario se encarga de tomar la denuncia. La ley establece también la creación de oficinas especializadas en todas las jurisdicciones con personal especialmente capacitado para abordar estos casos. El recorrido legal para llegar a esto, dice Ledesma, fue muy largo. Menciona, por ejemplo, que hasta hace no mucho, el abuso sexual en el contexto de un matrimonio no estaba considerado un delito.

La abogada subraya que cuando se hace una denuncia en la Oficina de Violencia Doméstica, el equipo analiza la situación con el objetivo de detener la violencia: la prioridad es ver qué pasa en esa familia y las intervenciones tienen que ver principalmente con que deje de cometerse la violencia. En este sentido, el equipo interdisciplinario recomienda al juez medidas, que pueden ser un cese de hostigamiento, exclusión del hogar o una orden de restricción de acercamiento y la fijación de un régimen de visitas y cuota de alimentos de urgencia en el caso de que haya menores.

¿Qué pasa con los varones?
En la última jornada de Ni una Menos se escuchó mucho esta pregunta. La psicóloga Daniela Ledesma señala, parafraseando a la antropóloga Rita Segato, que para lograr cambios profundos se debe incluir a los varones en la ecuación. Señala que las áreas de género cuentan con dispositivos de grupos para hombres que ejercen violencia. «Si no vas al varón es difícil que el problema se solucione solo atendiendo a las mujeres. Si cuando uno es chico ve a sus padres en situaciones de violencia, lo que aprende el varón es que la manera de dar amor es a través de la violencia y la mujer aprende que recibir amor es desde la violencia también. Es indispensable desarmar esas tramas cotidianas, porque el patriarcado nos atraviesa a todos», dice. 

«Hay situaciones que van escalando y que ninguna de las dos partes dimensiona. Las mujeres que son víctimas muchas veces se preguntan si está justificado pedir ayuda, denunciar o qué tan grave es, y los agresores naturalizan y piensan que es normal lo que les pasa. Hay muchas cuestiones que hay que deconstruir», dice el psicólogo Facundo Gotelli, especializado en cuestiones de género, que cuenta con experiencia gestionando dispositivos de masculinidades en diversos municipios. 

En definitiva, los profesionales coinciden en la necesidad de mantener en agenda estos temas, y en sostener, ampliar y mejorar políticas públicas, poniendo a disposición herramientas, recursos y una mayor cantidad de profesionales para atender y hacer un seguimiento de situaciones particulares en el marco de una problemática que requiere un compromiso absoluto para garantizar un derecho fundamental.

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