2 de septiembre de 2026
El seleccionado de hockey celebró su tercera estrella mundial y extendió el legado de un equipo que entró en la historia grande del deporte argentino. Qué y quiénes están detrás de este éxito que se extiende a los varones.

Ámsterdam. Majo Granatto, símbolo del equipo albiceleste, festeja el empate. Fue un gol clave para luego vencer a Países Bajos en la final.
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El triunfo en el Mundial de Países Bajos y Bélgica de Las Leonas, además del tercer puesto de Los Leones en la misma competencia, ratifican el poder internacional de Argentina en este deporte, sobre todo desde el crecimiento y la regularidad alcanzada allá por los 2000 con el hockey femenino. Las Leonas se convirtieron en una marca de identidad cuando en los Juegos de Sidney obtuvieron la medalla de plata. En Los Ángeles 2028 irán por el logro más deseado, que es a la vez su asignatura pendiente: el oro olímpico.
Jugadoras como Luciana Aymar (considerada la mejor de la historia por la Federación Internacional de Hockey), Vanina Oneto, Karina Masotta y Magdalena Aicega se volvieron una suerte de dinastía que hoy continúan, entre experimentadas y juveniles, María José Granatto, Agustina Gorzelany, Eugenia Trinchinetti, Victoria Sauze, Cristina Cosentino –arquera y figura–, Valentina Raposo, Julieta Jankunas, Victoria Granatto, Zoe Díaz, Lara Casas y Sofía Cairó, autora del remate decisivo para el título de este sábado, un 3-1 en definición por penales australianos ante Países Bajos, luego del 1-1 en tiempo reglamentario. Fue el corolario de una gran campaña, que le dio al seleccionado femenino la tercera estrella mundial. Con un agregado: cortó la racha de campeonatos conseguidos por Países Bajos, en su propia casa. Historia pura.
El crecimiento de Las Leonas se produjo al ritmo de entrenadores de primer nivel: al iniciador del proceso, Sergio «Cachito» Vigil, le continuaron Carlos Retegui, Gabriel Minadeo y el actual Fernando Ferrara, con quien las chicas lograron el subcampeonato mundial en 2022, el bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024 y, ahora, su tercer Mundial.
En las últimas tres décadas Las Leonas conquistaron 6 medallas olímpicas (3 de plata, 3 de bronce), 3 Mundiales (2002, 2010 y 2026), 7 Champions Trophy (2001, 2008, 2009, 2010, 2012, 2014, 2016) y 8 oros panamericanos.
Cachito Vigil es uno de los más influyentes entrenadores del deporte argentino. Fue quien originó el cambio deportivo y cultural. Potenció un equipo –y un deporte– desde cero, cuando asumió en 1997. En silencio generó una atracción que, en deportes de equipo, hasta entonces solo podía encontrarse en el fútbol, el básquet y el rugby masculinos.
Efecto contagio
A partir de Las Leonas, mujeres de todo el país se volcaron a esta actividad. Los triunfos internacionales afianzaron esa popularidad, pero Vigil fue, como pocos, un líder más allá de las canchas. Su modelo de liderazgo se hizo ejemplo en tiempos en que la «inteligencia emocional» era apenas un concepto. Apuntó tanto al equipo como a las individualidades y fomentó la defensa de los valores humanos en la competencia. Esto lo llevó a trascender el hockey y entronizarse como símbolo de conducción en todas las ramas. Su figura está a la misma altura de Julio Velasco, Rubén Magnano o Lionel Scaloni.
Hoy el hockey está más allá de los clubes elitistas o tradicionales y se practica en todos los estamentos sociales. «Hoy se juega al hockey en una villa, en un club de barrio o en un club de alta sociedad», le dice a Acción el periodista y entrenador Walter Di Nardo.
La Confederación Argentina de Hockey (CAH) registra alrededor de 120.000 jugadoras federadas (más que el fútbol y el vóley femeninos) a través de sus 34 entidades y federaciones regionales en todo el país. Este número incluye diversas categorías competitivas: infantiles, juveniles, superiores y veteranas.
El fenómeno de esta actividad se potencia en Buenos Aires y se replica en Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Rosario y Tucumán. La cifra es mayor si se toman en cuenta las ligas independientes, los torneos intercolegiales y las competencias amateurs.
El hockey femenino es un fenómeno argentino y de Países Bajos. Sus ligas son las más poderosas. Ahí no más, Alemania; y más atrás, Australia, Bélgica y China, que se destacan por un crecimiento incesante en los últimos tiempos.
La base de Las Leonas está en que la mayoría de sus integrantes juegan en equipos argentinos, más allá de que hayan participado o alternen con clubes europeos durante cortas temporadas. No ocurre lo mismo con los varones: casi todos juegan en clubes de elite europeos, más que nada de Países Bajos, Bélgica y España. Sin embargo, nuestro hockey masculino está lejos de potencias como Alemania, Países Bajos (su liga masculina de clubes es la más cotizada del mundo), Bélgica y Australia.

Montaña humana. Las jugadoras, junto al DT Fernando Ferrara, celebran el ansiado campeonato. Se suma a los mundiales obtenidos en Perth (2002) y Rosario (2010).
Foto: Getty Images
Aprender de ellas
Los Leones crecieron a la sombra de las mujeres. En 2016 ganaron la medalla de oro en los Juegos de Río tras imponerse en la final contra Bélgica por 4-2, pero ya en las semis se perfilaban como candidatos al vencer 5 a 2 a Alemania (entonces bicampeón olímpico vigente). Al año siguiente, y por primera vez, se ubicaron en el primer puesto del ranking internacional.
De aquel equipo conducido por Carlos Retegui y con figuras como Gonzalo Peillat, Juan Manuel Vivaldi, Pedro Ibarra y Lucas Vila, el recambio se consolidó con Bautista Capurro, Matías Andreotti, Tadeo Marcucci y los hermanos Lucas y Joaquín Toscani, entre otros. Esta nueva camada, con el experimentado y medallista olímpico Lucas Rey como entrenador, fue la que consiguió el tercer lugar en este Mundial tras caer en semis 2-1 ante Alemania e imponerse en la final del domingo 2-1 contra Países Bajos.
En 2013, cuando Cachito Vigil publicó su libro Un viaje al interior, Las Leonas ya eran una marca mundial. En esas páginas, Vigil escribió: «Con la experiencia vamos descubriendo que el fruto no estaba en el logro; el fruto estaba en el recorrido del camino. El logro era la excusa o la carnada que nos poníamos». Tal vez de eso se trate.
