Cultura

«Estrenar es como habitar un oasis»

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Damián Damore

En su debut como director, Lorenzo «Toto» Ferro despliega en El tren fluvial la historia de un niño que sueña con viajar a la gran ciudad. El presente del cine argentino y el recuerdo de su socio Lucas Vignale.

Escritura. Ferro ya boceta las ideas de su próxima película, en la que dirigirá a su padre.

Foto: Prensa/Valentine Torre

Lorenzo «Toto» Ferro habla del estreno de El tren fluvial con una mezcla de entusiasmo e incredulidad. La película, su debut como director, llega a las salas después de un proceso en el que la amistad, el cine y la pérdida quedaron entrelazados. Lucas Vignale, su amigo y colaborador, estuvo desde el comienzo de su recorrido como director, también en la construcción de una manera de filmar que Ferro reconoce como propia: una cámara atenta a lo que sucede, siempre disponible para aquello que aparece sin haber sido previsto.

Vignale murió el 14 de junio, en el choque de helicópteros ocurrido en Río de Janeiro, que también le costó la vida al youtuber Gaspi y otras cuatro personas.

El estreno adquirió una dimensión inesperada: aquello que nació como el primer largometraje de dos amigos se convierte también en el legado de una sociedad creativa interrumpida de manera trágica.

«Lo conocí porque estaba editando un videoclip de mi proyecto musical, Kiddo Toto. Quería ir a la sala de montaje y me recibió su padre. El director del videoclip se fue y terminé quedándome a trabajar con él. Me cayó diez mil puntos. Fue en 2020, antes de que la pandemia clausurara todo», recuerda. «Nos hicimos muy amigos. Teníamos visiones diferentes del cine: yo era más de la idea de «escribo, quiero dirigir al actor de esta manera». Y él era más «vamos a filmar». Así logramos una gran armonía», cuenta. «Es inevitable ponerse triste ante la inminencia del estreno. Me deja tranquilo saber que Lucas vio la película terminada: estuvo en el estreno en el Bafici, vio la reacción del público».

El tren fluvial cuenta la historia de Milo Barria, un niño de 9 años que sueña con escapar de su casa en un pueblo, y viajar a la gran ciudad.

Para lograrlo, idea un plan que lo llevará a subirse a un tren rumbo a su independencia. La ficción se cruza con lo documental en escenas que incorporan aquello que sucede alrededor y que no estaba previsto. Uno de los ejemplos que recuerda Ferro es la escena del concurso de malambo. La posibilidad de filmarlo surgió de una circunstancia ajena a la película: «Nosotros estábamos filmando la película y la madre nos dice: «Estos tres días no va a poder filmar Milo, tenemos que ir a Tandil». Nosotros le preguntamos: «¿Lo podemos acompañar?». Fuimos y filmamos. Milo salió campeón ese día. Eso no estaba en el guion».


Palabras e imágenes
La producción llegó a la pantalla de la sala Lugones el jueves 8 y a la del Malba el sábado 10. Y luego se agregarán nuevas funciones. Pero el entusiasmo por el estreno convive con una mirada preocupada sobre el presente adverso de la actividad. «Estrenar en estos momentos en cines es como habitar un oasis junto a otros y me gusta. La verdad, me gustaría que no sea un oasis también. La película se estrenará en un montón de salas y ese hecho ya me conmueve, pienso en cuando era chico y veía los carteles de «Próximamente en cines». Aportar mi granito de arena al cine me pone contento», dice. En la conversación aparece una preocupación más concreta, ligada a la permanencia en la cartelera. «Uno quiere que le vaya bien a la película. A veces el cine argentino tiene algo curioso: que el estreno es el entierro. Es una realidad triste», desliza.

Protagonista. Milo es un niño que sueña con subirse a un tren y escapar de su casa.

Foto: Prensa

En su paso de la actuación (El Ángel, Simón de la montaña y otras) a la dirección encontró un impulso previo en la música, donde empezó a ejercitar el arte de poner en palabras y en imágenes aquello que llevaba adentro. «Descubrí que me gustaba decir también. Más que entregarme, poner el cuerpo al decir de otro. Sentía que tenía cosas para decir, cosas que sanar a través del decir y no tanto a través de la terapia. Quizás encontré en el arte una terapia. Caminar entre esos dos lugares es lo que, por lo menos a mí, me abre los poros. Ese camino de inseguridad también es lo que tiene un rodaje. Vos estás filmando una historia, de repente puede venir la policía, puede pasar cualquier cosa, pero algo seguro va a pasar», afirma.

Mientras acompaña el recorrido público de su primera producción, Ferro ya boceta las ideas de su próxima película, El centinela, en la que dirigirá a su padre, Rafael Ferro. En ese proyecto parece cerrarse un círculo: «Mi viejo me llevaba a ver las películas que quería ver él cuando yo tenía cinco años. Es algo que voy a agradecerle siempre. Incluso mi tarea de director la absorbí de su carácter, de su buen trato, porque no hay set al que entre y no me pregunten por él: lo recuerdan con amor. Entonces, tener buen humor, tratar bien al equipo técnico, es tan importante como cualquier otra cosa. Obviamente que en algún momento tenés que poner cara de culo, porque es un trabajo. En El centinela me voy a encontrar con mi viejo de una nueva manera».

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