Agenda | Libros

Visiones, diálogos y recuerdos

Tiempo de lectura: ...
Susana Cella

Antología personal
Juano Villafañe 
Barnacle 
106 páginas

Constelaciones. En la variedad de su poesía se advierte la constancia de la expresión que define a su estilo.

Foto: Jorge Aloy

Las antologías personales, esa suerte de selección que un autor hace de su obra, nos ofrecen al mismo tiempo una visión y evaluación retrospectiva de lo transitado en el tiempo y no menos de lo que puede seguir en ese magma de escritos que habitan el lugar de lo todavía inédito. No otra cosa vemos en Antología personal, el último libro de Juano Villafañe, de reciente aparición. 

Significan este tipo de recuentos una revisión de cuanto escribió en un recorrido que nunca fue fácil para examinar, la autorreflexión sobre todo aquello que constituyó el pasado y llega a un presente tan fuerte que incorpora en esta suerte de épica poética aquello que está incidiendo, provocando, la voz de hoy, la que se sitúa simultáneamente entre lo ya hecho y lo que va a seguir: los textos que permanecen todavía inéditos bajo el título de Último mar. 

Pero bien, recorramos esas partes que el autor fue pautando, como si se tratara de señales en el camino, a su manera hitos, momentos indefectiblemente ligados a lo vital y con esto a un saber de experiencia, que no deja de inducir a lo que podríamos llamar constelaciones de sentidos, que van en la diversidad de sus trabajos a un estilo raigal, obviamente presente en las modulaciones de poemarios como Visión retrospectiva de la botella, Deconstrucción de la mañana, Públicos y privados, hasta el más reciente El corte argentino. 

En esa variedad, tal vez solo aparente, en los poemas advertimos algo así como la constancia de expresión que define un estilo que tal vez podamos cotejar en versos como: «Se sienten entre los ruidos y en la calma/ en la vuelta del demorado/ en los siglos. Todo es una modernidad inconclusa, / una alambrada sobre rutas finales» («Con las patrias de adentro»). Y, en íntima relación con la apreciación de un tiempo y estado de cosas, la presencia de quienes lo habitaron y habilitaron en la creación artística, principalmente sus padres («Ultimo aprendizaje») con todo lo que le aportaron en lo que siempre ha recordado como «el taller renacentista» en el que pudo abrevar y acopiar hasta lograr su propia voz poética. Que parece resumir en un eximio verso como una especie de destino: «Y hoy me toca escribir sobre lo que amaron otros».

Sí, voces, memorias, pero ese «hoy me toca escribir» es la voz que se acopla indefectiblemente a esos otros que el poeta asume como su misión, su yo, tan dedicado a los diálogos, las interpelaciones, a los recuerdos que reúnen a un yo comprometido con la historia, personal y social, indiscernible entonces de su amor compartido para ofrecerse como voz plural, representativa de alguien que no deja de indagar en formas de apelación, diálogo, reposición de esas otras voces. Y así consigue, a la manera de un coro del cual sería su director, poner en escena en esta propuesta lo mejor del lenguaje poético, para confirmar la infinita posibilidad de una escritura que no ahorra referencias, ecos, visiones, hipótesis, en un caudal de versos tan bien construidos que justamente permiten contemplar el esplendor de una visión de mundo.

Estás leyendo:

Agenda Libros

Visiones, diálogos y recuerdos