Mundo

Un tsunami azul contra Trump

Tiempo de lectura: ...
Néstor Restivo

Los demócratas controlarán ambas Cámaras del Congreso tras un triunfo que deja debilitado al presidente estadounidense. Qué escenario se abre, quiénes son las figuras que emergen y cómo puede repercutir el resultado en América Latina.

Texas. James Talarico, uno de los grandes ganadores de las elecciones de medio término, junto a sus partidarios, el 3 de noviembre.

Foto: Getty Images

La «ola azul» en las elecciones legislativas y a gobernadores en Estados Unidos abrió un nuevo escenario en la todavía mayor economía del planeta. Donald Trump terminó un ciclo. Le quedan dos años de mandato, pero será más que «pato rengo», como suelen definir en su país a un momento presidencial de este tipo. Será así no solo porque no puede ser ya reelecto, sino también porque tampoco controlará ninguna de las dos Cámaras legislativas, donde hay ganas de tomarse alguna revancha contra el magnate. Asoman intentos de juicio político o más y lapidarias revelaciones de los «archivos Epstein», por ejemplo.

«¡No perdí yo, porque no estaba en la boleta!», vociferó en su defensa. Pero en campaña había pedido a los votantes: «¡Al votar, imaginen que yo soy el candidato!». Y parece que una robusta mayoría de estadounidenses imaginó exactamente eso: «vio» su rostro en las papeletas y no le perdonó ni la inflación, ni la guerra contra Irán –que explican parte de la carestía por el lado de los combustibles–, ni sus bravuconadas ni su desapego a las normas institucionales. 

Trump pagó caro su mala gestión económica, en particular el alza del costo de vida y su alineamiento con Israel en esa guerra contra Irán. También pagó por sus negocios inescrupulosos, por su ligazón con billonarios en un país que tiene millones de pobres y homeless, y por las abusos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), que no solo atacó a inmigrantes, sino a propios estadounidenses.

La decepción de millones que lo habían votado para presidente dos años antes se demuestra en los distritos donde ahora perdió por paliza. Distritos de hispanos, de trabajadores, de gente vulnerable que la pelea día a día y ve cómo él hace negocios junto a sus familiares y billonarios amigos. Por supuesto, su movimiento Make America Great Again (Hagamos grande Estados Unidos otra vez) continuará. Pero su ciclo personal empezó a cerrarse.

Un rasgo interesante de los comicios de medio término fue la diversidad de ganadores del Partido Demócrata (PD), en varios casos marcando una primera vez en la historia de EE.UU. P​rimera gobernadora negra, en Georgia. Primera gobernadora nativa americana, en Nueva México. Primera gobernadora mujer y latina, en Texas. Primer senador musulmán, en Michigan. Primer senador gay, en New Hampshire. Quizá la transformación dentro del PD sea más de diversidad y etnicidad que ideológica, como soñaba el sector de los «socialistas democráticos». Habrá que verlo en sus acciones. También habrá que medir en estos dos años el alcance general de la victoria demócrata en ambas Cámaras del Capitolio y en una mayoría de gobernaciones estaduales. 

Habrá pelea a ambos lados del bipartidismo también, porque arranca la carrera electoral mayor.

Entre los demócratas, además de los ya conocidos Zohran Mamdani en Nueva York (el alcalde que no podrá competir por la presidencia porque nació en el extranjero), de Bernie Sanders y sus herederos como Alexandria Ocasio-Cortez en el flanco más a la izquierda del PD y aliados, asomaron en estas elecciones figuras interesantes y también jóvenes. Por ejemplo en Texas, un territorio que se le dio vuelta a los republicanos luego de décadas, y donde le frenaron a los ultrarricos magnates tecnológicos sus ideas de instalar mega centros de datos, como los que ahora quieren traer e la Patagonia argentina. Allí ganó una banca senatorial clave James Talarico con sus críticas a los billonarios. O se puede citar asimismo a Jon Ossoff, senador por Georgia, quien incluso podría ser un candidato presidencial menos «establishment» que el ya lanzado Gavin Newsom, que es bien del riñon de la maquinaria. Desde luego, en el núcleo duro de la élite demócrata está también Kamala Harris, si insisten en jugar esa carta a pesar de lo desangelado de su campaña anterior. Todavía falta, pero son nombres que aparecen en el radar electoral.

Entre los republicanos golpeados, se desatará la lucha por la continuidad del trumpismo entre el vicepresidente J. D. Vance, quien ya tuvo un chisporroteo con Trump en la lectura de la derrota parlamentaria, y el secretario de Estado Marco Rubio, quien presentó este año la Doctrina de Seguridad Nacional basada en la persecución y la criminalización de toda disidencia.

Washington. Trump, en un discurso electoral el día después de la catastrófe republicana.

Foto: Getty Images

Continuidades y alivios
Para el resto del mundo, es cierto que los demócratas no son angelicales controlando el Capitolio ni cuando gobiernan. Su lista de ataques es interminable, comenzando por el presidente Harry Truman, responsable máximo en lo institucional del bombardeo atómico contra Hiroshima y Nagasaki, el peor atentado terrorista de la historia. O John F. Kennedy decidiendo invadir (y como no pudo, bloquear) a Cuba, y luego a Vietnam. O Bill Clinton bombardeando la embajada china en Belgrado, entre otros. Pero, fronteras adentro, suelen presentar una agenda progresista. Y controlando ambas Cámaras del Capitolio, pondrán más previsibilidad frente a las tampoco edificantes aventuras de Trump en el exterior, en particular en Medio Oriente, que él había prometido frenar. 

Quizá para América Latina no cambien demasiado las cosas, porque es todo el sistema estadounidense el que reclama para sí el dominio de las cadenas de suministro energético o minerales, en forma explícita. ¿O acaso las nuevas mayorías parlamentarias en Washington pedirán un indulto para el presidente venezolano secuestrado o revisarán el «acuerdo» petrolero? ¿O dirán que Argentina puede hacer con su litio lo que quiera?

Sin embargo, algún alivio mayor podrán sentir, quizá, algunos países de la región. Como Brasil, donde lo contundente del triunfo electoral de Lula, tan inesperado en su alcance como el tsunami azul demócrata, posiblemente hará que no tenga que lidiar tanto con el bolsonarismo armado desde EE.UU. O como Canadá y México, presionados por las políticas arancelarias de Trump. La Argentina de Milei, por su parte, pierde un aliado fundamental para el proyecto libertario. No le será fácil contar con que la administración trumpista, el año que viene, eche mano a la billetera del Tesoro si hay riesgo de cambio de Gobierno en nuestro país, como fue el caso el año pasado. Con su nueva composición, las Cámaras legislativas pondrán un freno porque ya le habían advertido al secretario Scott Bessent que su «generosidad» del 2025 para con Argentina no tenía todos los papeles en regla. Y ahora son mayoría y tienen capacidad de ejercer ese veto.

En un país como EE.UU., que ha vivido en guerra en casi toda su historia, cualquier movimiento político tiene ramificaciones hacia todos lados. Lo que siga en adelante, eso sí, será con un Trump debilitado.

Estás leyendo:

Mundo

Un tsunami azul contra Trump