Informe especial

Autoservicio psicológico

Tiempo de lectura: ...
Gabriela Koolen

Ante la crisis en salud mental, los discursos con recetas del tipo «hágalo usted mismo» se multiplican y los dispositivos de atención se desmantelan. ¿Es posible salvarse solo? El rol de lo colectivo.

Influencers. La idea que responsabiliza a los sujetos sobre su propia salud se multiplica. El peligro de las recetas para bajar la ansiedad y «encontrar tu propio equilibrio».

Foto: Shutterstock

La imagen del «héroe que se hace a sí mismo» ha sido promovida hasta el cansancio en las películas e historias de vida que se multiplican en redes. ¿Qué pasa cuando estos discursos se llevan al terreno de la salud mental? El individualismo extremo, síntoma de la sociedad capitalista actual, parece dejarnos cada vez más solos, mientras las políticas públicas apuntan al resquebrajamiento de las redes comunitarias y el desfinanciamiento de los espacios de contención. 

«La salud mental está íntimamente ligada al momento histórico, a las condiciones de vida y a aspectos sociales. Hoy, en la práctica clínica cotidiana se viene registrando mucha desvitalización y desesperanza, en un contexto en el que las condiciones materiales de vida están muy deterioradas. En paralelo, vemos el cierre o fragmentación de instituciones que velan por la vida digna en salud, vivienda y trabajo, que son los grandes ordenadores de la vida de los sujetos. Todo esto atenta contra la salud mental y se escucha mucho la falta de expectativas respecto de los proyectos de vida, sobre todo en los jóvenes», advierte la psicóloga Ana Reguera, maestranda en Salud Mental Comunitaria e integrante de la colectiva de profesionales de la salud Silvia Bleichmar. La profesional alerta sobre consecuencias muy tangibles de este fenómeno en un abanico de síntomas que van desde el aumento de consumos problemáticos y el crecimiento de la ludopatía –en sintonía con la proliferación de apuestas online–, hasta los intentos de suicidio. 

Las estadísticas avalan lo que plantea: la tasa de suicidios crece en la región, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y desde 2024, el suicidio es la principal causa de muerte no natural en Argentina. 


Líneas de acción
La estrategia «Vivir la Vida», impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OPS, identifica grandes líneas de acción con evidencia científica para reducir las muertes por suicidio, como el fortalecimiento de la atención de la salud mental –especialmente en el primer nivel de atención–; la promoción de una cobertura responsable en los medios de comunicación y el desarrollo de sistemas de vigilancia que permitan identificar poblaciones y territorios con mayor riesgo. El rol del Estado se vuelve crucial en este sentido. Según la OPS, los países que desarrollan estrategias sostenidas e integrales pueden reducir las tasas de suicidio en alrededor de un 20%. Los números de inversión en salud mental en Argentina son, sin embargo, desoladores: mientras que la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 –sancionada en 2010 y reglamentada en 2013– en su artículo 32 obliga a destinar el 10% del gasto total en salud a este campo, el presupuesto asignado está por debajo del 2%. 

La psicóloga y docente Liza Murlender señala que el suicidio es siempre multicausal y tiene muchas capas que abarcan factores del orden individual, familiar, social y comunitario. Por eso, subraya, trabajar en la prevención es fundamental, y para eso es imprescindible la presencia e intervención estatal. A partir de su experiencia en el ámbito clínico y como consultora en psicología organizacional, Murlender creó en 2020, junto con otros profesionales, Contexto Psi, una organización abocada al tratamiento y difusión de temáticas de salud mental con perspectiva de género y derechos humanos compuesta hoy por más de 40 profesionales. «El contexto pospandémico tiene consecuencias que no fueron abordadas socialmente, sino que quedaron libradas al ámbito individual. Hoy, las principales problemáticas que vemos son los trastornos de ansiedad y ataques de pánico, el aumento de consumos problemáticos, depresión, problemas vinculares relacionados con grandes dificultades para mostrarse vulnerables y trastornos de conducta alimenticia. Además, hay cuestiones sociales como el desempleo, el pluriempleo, la crisis económica, o el hecho de que en el capitalismo actual la productividad toma todos los espacios y eso estresa, por lo que se ve mucha sintomatología de burn out», señala Murlender, para quien la salud mental no puede analizarse únicamente de manera individual, sino en su entorno histórico y social. 


«Usted puede solo»
Frente a este panorama, surgen y se multiplican discursos que responsabilizan a los sujetos sobre su propia salud: recetas que circulan en redes para bajar la ansiedad, ejercicios y rutinas para «encontrar tu propio equilibrio», o coachs que se convierten en una promesa casi milagrosa para vivir mejor. 

«Me parece peligrosa la multiplicación de recetas de self service en salud. Muchos pacientes llegan a la consulta con diagnósticos de Google o de Tik Tok y una sobrecarga de información y conceptos que no tienen un marco o acompañamiento. Después, en el tratamiento se vuelve necesario desarmar todo eso», afirma Murlender, y señala que desde la organización trabajan para comunicar responsablemente sobre salud. Subraya también la exigencia de positividad que circula en redes de la mano de estas recetas, generando culpa y sobreexigencia: «No todos podemos tomarnos una pausa para respirar, o no siempre es eso lo que te va ayudar a sentirte mejor si estás endeudado y no llegás a fin de mes», apunta.

«Estamos en una época de debilidad de las grandes instituciones que nos contuvieron: las instituciones laborales, vinculares o la posibilidad de tener una casa propia, por ejemplo. Es una época de grandes cambios muy difíciles de asimilar y se da, a la vez, en un marco de desamparo. Los seres humanos siempre buscamos algo o alguien que nos cuide», dice Murlender, quien sostiene que no es casual que en este contexto seamos presas fáciles de gurúes virtuales. Para la profesional, no todo es negativo, sin embargo, y son muchas las posibilidades que brindan hoy las nuevas tecnologías, aunque advierte sobre la necesidad de ser cuidadosos. «El problema con los gurúes tiene que ver con la formación profesional que tengan y con que puedan derivar cuando una persona necesita una terapia.

No me parece mal que haya un coach que pueda ayudar en un tema puntual, pero es importante que quien lo haga sepa derivar. Esto tiene que ver también con la regulación de la práctica profesional y quiénes pueden ejercer, y es el Estado quien podría controlarlo», afirma, y da un paso más allá, señalando que hoy no existe un control de la práctica clínica privada y muchos pacientes no cuentan con información sobre sus derechos. 


En comunidad
«Como señalaba la psicoanalista Silvia Bleichmar, en ciertos momentos históricos se da lugar a una privatización del sufrimiento y una responsabilización del sujeto sobre su malestar, en sintonía con el individualismo operante. Esto tiene que ver también con el interés de ciertos sectores de que la comunidad pierda potencia. Se promocionan estrategias de afrontamiento puramente individuales, y a la par, se dan procesos de fragmentación que rompen el entramado social. Desde la salud mental comunitaria se busca que las demandas individuales se transformen en demandas colectivas que se potencien para mejorar», dice la psicóloga Reguera. Destaca, en este sentido, la importancia de que haya una elaboración colectiva de los padecimientos, sin poner en tela de juicio las estrategias individuales. Para ella, los dispositivos anclados en la comunidad son clave: clubes deportivos, bibliotecas populares y espacios donde haya circulación de personas y se pueda hacer algo con otros. Para quienes necesiten contención terapéutica, señala los dispositivos grupales barriales en salitas o centros de salud de primer nivel de atención y hospitales de día dentro de hospitales generales. Se trata, para Reguera, de encontrar un equilibrio en la tensión que se da entre lo individual y lo social.


Estás leyendo:

Informe especial

Autoservicio psicológico