28 de septiembre de 2026

Marea verde. Marcha frente al Congreso cuando se debatía el proyecto que luego fue ley y hoy está vigente.
Foto: Horacio Paone
«El aborto no caduca, peluca. Atte, los pañuelitos verdes». La frase se lee en grandes carteles verdes con letras blancas pegados en distintos puntos de la ciudad de Tucumán. Es parte de una intervención de la Fundación Mujeres x Mujeres, en el Día de Acción Global por el Derecho al Aborto Legal, que se conmemora cada 28 de septiembre.
Es una fecha muy especial. Nació en 1990 durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se hizo en la ciudad balnearia argentina de San Bernardo, y se eligió el 28S recordando la promulgación de la Ley de Libertad de Vientres en Brasil en 1871, que declaró libres a los hijos de mujeres esclavizadas, vinculando la lucha por la autonomía corporal con la libertad.
Recuperar el control sobre el propio cuerpo y sobre la propia vida es una de las sensaciones que más veces me transmitieron las mujeres que atravesaron un aborto, cuando les pregunté cómo se sentían después.
«Me puse contenta, feliz. Después que salí del hospital, estaba como nueva», me dijo en julio Liz, una joven de 20 años que entrevisté para la nueva temporada del podcast Soberanas. «Y sí, como que me quedé libre después. Se me desapareció la carga que tenía», agregó. Ella es paraguaya y hacía pocos meses que había llegado a Buenos Aires en busca de trabajo y un futuro mejor, como lo hicieron antes sus hermanas mayores, cuando la sorprendió un embarazo no intencional.
Cuando la conocí, trabajaba cuidando a una mujer de 90 años en el barrio porteño de Recoleta.
Liz pudo interrumpir ese embarazo buscando información en Google. Así supo cuál era el hospital más cercano al que podía acudir. Y también por Google encontró una red de socorristas que la acompañó para poder acceder a la interrupción voluntaria del embarazo.
La escena habla de cómo se sostiene un derecho –y su importancia vital–, en tiempos en los que la salud y los derechos sexuales y reproductivos son blanco de ataques con recortes presupuestarios, desmantelamiento de políticas y desinformación.
Pero frente a ese panorama, Gobiernos provinciales, equipos médicos y redes feministas sostienen una ley que llegó para quedarse.

Rima. intervención de la Fundación Mujeres x Mujeres, en Tucumán, en el marco día de Acción Global por el Derecho al Aborto Legal.
Foto: Gentileza MujeresxMujeres
En el marco del 28S, los pañuelos verdes vuelven hoy a las calles. Están previstas actividades en todo el país, con epicentro alrededor del Congreso. El énfasis está puesto en destacar la vigencia de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo N° 27.61, sancionada a fines de 2020. Pero, como advierten desde la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, «una ley vigente no alcanza si no se garantiza su cumplimiento».
Desde su llegada al Gobierno, Milei apuntó contra el derecho al aborto y, entre otras decisiones, dejó de comprar los medicamentos para que se hagan las IVE/ILE. Trece provincias sostuvieron el acceso al aborto con presupuesto propio frente a la decisión del Estado nacional de discontinuar la compra de insumos. Según el informe de Proyecto Mirar –difundido este lunes–, en 2025 se realizaron 87.603 abortos en el sector público, en 20 provincias –las que aportaron datos–, cantidad que se mantuvo estable respecto a la medición del año anterior.
Ya se dijo: No es el aborto el culpable de la baja de la natalidad: el descenso comenzó en el país en 2014 –como muestran las estadísticas– y eso ocurrió mucho antes de la marea verde. La baja de la natalidad plantea desafíos y requiere políticas públicas integrales, que permitan compatibilizar trabajo y crianza, que garanticen ingresos, vivienda y sistemas de cuidado, que acompañen a quienes desean maternar y paternar. Pero ninguna respuesta a ese desafío puede construirse a costa de la autonomía y la libertad de las mujeres. Promover maternidades deseadas no significa empujar a las mujeres hacia la maternidad. Significa ampliar las condiciones para que puedan elegirla.
Quizás por eso la frase de los carteles de Tucumán resuene tanto. «El aborto no caduca». Porque tampoco caduca la libertad de decidir sobre la propia vida. Y Liz lo dijo a su manera, después de abortar: «Me quedé libre».
