6 de octubre de 2026

Máquinas paradas. 30 empresas cierran por día en la Argentina.
Foto: Jorge Aloy
No habría que dejar de observar como una seria alerta para las perspectivas del sostenimiento de miles de empresas, especialmente aquellas que generan el mayor nivel de empleo en el país, el dato de que casi 60.000 empresas están en mora en sus pagos, tanto crediticiamente (por situaciones de mora ante el BCRA), como así también por atrasos acumulados en sus pagos fiscales y previsionales.
A ello se agrega una creciente curva de fracturas en la cadena de pagos, que actualmente encuentran evidencia en el incremento de la cantidad de cheques rechazados que no se observaba desde la crisis global causada por la pandemia de covid-19.
Según datos de la tercera encuesta trimestral de la Unión Industrial Argentina (UIA), el 48% de las empresas no pudo afrontar íntegramente sus pagos habituales, mientras que el 56% aumentó su endeudamiento o debió recurrir a fondos de corto plazo. La mayoría de los empresarios encuestados son coincidentes en que el principal problema es la caída de la demanda interna, seguida por el aumento de los costos.
Hasta el propio Diego Coatz , director ejecutivo histórico de la UIA, ante el ensayo de explicación preferido del ministro Caputo y sus colaboradores, en el sentido de que «caerán las empresas que tengan que caer, para alcanzar la productividad y eficiencia necesarias», basados en un moderno concepto de darwinismo social y económico, lo contestó sin eufemismos: «Hay cerca de 30 empresas que cierran por día en la Argentina. Esto no es destrucción creativa. Es destrucción y punto».
Como manifestó Julián Moreno, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme), «las pymes se encuentran en un escenario critico debido a la fuerte caída del consumo masivo interno, de modo tal que las empresas se ven obligadas a subsistir consumiendo ahorros, liquidando stock y achicando productos».
Asimismo señaló que «por ello las pymes van en una espiral descendente y en muchos casos agónica por las políticas de ajuste permanente aplicadas por la gestión gubernamental».
Ganadores
Guillermo Moretti, vicepresidente de la UIA, referente industrial santafesino, sostuvo una posición frontal hacia las políticas del Gobierno en el Dia de la Industria cuando manifestó que «todo lo que se está haciendo es una política de desindustrialización, porque también se ataca a la industria si definanciás las escuelas técnicas, no puede haber industrias sin universidades públicas, y menos sin CONICET o si no vas a tener activos al INTI o al INTA».
Mientras las políticas del Gobierno han beneficiado y proyectan seguir beneficiando a los sectores más concentrados y ricos del país, con eliminación de impuestos directos y patrimoniales, al que sí sumamos las pérdidas de ingresos por blanqueos y los dos programas de Inocencia fiscal más el gasto tributario que es el que deriva de exenciones, mayores deducciones y alícuotas reducidas para estos grandes contribuyentes significan que esa reducción de ingresos, que en los últimos dos años significo el 2,5% del PBI, para el presupuesto 2027 equivaldría a dejar de recaudar de los más ricos el equivalente al 3,67% del PBI.
Los datos son muy elocuentes y revelan a qué sectores concentrados apuntan los beneficios de las políticas neoliberales extremas del Gobierno, mientras cada vez menos pueden tapar mediáticamente que la economía de nuestro país avanza a un proceso recesivo, ya que acumula una contracción trimestral, la primera en dos años, pero con marcado contraste entre los sectores «beneficiados» que solo aumentaron 10.000 puestos de trabajo contra los industriales y el comercio que dejaron desempleados a más de 400.000 personas registradas, entre diciembre 2023 y mayo de este año.
Sin derrame
En resumen: ni hay derrame ni existe traslado de trabajadores hacia otros sectores o regiones que el Gobierno presenta como la «quimera del oro».
La política económica libertaria sostiene un perfil antiindustrial, desatiende compulsivamente al mercado interno mientras persiste la apertura indiscriminada de importaciones, con un dato llamativo: crecen sostenidamente las importaciones, incluso de alimentos que nuestro país produce.
De este modo, están desarmando la estructura productiva nacional, mientras el eje rector del tándem Luis Caputo-Santiago Bausilli solo busca garantizar un endeudamiento creciente, para que aparezca como que «los dólares nos van a salir por las orejas», pero que en realidad se escapan por la canaleta de la «formación de activos externos», eufemismo típico de la compra sostenida de dólares, que como muestran los balances cambiarios del BCRA, superaron la liquidación récord de divisas del primer semestre. Estas compras fueron encabezadas por las grandes corporaciones y empresarios que se han beneficiado de las políticas imperantes.
Lo cierto es que con los compromisos asumidos por el creciente endeudamiento público y privado no se podrán pagar ni la mitad de los intereses que devengan y por ello el Gobierno pone la proa en seguir vendiendo y rematando empresas y bienes públicos para hacer caja y priorizar el pago de la deuda externa antes que atender la ingentes necesidades de una población que se dirige a un récord histórico de pobreza e indigencia de carácter estructural.
