Cultura

Anne Carson, de Safo a la poesía experimental

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Osvaldo Aguirre

A diferencia de entregas anteriores, el premio Nobel de Literatura a la poeta y ensayista canadiense generó un notable consenso entre pares, lectores y críticos. El recorrido de su obra en el país.

Hito. Carson comenzó a ser reconocida después de recibir en 2001 el Premio T. S. Eliot por «La belleza del marido».

Foto: Jay Dixit / WikiPortraits

Los reconocimientos de la Academia Sueca suelen provocar polémicas por supuestas injusticias y arbitrariedades, pero ese no es el caso del premio Nobel de Literatura de 2026. El galardón otorgado a la poeta, ensayista y traductora canadiense Anne Carson tiene un notable consenso entre pares, lectores y críticos especializados y constituye una valoración significativa de la cultura clásica y la experimentación artística en la era digital.

Nacida en Toronto en 1950, Carson fue una lectora precoz de los clásicos griegos. El episodio decisivo en su trayectoria ocurrió cuando tenía 15 años y descubrió los poemas de Safo y el griego antiguo, preocupaciones persistentes en su obra como académica, ensayista y traductora. En su primer libro, Eros el dulce-amargo (1986), analizó las representaciones del deseo en la cultura antigua a partir de la lectura de la poeta de Lesbos, entre otros autores, y de la indagación en la etimología de palabras clave, siempre «el lugar en que comienzo mi investigación».

En ese ensayo la reflexión gira alrededor de los significados del término griego «eros» como deseo y como falta, y desarrolla la idea del deseo referido a un objeto ausente. A la vez, asocia la palabra con la búsqueda de saber y con la escritura: «Parecería haber cierta semejanza entre el modo en que Eros actúa en la mente de un amante y el modo en que actúa el conocimiento en la mente de un pensador», escribió.

Dedicada a la enseñanza de literatura clásica y comparada en la Universidad de Michigan, Carson comenzó a ser reconocida como poeta después de recibir en 2001 el premio T. S. Eliot por La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos. El libro aborda la disolución de un matrimonio y su traducción a cargo de la argentina Ana Becciu inauguró dos años después la difusión de la poeta en lengua española.


Ideas e imágenes
La Academia Sueca valoró que Carson «creó nuevas formas para la literatura contemporánea», en un «diálogo lúdico con la tradición clásica» y en la perspectiva de «desdibujar la distancia entre narración, poesía y ensayo». Charlas breves (1992) expone esa búsqueda con un conjunto de prosas poéticas y ensayísticas sobre temas tan diversos como las truchas, el hedonismo, la lectura y los viajes, entre otros. Autobiografía de Rojo (1998) se presenta como una novela en verso en la que Carson retoma su reflexión sobre el amor en la literatura antigua, ahora a través del relato en clave homoerótica del enfrentamiento entre el gigante Gerión y Heracles.

Las traducciones de Mirta Rosenberg, Daniel Samoilovich y Mercedes Cebrián para Diario de Poesía (2007) introdujeron a Carson a los lectores argentinos. La editorial Fiordo publicó Eros el dulce-amargo, con traducción de Rosenberg y Silvina López Medin (2015); por Zindo y Gafuri aparecieron Charlas breves, en versión de Ezequiel Zeidenwerg (2015), La caída de Roma (2018) y La belleza del marido (2020), ambos traducidos por Soledad Marambio; Bajo la luna publicó Red Doc (Verónica Zondek, 2020). En 2018 Carson fue invitada al Festival Internacional de Literatura, el Filba, donde brindó una entrevista en público: «Tenemos mitos griegos muy hermosamente armados que recibimos como parte de nuestra educación. Los imponemos a nuestra experiencia para darle un sentido», dijo.

Carson colgó el teléfono varias veces antes de recibir la noticia del premio y salió a pasear por Reikiavik, Islandia, donde vive parte del tiempo, para no atender llamados. No le atrae la prensa ni la promoción, suele mostrarse reticente para teorizar sobre la escritura y se niega a prescribir recetas o consejos. «Lo que acabo escribiendo es simplemente como es la luz», declara. También piensa su escritura en relación con lo visual: «Me considero más una artista de la imagen que de la palabra. Me imagino que las cosas son dibujos. Para mí las ideas son imágenes y las frases abstracciones de ideas que se concretan gracias a la gramática y la sintaxis».

En una entrevista con la revista The Paris Review sobre su último libro, Wrong Norma (2024), dice que concibe el acto de crear «como seguir algo, como cuando un zorro cruza tu jardín y decidís seguirlo para ver dónde vive; es simplemente seguir un rastro». En cambio es más efusiva para destacar el diálogo con los textos antiguos, «una fuente constante de frescura y de problemas», y al cuestionar el impacto de la cultura digital en la traducción de poesía.

En la misma entrevista, Carson reivindica «el método que se usaba en la escuela» para leer textos en griego antiguo: localizar las palabras desconocidas, buscarlas en el diccionario y anotar sus significados. «Buscar palabras en un diccionario lleva tiempo y tiene un intervalo parecido a la ensoñación, en el que ocurren cosas en el pensamiento y en la sensación que se tiene de las palabras», explica. Los diccionarios online suprimen ese proceso creativo y en consecuencia «cambia radicalmente la forma en que percibimos los idiomas» y se pierde «un camino de conocimiento».

Carson era mencionada entre los candidatos al Nobel de Literatura desde hacía una década, pero su consagración no deja de ser una sorpresa. Las demostraciones favorables con que es recibido demuestran que el premio constituye también una señal de aliento para la literatura escrita con plena conciencia de las tradiciones de distintas lenguas, en un momento en que la cultura occidental se ve amenazada por los avances de la barbarie.

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