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Teatro para no morir

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Foto: Jorge Aloy

Las tres obras más recientes de Sabatino Cacho Palma (22 de agosto, Desde cachorro y El camino de la fuente), más un ensayo, integran el libro Teatro para no morir (Editorial Ciudad Gótica) que se presentó en la sala Meyer Dubrovsky del CCC Floreal Gorini.

Con el autor, psicoanalista y teatrista rosarino estuvieron en la presentación Reynaldo Sietecase (periodista y escritor), Luis Rubio (comediante), Cristina Acevedo (escritora) y Débora Levit (psicoanalista), quien coordinó la charla. En el inicio, se proyectó un video alusivo al libro, con imágenes de las obras dramáticas y entrevistas a personalidades de la cultura como Norman Briski, Víctor Hugo Morales y Pablo Razuk. 

«Conocí a Sabatino en 4° año de mi industrial cuando con un grupo de compañeros nos anotamos en los talleres de teatro de Casa Discepolín. Nosotros que veníamos de Pitágoras, Arquímedes, Newton, Bernoulli y Mendeléiev, de golpe descubrimos qué era la expresión corporal, la improvisación, la creación colectiva entre otros conceptos», contó Rubio. Y compartió algunos comentarios y apostillas sobre el libro. 

Acevedo habló  sobre la traducción al portugués del libro, que realizó con Márcia Cirigliano (psicoanalista y traductora). «Este compromiso que inventamos entre los tres se hizo con rigor, se hizo con mucho cariño y se hizo con mucha responsabilidad. De la parte argentina, yo me hice cargo, me hice responsable de respetar la letra del autor, de respetar qué es lo que Sabatino quería decir y que se perdiera lo menos posible», dijo Acevedo.

 «Como en sus otros libros, es un material literario, ensayístico, teatral que para mí tiene características que en Cacho son permanentes: profundidad, verdad, compromiso y caos», opinó Sietecase. «Escenario y diván –agregó– se cruzan sin mancharse tanto en el arte como en su vida; en su producción aparecen en forma recurrente la identidad, el deseo, el uso de la palabra, como diría Mario Trejo, la memoria, los vínculos familiares, aquello que puede decirse y especialmente lo que se calla».

Luego de la charla, el actor Hernán Caleca realizó una performance teatral. En el cierre, Levit ofreció una mirada de la disciplina que comparte con Palma. «Ambos somos psicoanalistas y ambos somos escritores, y ser psicoanalista sesga la mirada, el pensamiento, casi la forma de vivir; para ser psicoanalista hay que concebir y convivir con la falta, con la propia y con la de los otros», apuntó. 

El autor, en diálogo con el público presente, destacó la experiencia de Casa Discepolín, un histórico espacio cultural teatral de la ciudad de Rosario fundado en 1981, y el paso previo por Teatro Arteón, su primera escuela de teatro en tiempos de dictadura. «Lo que significó Discepolín para nosotros, que fue el momento del despertar teatral de toda la ciudad, porque no fue solamente teatral, fue musical y teatral, compartimos ese momento fundante con la trova rosarina», rememoró Palma.

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