Humor

Dilemas de primavera

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Rudy

Rebequita entró como una tromba y dijo:
–¡Tobías, estoy muy preocupada!

–¿Qué te pasa Rebequita de mis amores? Si dejaste de quererme, ten cuidado porque la gente de esto se enterará.

–Ay, Tobías, cortala que no estoy para boleros… Yo me angustio y él me canta. No me da bolilla… parece que te importas tú, y tú, y tú, y solamente tú… ¡Un poco de empatía para esta pobre mujer, por favor!

–¿Empatía? ¿Puede ser empanada, mejor? Acá en la esquina hay unas muy buenas de roquefort y chocolate grillé.

–Jajaja… me rio por no llorar.
–¡Llora, llora urutaú, en las ramas del yatay!

–Tobías, ¿podrías volver un poquito a la Tierra, que para andar por la estratosfera ya estoy yo?

–Bueno, Rebequita de mis últimas imágenes del naufragio. ¿Por qué estás angustiada?

–Eso, Tobías, ¿por qué estoy angustiada? 

–¿No lo sabés?

–Yo no, y vos.

–Rebequita, te podría decir por qué me angustio yo, pero no sé por qué te angustiás vos.

–¡Siempre el mismo egocéntrico, narcisulo, individualoide!

–No, Rebequita, no me digas esas cosas que me autopercibo triste, emito lágrimas y después me cobran el agua derramada.

–¿Ves que sos un egósceles? ¡Así que te preocupa que te cobren el agua desperdiciada en tu llanto, y no que esa agua podría dar de beber, o bañar, o servir para desechar sustancias descartables de parte de la humanidad!

–Rebequita, ¿de qué me estás hablando? Mirá si hay gente que se va a bañar con mis lágrimas.

–Sos un ignorante social, Tobías, un neolibertario venido a menos, un insensible meticuloso.

–No, Rebequita, no soy nada de eso, el problema es que vos estás angustiada, y como no sabés por qué, me echas la culpa a mí.

–¡Y claro, Tobías, ¿a quién querés que le eche la culpa, si no? ¿Al Gobierno que no sabe qué hacer?, ¿a la oposición que tampoco? ¿A los que están esperando que alguien diga lo que hay que hacer para hacer lo contrario? ¿A los que repiten como un loro lo que dice su vecino que dice un amigo que dice el diario que dice el Gobierno que dice alguien? ¿Al mal clima? ¿A que me cayó mal la milanesa que me comí hace siete años, o el sapo que me tragué hace una semana? ¿A Ucrania, a Oriente Medio, a Ruanda, que ni sé dónde queda? No, Tobías, a vos te tengo cerquita, así que cuando no sé lo que me pasa, la culpa es tuya. ¡Así que… arreglá todo esto, o atenete a las consecuencias!

– ¿Qué consecuencias, Rebequita?

–Ay, Tobías, ¡si yo supiera!

Tobías pensó que esto solo se podía arreglar de dos maneras… y él no conocía ninguna de las dos.

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