4 de noviembre de 2026
Impulsadas por los estudiantes, las protestas sumaron a otros sectores que rechazan el ajuste de Emmanuel Macron. Mientras las manifestaciones se extienden por Europa, el Gobierno responde con represión y se profundiza la disputa por capitalizar el descontento popular.

Unidos y movilizados. Pancartas contra el Gobierno, en una jornada de lucha que reunió a estudiantes, trabajadores y los «chalecos amarillos», en Annecy.
Foto: Getty Images
La juventud francesa ha estallado. No está dispuesta a aceptar un futuro opaco cuando su vida recién comienza. En una Francia que no los tiene en cuenta, las chicas y chicos de la escuela secundaria salieron a las calles, a mediados de septiembre, a pedir una educación digna.
A nadie se le escapa que no es una mera rebelión adolescente. Es algo mucho más profundo y grave: es el síntoma claro de una crisis de amplio espectro que se derrama y se amplía no solo en Francia sino también en toda Europa.
«Los jóvenes se cansaron de las aulas hacinadas, de meses y meses sin tener profesores de francés, de historia, de matemáticas, de los edificios destruidos. Se sienten humillados», explicó a Acción el psicosociólogo y analista político Christian Rodríguez, director general del Centro de Cooperación e Intercambio Internacional (COHESIA) de Francia.
«La degradación de la educación pública es enorme. La diferencia entre las escuelas secundarias populares y las de las clases acomodadas es abismal. Cuando tienen que dar el examen final para egresar, por ejemplo, los alumnos de las zonas empobrecidas, que vienen de generaciones que han sido abandonadas por los Gobiernos, están mucho menos preparados que el resto. Pareciera que los invitan a salirse del sistema, a tener un diploma técnico y pasar pronto a ser mano de obra barata para cualquier empresa. Y esta angustia de no tener futuro que estaba en latencia explotó como un volcán y se transformó en revuelta», aseguró Rodríguez.
Otra muestra atroz de que ya no hay igualdad –agregó el especialista– es el llamado «Parcoursup», implementado por el Gobierno de Emmanuel Macron. Esta plataforma de inscripción obligatoria para el ingreso a la universidad decide, según los datos de cada alumno, qué va a estudiar y dónde.
«Mi generación podía elegir si quería estudiar medicina, psicología, ingeniería o lo que fuera. Esta generación, no. Según los datos que el alumno pone en la plataforma, el algoritmo le dice qué y dónde va a estudiar según –supuestamente– el cupo que queda. Es un bingo, pero los que vienen de un buen liceo tienen sus elecciones aseguradas. Por eso protestan los jóvenes, por el presente y por el futuro, por la posibilidad de estudiar según lo que ellos quieren ser cuando sean adultos».

En cadena. Tras la ola de movilizaciones, Macron ofreció un discurso el pasado 19 de octubre.
Malestar extendido
En pocos días, quedó claro que el conflicto en Francia no era solo por el deterioro de la educación. Además de padres y docentes se unieron a las protestas los trabajadores del movimiento «Chalecos amarillos», los sindicatos e incluso el sector agrícola, gravemente afectado por causas globales (aumento de los precios de los combustibles y los fertilizantes) y también por causas locales como el recorte de subsidios y ayudas estatales.
El aumento del costo de vida y la inflación, los bajos salarios y la precariedad laboral, el dinero de los impuestos que se va a la militarización mientras los servicios públicos como el de la salud se deterioran son los principales reclamos de los manifestantes. En una palabra: crece el rechazo al neoliberalismo y se añora aquel sistema virtuoso llamado Estado de bienestar.
Para Christian Rodríguez, «el presidente Emmanuel Macron aplicó las políticas neoliberales más salvajes. Privatizó todo. Propició la venta total de lo que fue la educación pública y financia la escuela privada. La misión de esta década macronista fue terminar con las jubilaciones, con la educación y con la salud. Un poco lo que ustedes también viven en América Latina».
«En ese esquema neoliberal, la escuela pública es “un costo”. Esta crisis se ve en toda la Unión Europea. Hace tiempo que dejamos de ser un proyecto de convivencia pacífica. Todo se ha convertido en un saqueo. ¿Cómo se puede explicar que Francia, la sexta potencia mundial, tiene 10 millones de pobres? ¿Qué los ricos han acumulado más riqueza que nunca mientras se excluyen a millones de personas de la salud? Contra eso se moviliza el pueblo».
En lugar de prestar atención al problema, el Gobierno de Macron decidió reprimir. Aunque la mayor parte de las marchas son pacíficas (a pesar de lo que muestra los medios), el ministro del Interior, Laurent Núñez, desplegó el sábado 70.000 agentes en todo el país. El Ejecutivo declaró el toque de queda parcial y prohibió que los ciudadanos protestaran en Lyon, Niza, Montpellier, Burdeos, Rouen, Le Havre, Toulon, Grenoble y Lille entre otras ciudades. Hubo miles de detenidos y heridos muy graves.
En cuanto a los hechos de violencia, Rodríguez aseguró que «el movimiento estudiantil no tiene absolutamente nada que ver» al tiempo que alertó sobre la brutalidad policial.
«Yo fui dirigente estudiantil muchos años y estuve en las protestas del 86 contra las tarifas y las limitaciones al ingreso. Te puedo asegurar que nunca vi este grado de violencia policial contra los jóvenes, que pierden una mano o un ojo. Nunca vi que la policía entrara a un liceo, con armamento prohibido, para golpear a los alumnos. Esto es inédito».
«La única explicación que tiene esta declaración de guerra contra chicas y chicos que se movilizan –opina Rodríguez– es que el gran capital ha salido a defender su desmesurada acumulación de riqueza, pero tengo la certeza de que esta experiencia traumática para los jóvenes que hoy tiene entre 13 y 17 años le va a costar caro políticamente a Macron. A 6 meses de la elección presidencial, es muy esperanzador que los jóvenes nos muestren que hay una alternativa mejor que la extrema derecha que está cogobernando con el macronismo en la Legislatura».
Especulaciones a futuro
La prensa hegemónica en Francia busca instalar la idea de que la extrema derecha de Marine Le Pen es la que está capitalizando las protestas. Sin embargo, Christian Rodríguez considera que esto es falso.
«Los sectores convencidos de que la única solución es la represión violenta para que reine lo que ellos llaman el “orden republicano” son minoritarios. Le Pen no capitaliza nada. Lo que sí es verdad es que desde el Gobierno y la prensa buscan instalar la idea de que las movilizaciones son un “complot” de La Francia Insumisa y de la extrema izquierda».
«La realidad es que estos manifestantes jóvenes tienen una conciencia política impresionante. Son muy hábiles y se dan cuenta de lo que es la política neoliberal. Se dan cuenta de que el país se ha vendido al atlantismo norteamericano y que Macron ha pasado a ser un títere. Perdimos todo tipo de soberanía en los temas clave y fundamentales. Y los chicos quieren cambiar eso».
