Informe especial

Violencia con permiso

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Luciana Rosende

El ataque contra mujeres trans en Palermo se suma a agresiones en Tucumán y Córdoba, en un clima de odio que encuentra aval en el discurso oficial. A fines de 2025 se habían registrado ya 227 crímenes de género.

Bosques de Palermo. Las agresiones ocurrieron entre la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre.

En la noche del primer domingo de noviembre, un grupo de jóvenes ciclistas atacó a mujeres trans en los Bosques de Palermo. Fueron entre 50 y 200, según las descripciones, y provocaron la más visible de las expresiones transfóbicas recientes; pero no fue un hecho aislado, en un escenario donde las estadísticas muestran que el odio a la diversidad va en aumento. 

Como ocurrió en otros casos actuales, fueron los agresores quienes se filmaron violentando a las trabajadoras sexuales travestis. Las golpearon con palos, piedras y conos de tránsito. Y lo difundieron por redes sociales, mofándose. Recién cuando el contenido y los repudios se viralizaron hubo intervención de la Justicia y las autoridades porteñas. A lo que habría que agregar, por supuesto, el impacto que puedan tener los discursos de odio proferidos desde las más altas esferas. 

Pocos días antes habían sido noticia la golpiza a una pareja gay en Tucumán y la agresión con un machete a un hombre en Córdoba, tras hostigarlo con insultos homofóbicos. En el caso de Palermo, después del ataque grupal, uno de los presuntos autores publicó en su cuenta de Instagram: «Me dicen el matatravas».

El Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+ relevó durante 2025 en Argentina 227 crímenes de odio, en los que «la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de todas las víctimas fueron utilizadas como pretexto discriminatorio para la vulneración de sus derechos y la violencia contra ellas», según define esa entidad. El 64,76% de los casos (147) corresponde a lesiones al derecho a la integridad física. El otro 35,24% (80 casos) a asesinatos, muertes por violencia estructural y suicidios.

Momentos oscuros 
«Creo que hay una vuelta a los momentos más oscuros de nuestra historia, en la cual a una travesti le podía pasar cualquier cosa en la calle porque no había mecanismos protectorios. Hoy los tenemos, pero parecen inhabilitados de hecho», dice Fidela Azarian, investigadora del Conicet, docente universitaria en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y doctora en Ciencia Política, quien acaba de publicar el libro Luchas travestis/trans en Argentina. Emergencia, constitución y devenir identitario de un sujeto político.

Cuando alude a esos momentos más oscuros, piensa en la última dictadura cívico-militar y en el después. «Nuestro colectivo siguió viviendo en condiciones de la dictadura también en democracia. En los 80 la persecución era terrible. Recién en 2012 conocimos la democracia», apunta en referencia a la sanción de la Ley 26.743 de Identidad de Género, en mayo de ese año. 

«Ahora la violencia social se vuelve a desatar, movida por la propia figura presidencial y desde las máximas esferas. Eso habilita que cualquiera pueda decir y hacer cualquier cosa. Es una embestida y tratan de generar sentido común y ganar terreno», plantea sobre la faceta más cruel de lo que el mileísmo llama «batalla cultural». Pero esa ofensiva, considera Azarian, no les será fácil: «Creo que en el pueblo hay empatía, solidaridad, sensibilidad hacia el colectivo. Fueron muchos los avances y cambios culturales y le va a costar mucho al Gobierno dar esta batalla». 

Ganar las calles. «Cuando el odio avanza, el orgullo en las calles es resistencia», la consigna de la Marcha del Orgullo.

Foto: Getty Images

Un retroceso 
A Noly Trujillo los ataques transfóbicos en los bosques de Palermo también le remiten a la última dictadura. Como sobreviviente, fue una de las personas trans que logró acceder a una reparación económica por haber sido víctima de la violencia estatal por su identidad de género.  

«En su momento acá en Santa Fe hubo un grupito que salía en auto y le daba palizas a gente gay. Fue en los 90», recuerda sobre otros episodios de ataque colectivo posteriores a la dictadura. Lo particular de estos tiempos, sostiene, es que el odio está validado. 

«Las personas trans de mi generación sentimos que desde que está este Gobierno hubo un retroceso grande. Hay mucha gente que está en contra de todo lo que le parece diferente, no es algo nuevo. Pero –contrasta– al tener a alguien que lo dice a nivel nacional se animan a opinar y hacer cosas como estas de los bosques». Cabe recordar que el año pasado, en su discurso ante empresarios y líderes en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente Javier Milei afirmó que «en sus versiones más extremas, la ideología de género constituye lisa y llanamente abuso infantil».

«Hay un porcentaje social que piensa de esa manera. Antes se quedaban más callados. Ahora es como que les dieron vía libre para actuar. A quienes hemos pasado por palizas nos parece que es un retroceso terrible», lamenta Trujillo. 

No es la primera vez 
Gabriela López, mujer trans jujeña que trabaja en los bosques de Palermo, dijo al canal TN: «No es la primera vez que nos atacan estos chicos. Es la tercera vez que aparecen. No sé quién los organiza. Van exclusivamente a agredir. Pasan en auto, moto o bici, burlándose e insultando, de caza como si fueran a un zoológico o a un safari». Al menos seis de sus compañeras resultaron heridas. Una de ellas, con riesgo de perder una oreja por un corte. 

Poco después de difundirse el ataque emergió una oleada de repudios, incluyendo mensajes de figuras como Lali, Tini, Emilia Mernes y María Becerra. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, le dedicó un tuit recién en la noche del martes, cuando el tema ya había escalado demasiado como para seguir evadiéndolo. «No vamos a permitir que estos delitos queden impunes (…) Les vamos a caer con todo el peso de la ley», dijo haciendo uso de su eslogan favorito. No habló de transfobia, ni de odio. 

Aunque hubo filmaciones difundidas por los propios agresores y cuentas de Instagram identificadas, pasados varios días de la agresión no había información concreta sobre los responsables. Solo se sabe que eran jóvenes y adolescentes dedicados a la práctica del stunt bike o piruetas urbanas en bicicleta. Por los testimonios de las víctimas se estima que hubo planificación y hay acusaciones a la Policía de la Ciudad por generar una «zona liberada». Las mujeres dijeron que tardaron entre 20 y 30 minutos en llegar, después de tres llamados.

Desde referentes del Gobierno nacional hubo poco más que chicanas. «¿Nadie se ha detenido a pensar que esos jóvenes en bicicleta son el resultado más puro de la educación kirchnerista en la provincia de Buenos Aires?», escribió en su cuenta de X el Subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez. 

«Hay que inscribir estas violencias en relación a aquello que empezó a ser permitido en el discurso», dice la antropóloga Laura Martínez, autora de ¿Se pasaron tres pueblos? Narrativas de exceso ante el ascenso de la derecha. Para la investigadora, lo que pasó «se inscribe en una lógica mayor que tiene mucho que ver con el contexto del norte y con una construcción bastante transversal de rechazos, críticas, cuestionamiento a distintos activismos políticos feministas, de diversidad sexual y antirracistas, en un marco de reacciones que se nombran en relación a la defensa de Occidente, la defensa de la familia». 

Los números del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+ muestran que estas violencias aumentaron marcadamente. En 2021 desde ese espacio registraron 120 crímenes de odio; en 2022 fueron 129; en 2023 llegaron a 133 y en 2024 a 140. «El año 2025 cerró con 227 crímenes de odio, lo que representa un incremento abrupto, excepcional y cualitativamente distinto a la progresión observada en los años anteriores». 

Todo pasó días antes de la 35° Marcha del Orgullo en Argentina, que sale a la calle con la bandera «Cuando el odio avanza, el orgullo en las calles es resistencia». 

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