Cultura | MORIA CASÁN

Pedagoga del deseo y el goce

Tiempo de lectura: ...
Julián Gorodischer

Con toques justos de irreverencia y gestualidad, la actriz y conductora brilla al frente de un magazine matinal. La vigencia de un símbolo sexual de los argentinos, de la muletilla al meme.

Versátil. En La mañana con Moria se luce tanto al surfear la frivolidad como al mostrar empatía frente a la realidad.

Foto: Captura

Moria Casán es la exploradora sensual de nuestro inconsciente colectivo. Sobre todos los temas, una posición tomada, un criterio propio, una insoslayable dosis de sentido común pasado por la vulgata psi del mejoramiento personal, con mucho cultivo de la autoestima de parte de una pionera entre las empoderadas de hoy. Es un ser-sol: a los 80, que la hicieron llorar en el ciclo de streaming Bondi, con Ángel de Brito como entrevistador, crece su influencia ante «las generaciones bobas» de la pantalla y el algoritmo.

Ella es consciente de que ejerce una pedagogía desde los 70, sobre deseo y pulsiones para las masas: desde su condición de vedette pionera con un topless en la avenida Corrientes a sus iniciativas disruptivas –de la disco gay Gaysoline a la nudista Playa Franka–, sin eludir sus clásicos programas Monumental Moria y A la cama con Moria, donde por primera vez la sexualidad se le entrometió a la audiencia en el núcleo de sus sistema represivo, en una sociedad tan por debajo del Ecuador, donde «llamar a las cosas por su nombre» y la provocación a través del cuerpo y la palabra eran propiedad de unos pocos y elegidos díscolos, llámense la Coca Sarli, Moria y Fernando Peña.

Profusamente gestual, conoce como ninguna el poder del semblante. El director del Cantando le decía que siempre volvía a su gesto con la cámara, y ella abusaba de los mohínes, pucheros, risitas mudas, sin saturar jamás. Sus muletillas –hoy memes–, del «Si querés llorar, llorá» al «Me impresiona mi fama», demuestran su comprensión del gusto argentino: hacia ahí va ella, popular y culta, en esa conjunción excepcional que se habrá materializado cinco veces en la historia local –de Niní Marshall a Leonardo Favio, de Antonio Gasalla a Jorge Luz, pasando por Moria–, donde la aparición televisiva y el show no matan al sujeto de creatividad y pensamiento que hay en cada uno de ellos.

Griselda Siciliani es una de las tres actrices, junto cona Sofía Gala Castiglione y Cecilia Roth, que la interpretan en sus diferentes edades en la serie bioficcional que se estrena en agosto próximo. Así describe la protagonista de Envidiosa a la singular criatura que le toca interpretar: «Moria es diversas capas. El desafío de cada actriz fue entender que no se agota en ninguna de ellas, que es inasible y compleja».

Moria es sus tetas exhibidas en los shows del destape democrático de los 80; es el cuerpazo voluptuoso hecho brillo por un vestuario que acentúa la inconveniencia frente al buen gusto. Y con eso llevó adelante una actitud programática: con su playa nudista, con su discoteca gay, con sus memorias de su era libertina previa al golpe, con su perfil de vedette distinta, aún junto a Sofovich o Porcel, frente a los cuales era irreductible. Por contrato tenía prohibido recibir el remate machista del capocómico. Y hoy, en el exhibicionismo de una sexualidad en la vejez, usa su último leit motiv: «Todo bien con Galmarini, pero yo me satisfago con aparatos».

Hace poco lloró ante una cámara, en la entrevista de Bondi, cuando se reconoció al filo de los 80, cercana a la finitud, de cara a la intensidad de su vida extraordinaria. Siguió llorando, en días sucesivos, en La mañana con Moria, y se vio a otra mujer, un poco más blanda, sin hacer mella a su «lengua karateca» que la obliga a un comentario filoso, a la ironía templada, que diferencian a su ciclo del típico magazine matinal. Lo conduce con dosis parejas de involucramiento y toma de distancia: atraviesa con convicción los temas del corazón y el chimento, pero como si se estuviera «cagando de risa» ante la materia mediática, unos pasos más allá de la coyuntura que se repite a sí misma como el remate de un antiguo programa cómico. 


Nombre propio
En Moria no cabe la vergüenza social, cual planeta exorbitado creó su propia ética y hasta una fábula de sí misma y salió indemne: desde haber estado presa en Paraguay a la difusión de sus audios privados (aquel «mucho chongo, como nunca», de una temporada en Carlos Paz). Todo pasa por la procesadora del relativismo que se basa en la perspectiva con la que sabe verse y comprenderse. A esta altura, es una fuerza destructora de clichés, pero es también funcional al show masivo, y así lo prueban los «memes léxicos» que acuñó en el Bailando: del «Silvina Escupidero» que le dedicó a la vedette Silvina Escudero, al «Se calla el decorado». Todo eso la vuelve vigente y actual para la generación Z y sus apetencias de punch y concisión. 

En su programa actual, en un formato industrial con poco margen para maniobrar, igualmente se luce: es empática para acompañar la actualidad, atenta a la repregunta, conectada y con buen timing. Ay, ese sutil encanto de los básicos bien navegados, el saber escuchar, estar informada y surfear la actualidad frívola con convicción.

Conocedora de los resortes de todos los géneros televisivos, cultivó con pasión el talk show, el big show y ahora este magazine que, puesto a discurrir sobre el «oye guapa» de Luciano Castro y el amor oculto de Mauricio Macri, cobra siempre algo de elegancia, un dejo de sofisticación, por la presencia misma de Moria.

Es porque se impregna el goce con el que ella fluctúa entre semblanteos sin necesidad de pisar al panelista, a sabiendas de que la TV es más gesto que dicho. Cuando un nombre propio adquiere representatividad nacional –llámense Diego, el Negro, Mirtha, Moria–, no queda sino reverenciarlo, decirle «la uan» y acoplarse al consenso que la encumbra irrevocablemente a poco de cumplir los 80. Una afirmación y una constancia que son, ante todo, un grito de cercanía: «Te amo, Mo», se escuchó al pasar por la puerta del teatro en el que se representa la pieza Cuestión de género, que lidera la taquilla de la avenida Corrientes con Moria y Jorge Marrale en el cartel. Hasta en la cacofonía hay belleza. Una vez más, hoy Moria se adapta y honra el magazine, un formato que la precede. Y se luce. Hay una Moria para cada momento de nuestras vidas. 

Estás leyendo:

Cultura MORIA CASÁN

Pedagoga del deseo y el goce

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.