13 de febrero de 2026
El índice se mide con un conjunto de productos y servicios de hace más de dos décadas. Cómo incide la actualización de la metodología y de los ponderadores en el bolsillo de los trabajadores.

Alimentos. Con la canasta actualizada, este rubro pasa de representar el 31,5% del total al 21,1%.
Foto: NA
El INDEC informó esta semana que la inflación de enero fue del 2,9%, de acuerdo con la vieja metodología de medición oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC), con la canasta 2003/4. El aumento interanual llegó a 32,4%. Si bien el Gobierno celebró el dato, el porcentaje de enero continúa con la tendencia alcista registrada desde hace ocho meses, desde junio de 2025. El primer mes de 2026 arrojó el dato más alto desde marzo de 2025, cuando cerró en 3,7%. La división con mayor alza mensual fue Alimentos y bebidas no alcohólicas (4,7%), seguido de Restaurantes y hoteles (4,1%). Por el contrario, las menores subas en el mes correspondieron a Educación (0,6%), y Prendas de vestir y calzado (-0,5%). Mientras que los precios Estacionales presentaron el mayor aumento, con un 5,7%, seguidos por el IPC núcleo (2,6%) y los precios Regulados (2,4%).
Más allá de las cifras que el Instituto de Estadística informa, hay detrás una controversia que viene desde los inicios del Gobierno libertario, pero que salió a la superficie a principios de febrero con la renuncia del titular del INDEC, Marco Lavagna. La puesta en marcha de un nuevo IPC iría en contra del «relato» del Gobierno sobre el descenso de la inflación −su caballito de batalla−, pero también sobre la recuperación de los ingresos de los trabajadores, y a futuro, con el nuevo índice, en la incidencia mensual de los gastos en servicios públicos en los bolsillos de la población.
Un IPC postergado
Imaginemos una cotidianeidad sin wifi ni smartphones ni Smart TV. Sin WhatsApp. Sin notebooks ni plataformas de streamings. Subamos la apuesta: supongamos que estamos tomando un café en un bar. En la mesa de al lado, dos personas fuman mientras conversan. Más allá, otro, lee, el diario en papel. Y la escena se completa con el sonido de la campanilla del teléfono fijo resonando tras el mostrador. Una ficción histórica para los centennials y los Alfa, sin dudas. Sin embargo, en la canasta que utiliza el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) para medir la inflación, los productos y servicios de la escena del bar tienen una presencia e incidencia robusta en detrimento de la representación que la tecnología tiene hoy en la vida cotidiana.
En 2024, la inflación acumulada fue, de acuerdo con el INDEC, 117,8%, una baja de cerca de 100 puntos porcentuales respecto a 2023 (211,4%). El descenso es indiscutible. Su forma y costos ameritan un debate profundo.
Cómo llega a este índice el INDEC. A través del índice de Precios al Consumidor (IPC) que mide la evolución del precio de una canasta de bienes y servicios consumidos por los argentinos en comparación con los precios vigentes en el año base, con información recolectada a través de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo), que releva los patrones de consumo de la sociedad en un momento determinado. Y ahí está el punto. El año base es 2004/2005. Otro mundo, literalmente.
El INDEC tiene pendiente una actualización basada en una encuesta más reciente, de 2017/2018, que, a pesar de estar aprobada e incluso probada, por una decisión política no se pone en marcha.
En la ENGHo de 2004, por ejemplo, los servicios y gastos del hogar tienen una ponderación mucho menor que los alimentos. En la comparación canasta 2004/canasta 2017, el rubro de alimentos pasa de representar el 31,5% del total al 21,1%. Mientras que el peso de los servicios públicos aumenta de 10,5% al 14,5% y el de transporte y comunicaciones, de 16,6% al 19,6%. Esta desactualización, junto con la dispar ponderación de los productos y servicios que integran la canasta de la ENGHo, no lleva a una invalidación metodológica del índice de inflación. Aunque sí podría generar distorsiones. De acuerdo con varios especialistas, la actualización hubiera reflejado, por ejemplo, una inflación anual 16 puntos superior en 2024, de 117,8% a 133,6%.

Canasta de servicios públicos. A diciembre de 2025 equivale a más de la mitad de un salario mínimo y representa el 11,1% de una remuneración promedio del sector privado registrado.
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Ingresos y gastos fijos
La evolución de los salarios durante el primer año de la gestión libertaria (noviembre 2023-diciembre 2024), de acuerdo con información del INDEC, mostró una leve recuperación en el último trimestre del año. Sorprende debido a que varias paritarias del sector privado, y especialmente la del sector público, se cerraron por debajo o a la par a la inflación de los últimos meses, tras la pérdida sufrida luego de la devaluación de diciembre de 2023.
Lo cierto es que los trabajadores no sienten en su bolsillo esta recuperación. Y para explicarlo es atinado utilizar el «índice de salario disponible (ISD)», que es el remanente que le queda a una persona una vez que realizó todos los pagos de los gastos del hogar.
Elaborado por la consultora del exministro de Economía de Mauricio Macri, Hernán Lacunza, el ISD relaciona una canasta de ingresos (laborales formales, laborales informales e ingresos no laborales) con los gastos fijos relacionados a la vivienda, como agua, luz, gas, expensas y transporte público, considerando 3 niveles de ingresos (alto, medio y bajo). Si bien la consultora midió una caída en todos los niveles durante 2024, la más fuerte fue en el de menores ingresos, que llegó al 25%. Por su parte, y de acuerdo con el reporte de tarifas y subsidios del Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), entre diciembre 2023-febrero 2024 la canasta de servicios públicos del AMBA se incrementó 401%, mientras que el nivel general de precios lo hizo en 127%. Otro ejemplo son las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, que tiene actualizada su canasta con base 2017, donde la incidencia de los gastos del hogar y servicios se duplica, mientras que en el rubro Comunicaciones el ponderador nacional es del 2,82% y el de la Ciudad 7,32%.
Según el economista Juan Manuel Telechea. «hay una recomendación de ir actualizando cada 10 años la canasta, porque los patrones de consumo cambian. En la canasta actual, en cuanto a alimentos y bebidas, el cambio no es tan importante, pero en tecnología, sí lo es. Y en el caso particular de Argentina, todo el tema del atraso de tarifas de servicios públicos, con los subsidios, muestra un factor particular que hace que tengas muchas modificaciones según el año en que estés midiendo y los ponderadores del momento. Por ejemplo, no actualizar la canasta del INDEC al Gobierno anterior le jugó en contra».
−¿Por qué?
–Porque si los rubros que vos atrasás (como el de servicios públicos) tienen ponderadores más bajos, te juega en contra. Y, al contrario, al Gobierno actual le juega a favor. Si tenés un rubro que tiene un ponderador bajo, y a ese rubro lo utilizás como política económica, cuando lo atrasas, el impacto que tiene, como está subponderado, es menor del que debería tener en realidad».
−¿Cómo incide en los ingresos tener una canasta de bienes y servicios desactualizada?
–La no actualización de los ponderadores no tiene incidencia directa sobre los ingresos, porque es una discusión estadística. Le sirve al Gobierno para decir que los sueldos no cayeron tanto, que la inflación fue más baja de lo que realmente fue. Pero al tipo que va a comprar al supermercado y se da cuenta de que el dinero que gana no le alcanza, eso le sigue pasando. Ahora, por el lado de cómo actualizan los salarios en función de la inflación, ese sí es un impacto.
Si por una decisión política no se pone en funcionamiento una nueva canasta que contemple patrones de consumo actualizados, que pondere de manera correcta la incidencia de bienes y servicios en un nuevo patrón de consumo, por más celebraciones soeces en redes sociales del primer mandatario, la inflación seguirá «divorciada» del bolsillo de la población.
