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Todo perreo es político

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Gabriel Plaza

Con su ruidosa entrada en escena en pleno Super Bowl, Bad Bunny plantó bandera contra las políticas antimigratorias de Donald Trump. La respuesta de músicos, actores y escritores a la nueva derecha.

Impacto global. El portorriqueño envió un mensaje anticolonialista que fue visto por 128 millones de espectadores.

Foto: Getty Images

En la recta final de su presentación de 14 minutos en el medio tiempo del Super Bowl, Bad Bunny dijo: «God bless América», que Dios bendiga a América. Acto seguido, la mención de esa frase que utilizan los presidentes de Estados Unidos cobró otro significado, cuando empezó a nombrar a todos los países del continente, mientras un grupo de personas lo seguían con banderas e instrumentos de percusión, en un desfile que terminó con el cantante al grito de «Seguimos aquí» y clavando la pelota contra el campo de juego, marcando su propio touchdown mundial.

El portorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio se pronunció musicalmente frente a las políticas antimigratorias de Donald Trump, repasó el imaginario cultural de su tierra: la labor en las plantaciones de caña de azúcar, los carritos de venta de comida, bebidas y joyas en la calle, los parroquianos jugando al dominó, los boxeadores, la representación de un típico casamiento boricua, la celebración de los cuerpos en el perreo con reggaetón y hasta la recreación de su casa y la esquina del barrio donde viven los migrantes en Nueva York. Y también envió un mensaje anticolonialista, que fue visto por 128,2 millones de espectadores, incluido el propio presidente estadounidense que siguió la transmisión.

Sin correrse del manistream ni del negocio que implicó su presencia –las cifras de escuchas de sus canciones en Apple Music y Spotify se dispararon a partir de entonces–, el concierto de medio tiempo se leyó como una performance política sobre la base de las canciones de su disco Debí tirar más fotos: en «Lo que le pasó a Hawai», el propio Ricky Martín apareció cantando ese himno que denuncia la gentrificación de la isla por la venta de tierras a extranjeros.

«Ahora todos quieren ser latinos/ pero les falta sazón, batería y reggaetón», cantó Bad Bunny como signo de identidad, parado en medio de ese símbolo estadounidense de la final de la NFL (la liga del fútbol americano), en el Levi’s Stadium de Santa Clara, en California, el estado gobernado por Gavin Newsom, un demócrata contrario a Trump. Mientras, en paralelo, el ala conservadora de MAGA (Make America Great Again) organizó su propio acto musical de medio tiempo con Kid Rock a la cabeza por YouTube. Al finalizar el show de Benito, Trump escribió en X: «El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia!».


Realidad de terror
El cantautor John Mellecamp dijo que no había entendido las canciones en español, pero que le había gustado mucho el espectáculo del Conejo Malo, en alusión al músico que acaba de presentarse durante tres noches consecutivas en el estadio de River Plate. Otro que no demoró su respuesta sarcástica al presidente fue el escritor Stephen King: «A Trump no le gustó Bad Bunny. Probablemente el conejo se quitará la vida, como Epstein. Por cierto, publiquen todos los archivos».

El autor de IT sigue con preocupación el avance de la ultraderecha en su país y en el resto del mundo. Escritores como Martin Amis, Jonathan Franzen, Zadie Smith y Anne Tyler también se vienen manifestando públicamente por la persecución migratoria de Trump, y la censura que se quiere imponer en los Estados Unidos: unos cuatro mil títulos fueron eliminados de bibliotecas públicas y escolares en Florida, Iowa, Michigan y Alaska.

Stephen King dijo que el terror no está en sus libros sino en la realidad de estos nuevos tiempos con Trump en la Casa Blanca, la victoria de Friedrich Merz en Alemania, el nuevo liderazgo de la ultraderechista Sanae Takaichi en Japón, o el triunfo de Karol Nawrocki en las últimas elecciones de Polonia, con discursos radicales contra la migración, las políticas progresistas como el aborto, la educación sexual en las escuelas y la defensa de los derechos del colectivo LGBTQ+.

Frente al panorama imperante, los artistas se organizan. En Inglaterra, el colectivo Love Music Hate Racism (LMHR) realizó durante 2025 más de 100 eventos musicales en ciudades como Liverpool, Manchester, Bristol y Glasgow, para concientizar sobre la ola racista en el país. Bandas inglesas como Sentience Machine escribieron temas como «Human Stigma» a raíz del Brexit y el creciente populismo de derecha, y Placebo se manifestó en sus conciertos contra el avance de la ultraderecha: durante un show en Turín, el líder del grupo, Brian Molko, acusó de fascista a la primera ministra italiana, Georgia Meloni, que por ese motivo quiere llevar a juicio al cantante.

En la Argentina la situación se replicó con el presidente Javier Milei, que mantiene un enfrentamiento constante con la comunidad artística, desde el recorte de presupuesto al sector audiovisual y teatral, a los ataques directos a figuras como Lali Espósito, por su posicionamiento a favor de los derechos de las diversidades. Artistas como Dillom también fueron amenazados con terminar en los tribunales, a partir de sus opiniones arriba del escenario. Y jóvenes como Milo J sufrieron la censura, al prohibirle realizar un show en la ex-ESMA. Eso no detuvo a los artistas populares como Abel Pintos, que se manifestaron en contra del discurso de odio del Gobierno actual.

En Brasil, Gilberto Gil, Caetano Veloso y Chico Buarque cantaron juntos el año pasado para frenar una ley impulsada por un senador de ultraderecha que buscaba bajar la pena de prisión que recibió el expresidente Jair Bolsonaro por su intento de golpe en 2018.

En Estados Unidos, un colectivo de artistas liderados por la actriz Jane Fonda, al que también pertenecen Mark Ruffalo, Barbra Streisand, Ben Stiller y Spike Lee, entre otros, firmaron una carta pública en defensa de la libertad de expresión, que sirvió de relanzamiento del Comité por la Primera Enmienda, que en la década del 40 se opuso al Comité de Actividades Antiamericanas del Gobierno federal que perseguía a los artistas por su ideología. «Esas fuerzas han regresado. Y nos toca a nosotros unirnos en defensa de nuestros derechos constitucionales», dice la carta.

Así como en los últimos premios Grammy artistas como Billie Eillish lucieron el pin «Ice out» y se manifestaron contra la persecución migratoria, la entrega de los Oscar el próximo 15 de marzo será una nueva plataforma de protesta para los actores: en 2025, Robert De Niro y Glenn Close llamaron a marchar contra las políticas de Trump bajo la consigna «No Kings». Los artistas están movilizados y se manifiestan a favor de la libertad de expresión pero, sobre todo, seguirán hablando a través del arte. Lo hizo Woody Guthrie, ídolo de Bob Dylan, cuando en los 40 escribió «This machine kills fascists». Lo mismo se podría decir de Bad Bunny, que en pleno Super Bowl invitó a perrear y a mover el culo sin censura, en la cara del mismísimo Donald Trump.

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