20 de febrero de 2026
El Gobierno consiguió aprobar su proyecto, que vuelve al Senado, gracias a bloques provinciales surgidos del peronismo, en un Congreso cruzado por tensiones, aprietes y facturas internas.

Resultado. Con cierta amplitud el oficialismo logró su objetivo en un nuevo mapa político tras las elecciones del año pasado.
Foto: HCDN
Alrededor de las 14:15 de este jueves 19 de febrero, La Libertad Avanza (LLA) logró el quorum en la Cámara de Diputados ‒con 130 legisladores sentados en sus bancas‒ para iniciar el debate de la reforma laboral que impulsa Javier Milei. Habían pasado ocho días desde que el Senado dio media sanción a un proyecto que se ha vuelto, ante todo, el símbolo del nuevo poder que detenta el presidente desde que ganó las elecciones de medio término el año pasado.
Esa foto de las 14:15, mientras algunos diputados y diputadas ingresaban al recinto para sentarse en sus bancas, dejó plasmada la ecuación de poder de la Casa Rosada y adelantó el resultado que se consumaría unas horas después. A las 0:30 del viernes, el proyecto modificado se aprobó con 135 votos a favor y 115 en contra.
Los datos clave de la sesión no fueron las posiciones de los legisladores de LLA y los de Unión por la Patria (UxP). El dato político fueron los legisladores provinciales: el diputado ‒solo uno‒ de Por Santa Cruz, que responde al gobernador Claudio Vidal; los siete de Innovación Federal, que responden al mandatario salteño Gustavo Sáenz y al misionero Hugo Passalacqua; y los tres de Independencia, del tucumano Osvaldo Jaldo. Ellos fueron los que aportaron el número final.
El armado político de Milei se compone por la totalidad del antiperonismo (lo poco que quedó del PRO y la UCR está alineado con la Rosada) y el respaldo de un sector que ganó las elecciones con el sello de UxP, incluso el año pasado, y ahora negocia con el oficialismo nacional.
Milei tiene asfixiadas a las provincias y hay algunas, en especial en el norte del país, que no podrían ni pagar los sueldos de los trabajadores del Estado sin aportes extra del Tesoro Nacional. No es una justificación para el «garrochismo» político descarado, pero es central ponerles contexto a los procesos.
La obsesión
Luego de la media sanción en el Senado el 8 de febrero, el proyecto había tenido varias modificaciones para lograr respaldo en Diputados. La principal fue la anulación completa del artículo 44, que modificaba el régimen de licencias por enfermedad. El artículo proponía que los trabajadores cobrasen el 50% de su salario en caso de que el problema de salud se hubiera producido por motivos ajenos al ámbito laboral, y el 75% en el resto de las ocasiones. Es decir: una persona con una enfermedad crónica y grave, como mucho, podía aspirar a cobrar el 75% de su salario. Fue tan escandalosa la idea que puso en riesgo el respaldo incluso del minúsculo bloque del PRO, que cuenta con seis diputados.
Hubo varios señalados por la audacia de introducir sobre el filo del debate en el Senado ese artículo. Dentro del oficialismo, algunos apuntaron al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, conocido por su obsesión por empujar al país hacia un modelo más desigual y concentrado. La otra apuntada fue la senadora Patricia Bullrich, que compite por el podio de los extremistas, aunque se ubique en el «ala política» del Gobierno.
Desde el inicio, la sesión en Diputados este jueves tuvo la marca de un debate caliente. Las zancadillas fueron parte central del menú. Hubo tensiones por la forma en que LLA había logrado que el proyecto se tratara por capítulos y no artículo por artículo. Varias horas después, hacia el final de los oradores individuales, Unión por la Patria intentó devolver el proyecto a comisiones mediante una moción de orden porque no había quorum. La jugada aprovechó que gran parte del oficialismo estaba fuera del recinto. Esto obligó al diputado Luis Petri ‒que presidía la sesión en ese momento‒ y a Martín Menem a llamar a los ausentes de urgencia.
Son ejemplos del clima en que transitó la sesión, mientras en la calle las fuerzas de seguridad repetían lo que ya se ha vuelto un ritual en la Argentina mileísta: no hay protesta que no sea reprimida. Y siempre circula la sospecha de que, además, hay infiltrados entre los manifestantes para justificar el accionar de la policía.
El debate tuvo dos andariveles. Uno era el de los defensores y los detractores de la ley que pretende retrotraer al país al siglo XIX. El otro ‒quizás hasta más picante‒ fue hacia dentro del peronismo.

Festejos. Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli en un palco de Diputados, felices por la aprobación.
Foto: NA
Facturas peronistas
Como se señaló más arriba, podría decirse que hubo un debate adentro del debate: el que protagonizaron distintos sectores del peronismo. La diputada de origen sindical Vanesa Siley (UxP) tuvo uno de los momentos más duros contra el sector del PJ que viene colaborando con Milei. Apuntó contra los gobernadores Jaldo (Tucumán), Sáenz (Salta), Jalil (Catamarca) y Passalacqua (Misiones). «¿Cómo le van a explicar a una tradición de lucha como la de Felipe Varela (NdR: caudillo catamarqueño que se oponía al centralismo de Buenos Aires) la traición que están haciendo al pueblo catamarqueño los que se sentaron a dar quorum? ¿Cómo le van a explicar al pueblo de Martín Miguel de Güemes, en Salta, la traición de los salteños? Lo mismo a los misioneros, al pueblo de Andresito, o al pueblo tucumano». «Y no estoy hablando de ninguno de La Libertad Avanza ‒agregó Siley‒ porque eso es honestidad intelectual. Ustedes (por LLA) quieren castigar al pueblo trabajador. Pero los peronistas tienen un mandato».
El diputado salteño Pablo Outes (Innovación Federal) se sintió lógicamente aludido. «No soy mileísta ‒dijo cuando habló‒. La legislación actual no llega a nuestras empresas y los dueños de las pymes trabajan a la par de sus empleados en pequeños talleres o como profesionales. La ley vigente no tuvo en cuenta a nuestras empresas. Las provincias del interior hemos quedado postergadas. Este modelo de reforma sirve para las pequeñas empresas del interior porque tenemos un 50% de trabajadores informales que no conocen la jubilación ni han tenido acceso a una obra social», remarcó, compitiendo con los diputados del propio oficialismo en su vehemencia para defender el proyecto.
La norma volverá al Senado a partir de hoy y el oficialismo apuesta a aprobarla el 27.
Milei pretende llegar al Congreso el 1º de marzo, pararse sobre el banquito detrás del atril y dar su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias con la ley en la mano. Es un instrumento para precarizar más a los trabajadores y fomentar el retroceso social de la Argentina. Pero, además, es una señal política para los especuladores financieros, que con esta norma tendrán el suculento negocio del Fondo de Adecuación Laboral (FAL, como el fusil), financiado con fondos que se quitan a la Anses, es decir, con la plata de los jubilados.
