21 de febrero de 2026
Exponente de una nueva camada que reivindica a clásicos como Pescado Rabioso y Pappo’s Blues, Camionero convoca a un público cada vez más numeroso con canciones que suenan como un baño de realidad.

Catarsis. Santiago Luis y Joan Manuel Pardo encienden la mecha junto a su público.
Foto: Diego Homez
La esquina de barrio, la calle, la sirena policial, el humo del cigarrillo, el hollín de la ciudad que está por todos lados, la rabia y la catarsis de un rock valvular. Camionero podría sonar a todo eso, pero su manifiesto va mucho más allá. «Entre tantas historias donde se habla del éxito, de lo banal y la opulencia, hace falta una letra que hable de los perdedores», dice Joan Manuel Pardo, cantante y guitarrista de la banda formada junto al baterista Santiago Luis. Esa podría ser la clave de una nueva oleada de grupos de rocanrol que empezaron a copar la escena. Un baño de realidad, un altavoz callejero, un audio zumbón que atrapa el zeigeist de su tiempo.
«El rock coincide con un clima de época y le sienta bien este discurso a los pibes, donde pueden conectar un poco más con la historia de vida nuestra que es, básicamente, muchos partidos perdidos y, de vez en cuando, empatás o ganas uno», dice el compositor de Camionero, banda que tiene una gira de verano ajetreada, que desembocó el 6 y7 de febrero en Córdoba y que tiene dos paradas importantes el 21 de febrero en el Festival Buena Vibra en Ciudad Universitaria, y el 21 de marzo en Cosquín Rock en Montevideo.
Las cifras de escuchas del rock aumentaron un 90% en Spotify. Grupos como Autos Robados, que empezaron tocando en 2025 para 100 personas, terminaron agotando entradas en Niceto Club. Y otros como Rey Bruja fueron fichados por el sello Sony. Todo eso marca un nuevo clima de época, señala la periodista Romina Zanellato en un artículo para Cenital. Para la gente de Camionero eso tiene que ver con la visibilización del under del rock en los medios.
«El rock no resurgió, siempre estuvo ahí. Todas las bandas que voy a ver hace ocho años tocan rocanrol. Lo que pasa es que a veces hay gente del mismo ambiente que dice que el rock está muerto: eso es paradójico. Lo cierto es que el rock está llevando público y teniendo una repercusión más grande. Nos toca a nosotros ser un poco la cara junto a otras bandas más de ese nuevo renacer del rocanrol», cuenta Pardo.
La tribu de mi calle
En el siglo XXI ya se habló de la vuelta del blues, el rock de los 70, el sonido garage y stoner, identificado con bandas como Los Espíritus, Las Sombras, Los Natas, Sangre de Barro y otros que persisten como Pez, o la irrupción de íconos como Marilina Bertoldi. Pero también es verdad que se generó un recambio generacional pospandemia, que alumbró la aparición de una escena salvaje, más cerca de la psicodelia, el fuzz rock y el punk, con bandas como Winona Riders, Fonso y las Paritarias, Ryan, Mujer Cebra, Dum Chica, Buenos Vampiros o Las Tussi, entre muchas otras.
En un medio musical donde el éxito y la viralización forman parte del algoritmo de la vida, Camionero encontró su propio lugar con el viejo método del boca a boca, de tocar todos los fines de semana, de formar comunidad, de crear una tribu propia, un colectivo con sus reglas de pertenencia. «Yo tengo 36 y Santi anda por los 47. Eso explica muchas cosas: somos pibes grandes, tenemos pretensiones más austeras. Tratamos de no comernos la curva. Nos tocaron mejores o peores épocas y vamos despacito. No me parece casual que dos bandas que tenemos tanta repercusión andemos por los 40, como los chicos de Autos Robados», dice Pardo.
Los conciertos de Camionero, que convocan cada vez más público, empujaron a la banda a pasar del C. C. Matienzo a lugares más grandes como el Teatro Vorterix, donde mantuvieron el espacio de El Acoplado, una feria de emprendedores que alimentan la mitología y la estética de la banda con merchandising (fanzines, remeras, cassettes, parches que dicen Club Camionero) y el espacio solidario Rueda de Auxilio. «Forma parte del espíritu de la banda y la experiencia en vivo. Ademas, se armó una red de laburo muy groso. Es muy poderoso», dice Pardo.
Camionero es la falla en el sistema, la flor silvestre que crece en medio del empedrado. La banda nació de experiencias musicales anteriores, que derivaron en la creación de un sonido singular, que traza puentes con el rocanrol de Pappo’s Blues y Pescado Rabioso. «Nuestra base está en el sonido del rock de los 70», dice el cantante y guitarrista. «Tengo la guitarra con dos distorsiones y el fuzz conectados al amplificador a lo Pappo. Eso no va a cambiar: es nuestra lengua materna», dice Pardo, fan declarado de Spinetta.
La tecnología, sin embargo, interviene sobre ese sonido histórico. La pedalera que usa el guitarrista, el groove montado sobre la batería, crean ese sonido circular, esa reverberación que expande la conciencia y provoca la catarsis de su público. «Lo más difícil en un grupo de dos es cómo generar la potencia rockera y, al mismo tiempo, lograr sutileza», explica el músico.
Camionero grabó su primer EP en 2018 y Todo lo sólido se desvanece en el aire, su última producción, está fechada en 2023. El sonido fue transformándose, de un blues podrido y garagero a otra paleta de timbres y recursos. «Con el productor Dylan Lerner aprendimos a interpretar el espíritu setentoso incorporando un sonido moderno», apunta Pardo.
En ese viaje musical los acompañan bandas amigas como Ayermaniana, Ale Cares y los Magos Farciar, Los Motochorros, de Mendoza y Desierto Líquido, de Bahía Blanca. Juntas tiran de ese acoplado de la movida del rocanrol, pero quieren cuidar lo que tienen. No quieren apurar el paso. «Gran parte de lo que le pasa a una banda tiene que ver con la suerte, pero todo puede cambiar y, en un mes, no existir más», afirma Pardo. «Lo más importante para nosotros es la música, más allá del buen momento».
