25 de febrero de 2026
La misión del coro Luna Verde es cantar al unísono en defensa de los derechos de las mujeres y disidencias. Apoyo del IMFC.

Arte y militancia. Julieta Giraudo dirigiendo uno de los ensayos del coro que se reúne todos los martes.
«Luna porque es el astro que simboliza lo femenino, la diosa madre de los ciclos vitales, y verde porque es el color de la esperanza y los derechos reproductivos». Así explican su nombre las integrantes del Luna Verde, agrupación coral transfeminista de la ciudad de Córdoba. Nació como espacio de refugio y contención, donde cantar al unísono expresa resistencia para accionar en defensa de los derechos de las mujeres y disidencias sexuales. Sus integrantes recibieron en su sede a Marta Gaitán, presidenta de la Secretaría de Géneros del IMFC y del Comité de Géneros de COOPERAR .
«Nos juntamos todos los martes, desde nuestros comienzos», dice Julieta Giraudo, directora del coro, haciendo un descanso del ensayo en el salón cedido por el Sindicato de la Unión de Educadores Provincia de Córdoba (UEPC). Y agrega: «Vamos teniendo diferentes sitios de reunión coral, comenzamos en Arabela Espacio Cultural, seguimos en el Centro Discepolín de Barrio Güemes y también nos frecuentamos en el Centro de Divulgación de la Diversidad en el Parque Sarmiento. Somos 35 integrantes con algunas fluctuaciones, pero podemos decir que tenemos un grupo consolidado y cada vez es más requerida nuestra presencia en diferentes ámbitos, desde escuelas a teatros». En diciembre del 2025 la agrupación recibió el Reconocimiento Cultural Beneplácito del Concejo Deliberante de Córdoba, una distinción oficial por su trabajo.
Espacio para sanar
A pesar del calor, se colocan largas capas verdes para ensayar, mientras cuentan anécdotas del último viaje que hicieron, para actuar en el 38º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias en Corrientes. Giraudo relata los inicios: «Nos conocimos en el año 2019 a partir de un grupo de Facebook que llamamos Feministas Trabajando, que funcionaba como bolsa de trabajo para emprendedoras; allí alguien propuso organizar un coro y en un rato se anotaron muchísimas y yo que recién egresaba como Técnica en Dirección Coral me entusiasmé mucho con el proyecto y les propuse audicionar. Quedaron 40 integrantes». En esas instancias, recuerda, tuvo la oportunidad de conocerlas personalmente a cada una y después de la audición de voces también hubo confidencias: «Me sentí muy conmovida cuando les preguntaba sobre las motivaciones personales para integrar este proyecto porque la mayoría decía lo mismo: “quiero un espacio para sanar, poder ser yo, sentirme acompañada, que la voz sea arte y herramienta de lucha”». Después de esa larga jornada de audición y charlas, cantaron «Reverdecer», de Perota Chingó, prendieron una fogata y arrojaron papeles con un deseo escrito sobre el espacio coral que querían construir.

En movimiento. El grupo tiene una nutrida agenda de presentaciones en todo el país.
No cualquier repertorio
«Qué cantar fue lo primero que tuvimos que consensuar para ir armando nuestro repertorio y en asamblea concluimos que deberían ser temas sobre mujeres y disidencias sexuales, pero con un mensaje político concreto; algo complejo, porque no hay mucho disponible en arreglos de música coral para mujeres», cuenta Giraudo. Empezaron con «Juana Azurduy», «Alfonsina y el mar», «Reverdecer» y las coplas verdes de Mariana Carrizo. «Nuestros ensayos siguieron de manera virtual en pandemia y cuando pudimos salir del confinamiento estábamos preparadas para enfrentarnos al público; comenzamos en las ferias feministas, marchas del Ni Una Menos y del 8 de Marzo, encuentros intercorales y llegamos en muy poco tiempo a integrar la gran función de profesionales en Estudio Theater Showchoir Córdoba y en el Teatro Comedia, seleccionadas con otros 15 coros de mucha trayectoria».
Comenzaron a viajar para participar en los Encuentros Nacionales de Mujeres. El Primer Encuentro de Mujeres Campesinas en Jujuy les planteó el desafío de conseguir fondos y logísticas especiales para las actuaciones en gira. Así lo cuenta Silvina Manavella, una de las integrantes del coro: «Somos una agrupación autogestionada donde nadie cobra por actuar, solo estipulamos un pago a nuestra directora de manera colaborativa entre las coreutas. Tuvimos que tomar decisiones a medida que nos llegaban invitaciones para actuar, por ejemplo sustentar los viajes haciendo y vendiendo pizzas». También necesitaron ajustar responsabilidades compartidas, se organizaron en comisiones para repartir funciones como el manejo de redes, administración y economía, bienestar, técnica, presentación en escenario y manejo de equipos de sonido.
Entre los proyectos mediatos cuentan de manera grupal que les gustaría que Luna Verde fuera una cooperativa cultural. «Queremos ser la Delio Valdez de los coros», dicen divertidas y agregan que el gran deseo a futuro sería crear una comunidad con viviendas colectivas, de arquitectura inclusiva que las contenga en todas las etapas de la vida.
«Acompañar al Luna Verde desde la Secretaría de Géneros del IMFC es una gran satisfacción –remarcó Marta Gaitán al finalizar la visita al ensayo de este coro–. Ellas se acercaron a nuestra institución a pedirnos el salón que tenemos para capacitaciones para poder ensayar. Seguimos en contacto compartiendo espacios en las manifestaciones callejeras, encuentros y festivales feministas, donde la consigna es no callar ante los autoritarismos. También asistimos con asesoramiento técnico en la posibilidad de cooperativizarlas». Desde el IMFC, además, facilitaron la vinculación del coro con la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, mediante un convenio entre el movimiento cooperativo y la UNC que promueve las industrias culturales.
