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Milei inauguró las sesiones ordinarias del Congreso

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Con un fuerte tono confrontativo, que llegó a la falta de respeto a los bloques opositores, con los que intercambió epítetos y agresiones, el presidente Javier Milei abrió el período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional, al que otrora llamó “nido de ratas”.
“Manga de ladrones”, “la justicia social es un robo”, “delincuentes”, “me encanta domarlos”, entre otras, fueron algunas de las perlas de la disertación presidencial, que siguió mentando a la “pesada herencia”: “recibimos un Estado fallido en todos los sentidos”, dijo.
“Hoy sabemos que hay un camino hacia adelante, estamos haciendo cosas que teníamos pendientes desde hace décadas”, manifestó y destacó el avance en las privatizaciones contempladas en la ley Bases.
Visiblemente enardecido, el presidente respondió a los cuestionamientos de diputados opositores y, cuando no se producían, los provocaba dirigiendo descalificaciones hacia ellos. Los acusó de golpistas, entre otras cuestiones, y admitió que el gobierno de Donald Trump fue fundamental el año pasado para sortear la crisis.
“La malaria se ha terminado”, anunció el mandatario y manifestó que la infancia es prioridad para su Gobierno y sentenció que “la moral será política de Estado”, un enunciado abstracto que no se entiende a la luz de las causas Libra y Andis, todavía bajo investigación y sin aclaraciones por parte del Gobierno.
Asimismo, el presidente sugirió eventuales cambios en la organización institucional del país, al menos su impulso desde el Gobierno. “El éxito de un plan de estabilización se mide en meses o años, pero las políticas que necesita la Argentina se miden en décadas. El mandato que la sociedad nos dio no puede ser tan claro: nunca un gobierno tuvo una conformación tan reformista”, dijo. “Dedicaremos este año a examinar la organización jurídica e institucional que nos retrasó hasta aquí y construir una arquitectura nueva que tendrá el Estado argentino en los próximos 50 años, teniendo la moral occidental como política de Estado”, concluyó. “Tenemos los minerales críticos que necesita Occidente. La energía —gas, petróleo, nuclear y renovable— para abastecer cadenas de producción. Tierra y agua para asegurar la seguridad alimentaria del hemisferio. Tenemos la ubicación, el extremo sur del continente, salida a dos océanos y proyección a la Antártida. Somos -dijo- un eslabón natural de la cadena de valor estratégica de Occidente”.
El final fue el grito partidario de Milei: “viva la libertad, carajo”, coreado por sus seguidores, como corolario de un acto que no estuvo a la altura de su importancia institucional.

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