Voces | La vida de los menores presos

«El sistema es deshumanizante»

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Adriana Meyer - Fotos: Horacio Paone

A la luz de la reciente baja de la edad de imputabilidad a 14 años, Adrián Berrozpe,
docente, comunicador y tallerista en un instituto que brinda educación a menores encerrados, reflexiona sobre la situación en base a sus vivencias cotidianas.

«Me echó Macri y me volvió a tomar Larreta», dice con una sonrisa Adrián Berrozpe, de 36 años, de los que lleva 18 trabajando con poblaciones de alta vulnerabilidad. En 2016 lo echaron del Ministerio de Desarrollo Social, y ese mismo año concursó para trabajar como operador socioeducativo en el Instituto Manuel Belgrano, que depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además, es docente de la escuela técnica de la UBA ubicada en Lugano y trabaja en medios alternativos. Es hijo de la docente Adriana Petrovic y del trabajador bancario Eduardo Berrozpe, ambos militantes gremiales.

«Soy tallerista en el Instituto Belgrano, que acoge pibes que entraron siendo menores, pero ya tienen 18 años, y con ellos armamos una cooperativa gráfica. Es una experiencia del trabajo como ordenador social dentro de la cárcel para retomar la humanización del pibe, que no solamente es victimario y víctima sino un sujeto social y de derechos», afirma en el inicio de la conversación con Acción.

–¿Cómo es un día tuyo y de los pibes en el Instituto?
–En estos días estamos bordando pañuelos para el 24 de marzo y conversamos sobre esa fecha. Escuchamos entrevistas a Hebe de Bonafini, leímos sobre quiénes fueron Azucena Villaflor, Estela de Carlotto, Nora Cortiñas. En un 95% de la población carcelaria las visitas son madres, abuelas y novias. El rol femenino los toca mucho. Escucharon que a una señora le allanaron cuatro veces la casa y que la torturaron para que entregara a sus hijos, y uno de los pibes dijo «a mi vieja también un policía le pegó para que dijera dónde estaba yo». Creemos que el pibe tiene que hacerse responsable y ser autocrítico, pero es un sujeto humano con el que hay que construir una pedagogía, como decía (Paulo) Freire, desde el amor, pero no el amor romántico, sino revolucionario y eficaz, como plantea el cura Camilo Torres. Claramente está preso por algo, pero antes sufrió un montón de situaciones. Uno decía el otro día: «nunca me llevaron al dentista o al pediatra», y es eso. Los pibes charlan conmigo, toman mate, hay una construcción de sentido.

–¿Qué hacen en la cooperativa?
–Los chicos hacen cuadernos y agendas, ellos se llevan el 50% del valor y el otro 50% es para la cooperativa. Acá pueden debatir y decidir, algo que no sucede cuando estás preso. El amor organizado es el del pibe que se ofrece para ser delegado, o de la compañera que cocina en una olla popular en un barrio. Mi tío (Ricardo Chacho Berrozpe) me decía que hay muchas mujeres en el movimiento piquetero porque cuando el hombre se queda sin laburo se deprime, y ellas son las que salen a parar la olla. En CABA hay casi 12.000 familias en situación de calle. Muchos de esos pibes terminan en un instituto, pero primero debieron tener sus derechos garantizados por el Estado.

–Antes de delinquir, ¿no?
–Exacto. En diez años el delito no subió. Hay 132.000 personas detenidas sin juicio a quienes ese paso por la cárcel no los humanizó ni los hizo mejores, salieron bestializados. La Ley Blumberg fue algo mediático que no sirvió para nada, hubo dictámenes internacionales en su contra, incluso en otra época más progresista de Argentina no funcionó.

–¿Lo mismo pasará con la ley que bajó la edad de punibilidad?
–Tal cual. Los narcos en los barrios populares buscarán a pibes más chicos. Es la misma estrategia represiva de la dictadura militar, cuando retrocede el sujeto colectivo y político alguien ocupa ese lugar. Los pibes te plantean que la primera vez salieron a robar para comer, la segunda fue porque se querían comprar un conjunto porque es una sociedad que te dice que vos tenés que tener una marca gigante en una remera. Muchos vienen de una familia monoparental, con problemas de consumo o son segunda o tercera generación que pasaron por la cárcel. Vivieron situaciones de abandono y vejaciones muy profundas. Nadie está diciendo que eso justifica nada. Lo que decimos es que el sistema los animaliza y la ley que sacó Milei lo va a terminar empeorando. Cualquier delegación del Consejo de Niñez tiene un operador para 500 casos.

–¿Qué habría que hacer?
–Hagamos la apuesta por primera vez de cambiar el esquema, hay que construir otra cosa, poner más gente para prevenir, trabajadores sociales, médicos, psicólogos y maestros. Lo digo como peronista, como alguien que votó al kirchnerismo. En su momento dijimos que mandar a Gendarmería a los barrios era una gran equivocación. La seguridad se construye con hospitales, cloacas, calles asfaltadas, pudiendo comer en tu casa. Ahora por un lado te clavan esta reforma y por otro persiguen a tus hijos e hijas. Nos empobrecen, nos reprimen y nos amenazan con la cárcel. Es un disciplinamiento estatal en toda la línea. Esta ley es peor que la de la dictadura y el Gobierno de Milei también. Hay 600.000 pibes fuera del sistema escolar que no podrán insertarse en el mercado laboral.

–¿Cómo reciben tus pibes lo que les das como tallerista?
–El año pasado vino un pibe con un pantaloncito que decía «club Carlos Mujica». A ese pibe, M., le contamos quién fue Carlos Mujica y obvio que lo recibió bien. Hay pibes que llegan muy rotos y tenés que hacer un abordaje diferente, más complejo. Otros están sobreinstitucionalizados, es decir que desde muy corta edad estuvieron encerrados, pero con una respuesta muy asistencialista, algunos jueces prefieren mandarlos presos antes de que les hagan un escrache. Muchas veces el Estado te dice «te doy esto», pero no se fija si la madre consume o si hay un abuso intrafamiliar o ver por qué el pibe termina afanando. Solo lo asocian a que es un pibe pobre de la villa. La verdad es que la mayoría de los pibes de la villa no afanan. En números dados por Marisa Graham (Defensora Nacional de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes) el 0,045 de los hechos de sangre y asesinatos son provocados por pibes menores de edad, y menos del 2% del total de los delitos cometidos; el 90% es contra la propiedad privada, ni siquiera robar una cartera, a veces es tirar un piedrazo.

–¿Son cifras abordables para intervenir de otra manera?
–Absolutamente. Las Defensorías zonales están prendidas fuego, con profesionales que cobran sueldos muy bajos, que requieren una capacitación especial, hay muy pocos y no dan abasto. Falta una política pública efectiva, vayamos con un ejército de trabajadores sociales a Zavaleta, mandemos 10 policías y 30 trabajadores sociales, que además les salen más baratos y son más efectivos. Nos dicen abolicionistas porque dicen que queremos abolir la cárcel, nosotros lo que queremos es cambiar el sistema porque es deshumanizante, terminan saliendo peores de ese encierro. Hay un chico que quiero mucho, D., que participó de los encuentros de escritura en la cárcel, y se dio cuenta de que podía cantar, grabarse y editarse. Ahora da clases en la Universidad Jauretche. Logró ser D. más allá de la cárcel, se construyó de otra manera. Pero no lo tocó la varita mágica, es el sinónimo del esfuerzo colectivo, con docentes, operadores y talleristas con otro pensamiento. Y hay muchos D. El Belgrano es el centro de menor reincidencia del país. Pero la crítica sigue siendo que no hay un proyecto o una política pública. El encierro como tal está mal planteado. Respecto de los no punibles, se venían discutiendo protocolos que tengan en cuenta por qué ese pibe salió a afanar o consume sustancias psicoactivas, y si la cárcel es el mejor lugar u otros espacios. Cada pibe es diferente, lo que tienen en común es el avance del narcotráfico y el retroceso del Estado. (Claudio) Pájaro Cantero era un barrabrava, y a diferencia de lo que dice la política santafesina, antes de caer preso no era un narcoterrorista, armó Los Monos estando preso. Por eso, la cárcel no tiene un proyecto para esa persona. Sacale los celulares, mandalos todo el día al buzón como hace Bukele, la gente va a seguir saliendo mal porque no hay un proyecto.

–¿Qué cambia con la nueva ley?
–Un pibe que comete un delito, más allá de la edad que tenga, siempre es imputado. Lo que cambia es que ahora no lo imputa la Corte de Familia sino la Corte Judicial y por eso puede ir preso. Un pibe de 18 años que en lugar de venir al Belgrano va a Marcos Paz, sale al patio y se encuentra con tipos de 40 que tienen condenas por 30 años. Va a haber un disciplinamiento, va a aprender a delinquir y, en definitiva, va a terminar trabajando para el sistema que lo oprime. Esa es la discusión que hay que dar con los pibes, porque la cárcel es un negocio.

–¿Qué le diría a una madre a la que le mataron un hijo?
–Es muy difícil, esa persona perdió lo más preciado. Pero hay una construcción mediática de enemigos públicos, el trabajador organizado y los pibes pobres. El pibe se tiene que hacer responsable de lo que hizo, pero también es un pibe que ha sido vulnerado. Tenemos que dejar de hablar de pibe chorro para decir sujeto de derechos en infracción con la ley. El amor que les podemos dar es organizarnos junto con ellos, poniendo en discusión, no terminar trabajando para la policía. Perón decía que si tenemos pibes presos somos un estado fallido, cuando le preguntaban por qué subió la edad de punibilidad. Los militares la bajaron a 14, pero la volvieron a subir antes del final de la dictadura.

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