De cerca | FORMAS DE ACTUAR

«Me importa dar un mensaje»

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Texto: Javier Firpo - Fotos: Rolando Andrade Stracuzzi

Osmar Núñez protagoniza Con Federico, la obra que celebra a García Lorca en el CCC. La complejidad de los personajes históricos. El streaming y la crisis de la ficción en el cine y la televisión.

En la biblioteca apretada en el living hay fotos de distintas obras y, también, de actores que ya no están, como Daniel Fanego, Alejandra Darín y María Onetto, todos queridos excompañeros de elenco del dueño de casa, Osmar Núñez. «Personas lindas, laburadoras, que la lucharon pero partieron jóvenes. Son golpes que te da la vida y pican cerca de uno, que a los 68 años no se puede hacer el boludo», dice desde la cocina mientras prepara un café instantáneo. 

Mientras abre la ventana del balcón de su austero departamento de Congreso, habla de su trabajo y del gratificante presente que le devuelve Con Federico, la obra sobre Federico García Lorca escrita por Analía Fedra García, que se presenta a sala llena en el Centro Cultural de la Cooperación. «Estamos muy satisfechos con cómo están yendo las funciones, es un mimo al alma hacer este espectáculo y ver el cartelito de “entradas agotadas” colgado. Está claro que la Pugliese no es una sala grande, pero hay que meter 80 espectadores cada noche», dice con orgullo.

¿Cómo describirías a Con Federico?
–Es una pieza de living, intimista e inédita, porque el espectador está ahí, pegadito a nosotros. Yo interpreto y Fedra, la directora, está sentada frente al piano. Hasta me animo a cantar alguna canción, también recito y ella acompaña. Además, Con Federico propone preguntas y respuestas sobre la infancia de García Lorca, sus comienzos y sus primeras poesías. Yo, Osmar, le hago preguntas a Federico y yo, García Lorca, también las respondo. Me desdoblo, entro y salgo del personaje y comparto vivencias con el público.

–¿Qué aspectos disfrutás más de la pieza?
–Que es profunda y abarcativa, ya que además se conocen las reflexiones del gran poeta granadino sobre la vida, la muerte, el amor, la naturaleza y el entorno político y social de las décadas de 1910 y 1920. Cuando digo que se trata de un Lorca inédito es porque hasta los propios lorquianos, que me lo han dicho personalmente, se sorprenden porque abundan textos desconocidos sobre este enorme hombre de letras fusilado por el franquismo en 1936.

–¿Es un espectáculo solo para entendidos?
–No, por favor, todo lo contrario. Con Federico es una obra popular, no es apto solo para seguidores o conocedores de las poesías de Federico. Viene gente que no sabe nada de Lorca y sale conmovida. No está bien que lo diga yo, pero me moviliza percibir la tensión y la atención que sobrevuelan la sala. Está la cuestión intelectual, obvio, es Federico, pero no está lo intelectualoso ni esa cosa de proclama y solemnidad. Trato de imprimirle naturalidad y sencillez al personaje, como era él.

–¿Qué te cautivó del texto? 
–La sensibilidad e inteligencia de este hombre que con apenas 16 años ya había sorprendido con su poema «Los encuentros de un caracol aventurero». Yo admito que descubrí a un Lorca más lúcido de lo que imaginaba. Y mucho le debo al trabajo de investigación que hizo Analía, a quien conozco porque trabajamos juntos en El relojero y Las patas en la fuente.

Mientras el fotógrafo gatilla, el actor dialoga con Acción, atento a la lente y sin perder el hilo de la conversación. «A mí me representa Federico en todo lo que dice y escribe, sobre todo los poemas sobre el comportamiento y la condición humana. Es tan singular que me da en el núcleo duro, me sacude, me interpela», expresa. Lamenta el fusilamiento de un Lorca tan joven y pregunta de manera retórica: «¿Te imaginás lo que habría sido este hombre a sus 50 o 60 años? La madurez que hubiera tenido, lo jugado que habría sido: un despropósito lo que hicieron con él. Bueno, punto, no hablo más de Lorca». 

–Estás ensayando otra obra, ¿de qué se trata?
–Así es, estoy en los preparativos de Haroldo en la luz, con dramaturgia de Paula Mujica Láinez, que se estrenará en julio en El Portón de Sánchez y hace foco en la relación que el escritor y periodista Haroldo Conti mantuvo con Marta Scarvac, también conocida como Marta Conti, que era 16 años menor y con quien tuvo a su hijo menor, Ernesto.

–¿Por qué fue tan importante esa relación para Haroldo Conti?
–Porque, primero, lo ayudó a escribir su última novela, que fue Mascaró, el cazador americano, libro al que bautizaron como su «primer hijo». Y luego fue una testigo clave de su secuestro, en mayo de 1976. Fue Marta quien denunció internacionalmente la desaparición de Haroldo, además de mantener viva su memoria y su obra a través de diversos testimonios.

–¿Cuál es el foco de Haroldo en la luz?
–Básicamente describe el encuentro amoroso e intelectual entre ellos. Ella cursaba el secundario en el turno noche y él era su profesor de latín. Pero fue ella quien lo encaró y le dijo lo enamorada que estaba, ante la sorpresa de Haroldo.

–Interpretaste a Perón, Ingmar Bergman, los mencionados García Lorca y Conti. ¿Sos especialista en personajes fuertes?
–Los hago porque me importa encarnarlos por su componente social, no me da lo mismo, son significativos, me comprometo, me importa dar un mensaje. Me hace bien meterme en la piel de los pecadores y, también, de los marginados, los contestatarios y los rebeldes. Yo puedo hacer a Lorca o a Franco, su asesino, pero depende del mensaje que se tenga que dar. En el caso de Franco, no lo haría si tuviera que reivindicarlo. De ninguna manera daría un mensaje a favor de un dictador.

–¿Te convertiste en un especialista a la hora de encarar esos roles?
–No, si algo tenemos en nuestro país son grandes actores, capaces de encarnar a cualquier personaje. Para mí es un gran desafío, porque voy a fondo, investigo y, sobre todo, disfruto: me importa interpretar a personajes importantes de la historia.

–Ahora volvés a ponerte en la piel de Ingmar Bergman en Bergman y Liv correspondencia amorosa.
–Bergman es mi director preferido, está entre los grandes directores de cine del siglo XX. Difícil que lo superen. Tenía profundidad, inteligencia y una valentía descomunal para llevar sus propios demonios a la pantalla y compartirlos con los espectadores. En la obra que hacemos en El Tinglado junto a Ingrid Pelicori, tenemos la posibilidad de recrear algo de Ingmar y de Liv Ullman, su musa. Nos acercamos a su intimidad, a ese amor truncado por las diferencias de ambos, pero que duró 40 años, en diferentes formas de amor.

–¿Qué recordás de la película Juan y Eva?
–Fue una experiencia inolvidable aquella película de Paula De Luque. Fue un trabajo muy intenso en la previa, hubo mucho ida y vuelta con la directora y con Julieta Díaz, que interpretaba a Eva. Ponerse en la piel de Perón no fue nada sencillo, pero intenté despegarme de una posible imitación. Buscaba aspectos para empatizar. ¿Cuáles? Veía a ese padre que fue para muchos, que tenía poder, seducía y hablaba para todo el mundo, siempre con la palabra justa.

–Por estos días se te puede ver en la serie En el barro y estarás en Zambrano, spin off de El encargado. ¿Estar en las plataformas equivale a la tele de antes?
–No, para nada. Las plataformas están más cerca del cine, pero no son televisión ni la ficción que tenía la tele de las décadas del 80, 90 y 2000. Aquello era otra cosa, esto es streaming, son plataformas que cuentan con determinado formato y un estilo de producción puntual, que al menos sirven para poder mostrar nuestra cultura e idiosincrasia al mundo. Yo vengo haciendo algunos trabajos, el año pasado estuve en Las maldiciones de Daniel Burman, y ahora aparecieron pequeños trabajos. Pero aquella televisión que conocimos, tan productiva, no va a volver más. Olvidémonos de eso.

–A falta de televisión, se superpoblaron los teatros.
–Totalmente. Ante la ausencia de ficción, todos esos actores de tiras televisivas recalaron en el teatro y la competencia es más difícil, pero a la vez es imposible que les vaya bien a todas las obras. Hay demasiado entre comedias, musicales, dramático, el off, el oficial y el comercial. ¡Es un aluvión!

–Siempre tuviste trabajo, ¿nunca padeciste lapsos de estar inactivo?
–Por suerte no me pasó, siempre tengo proyectos, personajes que están esperando para que los suba al escenario. Pero extraño el cine argentino, espacio para el que era convocado seguido y no creo que haya futuro. Una lástima para la cultura argentina y una pena para mí, porque solía ser tenido en cuenta para personajes más comprometidos.

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