20 de julio de 2026

A todo pulmón. El himno nacional se «gritó» en la previa del partido contra Inglaterra.
Foto: Getty Images
Ya se paró la pelota del mundial y queda la satisfacción por la actuación de nuestro equipo, transformado en un grupo humano que conmovió al país que siempre lo amó a corazón abierto, sin chicanas ni reservas ideológicas.
Fuimos millones en las calles, desde el obelisco porteño, las grandes ciudades de las provincias y hasta el pueblito más pequeño y lejano. Todas, todos, jóvenes y viejos, asumiendo con alegría y esperanza una identidad colectiva con los colores de nuestra bandera y compartiendo el himno gritado a los ingleses.
Fue un notable triunfo cultural del pueblo. Como decían nuestros abuelos, «es de bien nacido ser agradecido». Aquí estamos, entonces, infinitamente agradecidos al equipo comandado por Lionel Scaloni, y tomando el ejemplo de este grupo humano «del fulbo» y su bandera malvinera, palpamos con ellos qué significa aquello del poeta: «No te des por vencido ni aun vencido».
En suma, también fue una gran derrota, en términos culturales, de los que intentan vaciarnos de identidad nacional y emoción colectiva.
En cuanto al Mundial, vale la pena registrar que si bien se transformó en un fenomenal negocio en términos capitalistas, fundamentalmente en su sede norteamericana, también sigue siendo un momento notable de encuentro de naciones, pueblos y culturas, más allá de sus dirigentes.
En este punto se desnudó la megalomanía del presidente estadounidense Donald Trump, exigiendo inmunidad para un jugador de su país sancionado por expulsión y promoviendo el destrato discriminatorio en términos raciales y políticos a la selección iraní. Ya había sorprendido días antes del inicio de la competencia deportando a un juez, Omar Artan, de gran calificación profesional, a quien no se le permitió ingresar a Estados Unidos por su condición de somalí. O sea, racismo en estado puro.

Monteoliva. Para la ministra, no se puede mostrar en público «el mapita» de las islas ocupadas ilegalmente por Gran Bretaña.
Foto: NA
La reserva democrática
En nuestro país emergió un fantasma que recorrió la última fase del Mundial, particularmente desde el partido contra Inglaterra, que suscitó una verdadera batalla cultural. La justa deportiva revivió la reserva democrática de la gran mayoría de nuestro pueblo contra la usurpación y el despojo colonialista de Inglaterra.
El himno nacional gritado por nuestros jugadores y el cuerpo técnico antes del partido semifinal se transformó en un símbolo de la vigencia de la causa de Malvinas, del rechazo al colonialismo anacrónico de Gran Bretaña, y al expreso afecto manifestado por el presidente de la Nación, Javier Milei, hacia Margaret Thatcher, conductora política de la guerra de 1982 y quien tomó la decisión del hundimiento del General Belgrano, que navegaba fuera de la zona de combates y en dirección contraria a las islas, con la consecuente muerte de 323 tripulantes argentinos.
En esta disputa cultural también merecieron rechazo las declaraciones de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien hizo campaña mediática contra la exhibición de banderas alusivas a las Malvinas en los estadios mundialistas, llamando «mapita» a la imagen de las Islas Malvinas. Más contradictorias aún fueron las declaraciones previas del presidente, que volvieron a circular en estos días, diciendo que los kelpers deberían ser quienes decidan el destino de las islas y que dado que Argentina perdió la guerra, debemos asumir que las islas no son nuestras.
Y ya en el presente, tras la situación de la bandera enarbolada por los jugadores argentinos, Milei afirmó «diplomáticamente», que «no hay que caer en slogans berretas, populistas, nacionalistas rancios».
Por si algo faltaba, el nuevo vocero, Adrián Ravier, salió a contradecir los dichos de Lionel Messi, quien había declarado que había gente que no llega a fin de mes y sufre la falta de trabajo. Antes, el vocero ya había irritado a la población apelando a la zoncera de que los culpables de la alta morosidad que se registra son las familias «que no saben manejar sus ingresos y obligaciones», con el propósito de exculpar a las medidas económicas y sociales del mileísmo.
En definitiva, concluido el Mundial, siguen vigentes los desafíos urgentes, el principal, cambiar un modelo económico que beneficia a pocos sectores, concentrados y extranjerizados, en perjuicio de las mayorías, víctimas del ajuste y que pagan el alto costo social de las políticas económicas aplicadas por el Gobierno nacional.
