25 de julio de 2026
Es domingo, salgo a la calle y me encuentro con miles de personas que andan con camisetas y banderas argentinas. Escucho que una señora, recién llegada de Júpiter, le pregunta a uno disfrazado de escarapela: ¿Qué pasa? ¿Cambió el Gobierno, aumentaron los sueldos, recuperamos las Malvinas, la tierra es para quien la trabaja?
–No señora. Es que la Scaloneta ganó lo que tenía que ganar, puso el trapo donde lo tenía que poner y, además, son un fenómeno. Ahora vamos a proponer que a Messi lo hagan santo junto con Maradona.
Los dejo a estos porque el mundo sigue andando y, además de los goles, tenemos un par de guerras que no sabemos si van a terminar ellas o vamos a terminar nosotros. Cruzo y me encuentro con el analista político Pepe Yotelaexplico.
–Decime Pepe, vos que sabés de estas cosas: ¿cómo es el tema en la guerra del Golfo? ¿Se acaba sí o no?
–Mirá querido –me contestó–. Lo que está haciendo Trump es una táctica. Primero dice que no te va a bombardear, después afirma que negocia, pero no del todo sino un poco, luego dice que te va a bombardear de nuevo. Más tarde sonríe y dice que no. Pero, en el medio de todo esto siempre, invariablemente, aprovecha para reventarte una bomba en la cabeza. ¿Te queda claro?
–Más o menos.
–Todo en la vida es más o menos –me dijo me dio un besito en la bocha y se las tomó.
Justo pasa un colifa amigo que había escuchado todo y me dice: Vos no entendés nada. La guerra es algo necesario y útil. Yo tengo un primo que fabrica armas y él me explicó el asunto: Fabricar armas es un gran negocio… siempre y cuando que alguien las use. Si no las hacés explotar te quedan ahí, todas amontonadas y sin vender. En cambio, si la usás y explotan tiene que comprar más y la economía florece. ¿Te percatás?
–Me percato.
–Entonces te vendo un tanque multiuso, que tanto puede servir para una guerra como para usar si los jubilados se ponen peligrosos y atentan contra la seguridad nacional e intercontinental.
–No gracias, los dólares que tengo solo los cambio para comprar fideos –contesté, y lo dejé con sus negocios.
En eso veo a mi amigo Pepe Cualquiera que venía envuelto en una bandera argentina y me abraza y me dice: Te cuento que me voy a vivir a Bangladesh. No sé si tienen una economía mejor o peor, si tienen un Gobierno mejor o peor, si hay guita o no hay guita, pero sé que en ese país quieren a la Argentina. ¡Listo, no necesito más! Ellos quieren a este país más que muchos que viven y gobiernan aquí. Y para mí, sentirme querido, es lo más que puedo desear. Y aquí no pasa –concluyó, me dio otro abrazo y se las tomó.
La idea no es mala, y seguiríamos alentando a la Scaloneta.

