2 de agosto de 2026

Terminó el campeonato. Tobías y Rebequita siguen, ¿cómo no iban a seguir?
–Decime, Tobías de mi gol de media cancha a los 86 minutos del segundo tiempo, ¿vos me querés igual a mí?
–Ay, Rebequita de mis pausas de hidratación, ¿qué me querés preguntar?
–¿Cómo que qué te quiero preguntar? ¡Lo que te pregunto, Tobías de mi banderín solferino, exactamente lo que te pregunto! Si te quisiera preguntar otra cosa, te preguntaría otra cosa, pero te estoy preguntando si me querés igual a mí.
–A ver, Rebequita de mis goles anulados por el Var, tu inquisición es plurisemántica, tiene acepciones de todo tipo y factor, no es simple de entender.
–¿Cómo que no es simple de entender? Eso te pasa porque sos un mononeuronal isotérmico machirulo cisplatino. Cualquier XX cromosómica entendería perfectamente a qué me refiero.
–Rebequita, quizás si yo tuviera cromosomas XX te entendería, pero soy varón, y por lo tanto XY, y no entiendo si me preguntás si te quiero igual que antes del Mundial, o que antes de la final; o si te quiero igual a vos comparada con otra persona; o si te quiero igual que a mí mismo; o si te amo por sobre todas las cosas, las personas y los fantasmas; o si te quiero vida mía te quiero noche y día ven a mí abrazameeeee; o si te quise te quiero y te querré hasta donde tú quieras que te quiera y no hay nada ni nadie ni lo habrá que me pueda hacer pensar de otra maneraaaaa.
–Ay, Tobías, ahora me cantás canciones españolas de los 70, ¿esto significa que el triunfo de España (canciones) te hace querer volver a tu juventud (los 70) en lugar de permancer aquí conmigo, una pobre vicecampeona que más allá de poner toda su voluntad no alcanzó su cuarta estrella?
–¡Nunca dije eso, Rebequita!
–¡Vos no, Tobías, pero tu inconsciente sí!
–¿Y eso cómo lo sabés, Rebequita de mis actos fallidos?
–Ay, Tobías, ¿vos lo viste a Messi? ¿Viste como él recorre la cancha, parece como si estuviera en otra parte, y de repente sabe exactamente dónde ubicarse y qué va a pasar? Bueno, yo soy como Messi y vos sos como mi cancha de futbol, Tobías.
–¿Vos decís que podés leer mi mente, Rebequita?
–¡La puedo leer y la puedo escribir, Tobías de mis riñones! Puedo ver tus cabezazos y tus atajadas, tus tarjetas amarillas y tus simulaciones de jugada peligrosa.
–Pero, entonces, ¿no podés también ver cómo te quiero?
–Sí, Tobías, pero aunque una lo sepa, a veces necesita que el otro salga a la cancha con una bandera que diga «LAS MALVINAS SON ARGENTINAS».
Silencio en la tarde.
