Opinión

Juano Villafañe

Escritor

Soberanía cultural

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Foto: Shutterstock

La soberanía cultural de un país es, de alguna forma, el espacio que reúne a todas las soberanías. La soberanía económica, la soberanía política, la defensa del patrimonio cultural, tanto tangible como intangible, la defensa de la soberanía territorial y de las riquezas naturales. Resulta sorprendente la vigencia de Frantz Fanon, autor del libro Los condenados de la tierra, donde él mismo explica que «la lucha organizada y consciente emprendida por un pueblo colonizado para establecer la soberanía de la nación constituye la manifestación más plenamente cultural que existe… La forma más elaborada de la cultura es la conciencia nacional». Por eso es importante reconocer esta idea de soberanía cultural como una totalidad constitutiva, donde todos los campos del quehacer humano y del pensamiento intervienen de manera asociada.

La soberanía cultural es fundamental porque implica un reconocimiento del ciudadano, de lo que quiere y desea hacer con su propia historia y de la sociedad en que vive. Por eso, durante las asambleas de artistas e intelectuales que se titularon «Memorias y Reinvenciones», que se están realizando en la Ciudad de Buenos Aires, se destacó especialmente el tema de la soberanía cultural como el gran tema que nos abarca a todos, y que la conquista de la soberanía es parte justamente integral de un proceso que incluye necesarios y grandes cambios revolucionarios que requiere el país.

En uno de los documentos ofrecidos por estas asambleas se destaca que «no se puede transformar lo que no se comprende. Ni se puede transformar sin transformarnos. No se puede gobernar en clave de soberanía solo administrando. Porque gobernar debe ser transformar, para una más justa redistribución de nuestra riqueza material y simbólica». 


Participación
El tema de la conquista plena de una soberanía cultural implica reconocer que deben darse pasos muy importantes en el terreno político que permitan la unidad del campo popular, pero desde una nueva cultura política que garantice la participación democrática, dentro de grandes consensos programáticos que permitan asumir la soberanía cultural como un gran acto transformador de las estructuras y las subjetividades sociales. Ya no se puede entender la política solo como administraciones prolijas del Estado. 

Durante las asambleas del espacio «Memorias y Reinvenciones» se propuso como punto de partida conceptual «que no puede hablarse de soberanía nacional sin soberanía cultural. Así como no podemos hablar de soberanía cultural sin plantear soberanía comunicacional. Pero para que esto sea posible es necesario tener soberanía digital, porque hoy cada uno de los argentinos y argentinas somos objetos de extractivismo de nuestros datos para manipular nuestras subjetividades para dominarnos cognitivamente». 

Este último criterio asociado a la soberanía comunicacional es fundamental dentro de los campos que integran la soberanía cultural, y hoy debemos también agregar a la soberanía digital como parte de la gran problemática político-cultural. Es fundamental reconocer la importancia que tiene la reapropiación de los usos de las nuevas tecnologías ante la colonización algorítmica.

Y la conquista de una soberanía cultural plena incluye acordar un programa político dentro de una alianza democrática y transformadora de una serie de temas que deben ser parte de un gran acuerdo político. «Memorias y Reinvenciones» considera que hay que derogar todas las leyes que desde diciembre de 2023 atacaron el trabajo, el salario, la industria, la salud pública, la cultura, la educación pública, el ambiente, la tierra pública y nuestras soberanías territoriales. Está pendiente ya desde hace mucho tiempo la derogación de la Ley de Entidades Financieras de 1977 de Martínez de Hoz, impuesta durante la dictadura.


Deuda externa
No podemos dejar de considerar el problema de la deuda externa por la extrema gravedad que provoca para el futuro de todos los argentinos. La revisión vía Comisión bicameral del pago de la deuda externa y de los compromisos contraídos sin pasar por el Congreso nacional. A lo que debe agregarse un seguro universal de desempleo, hacia el trabajo digno, con cobertura universal y contraprestación laboral, educativa y sanitaria.

Hay que pensar una reforma laboral progresiva que reconozca derechos a los trabajadores y las trabajadoras de la economía informal, incluidos los de las plataformas. Y una reforma tributaria donde el que más gana sea el que más pague.

Un nuevo Gobierno de la cultura que será sin duda uno de los pilares de la soberanía cultural integral por eso se debe definir una nueva Ley de Comunicación Audiovisual-Digital. Además, una Ley Federal de las Culturas –que ya tuvo en su momento una amplia discusión nacional– que defina a las culturas como derechos y al Estado como garante indelegable de tales derechos, cuya autoridad de aplicación sea el propio Ministerio de Cultura de la Nación. Y contemplarse un Consejo Federal de las Culturas integrado no solo por las autoridades de Cultura de cada provincia más CABA, sino también por los representantes de los colectivos culturales y sus representantes sindicales, con presupuesto de alcance federal que permita un gran Gobierno democrático de la cultura. 


Modo federal
Otro gran tema que consideró en su documento «Memorias y Reinvenciones» tiene que ver con la Ley de Financiamiento quinquenal de las culturas, que grabe a las plataformas digitales para financiar de modo federal, diverso y plural las políticas públicas culturales y comunicativas y el desarrollo de las industrias culturales y creativas, porque las plataformas culturales se han adueñado de los derechos de autor y del uso de la palabra, de las imágenes y los símbolos. Defender la ficción nacional en todas las actividades artísticas y pensar en un «Congreso Pedagógico para una Nueva Ley de Educación Superior que defina qué clase de educación superior, qué tipos de investigación, ciencia y tecnología se precisan hoy para el desarrollo de una Nación Soberana». 

El espacio «Memorias y Reinvenciones» discutió todos estos temas en diversas asambleas de la cultura donde fue notable la gran participación de artistas, profesionales, dirigentes sociales, escritores, intelectuales, que consideraron justamente que la soberanía cultural no solo se defiende, sino que también se conquista y se reconquista. Y hoy vivimos tiempos en los que debemos ir por todas las cosas que nos representan como ciudadanos, como políticos y como trabajadores de la cultura, en la defensa del país.

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