27 de agosto de 2026
El XVI Festival de Poesía del Centro Cultural de la Cooperación reunió a autores consagrados y emergentes de las distintas regiones del país y también de Chile, España, Italia y México.

Encuentro. A lo largo de cuatro jornadas, cerca de 40 poetas presentaron sus textos en las sucesivas mesas de lectura.
Foto: Diego Martinez
«En poesía no hay centro ni periferia», dijo Carlos J. Aldazábal, coordinador del Espacio Literario Juan L. Ortiz, y el criterio se verificó tanto en la procedencia geográfica de los invitados como en la conformación de las mesas de lectura. El XVI Festival de Poesía en el Centro reunió así a poetas consagrados y emergentes de las distintas regiones del país y también de Chile, España, Italia y México.
Los poemas de Leopoldo «Teuco» Castilla y las canciones de Paula Maffía inauguraron el Festival realizado entre el 18 y el 21 de agosto en el Centro Cultural de la Cooperación. En las jornadas siguientes otros 35 poetas presentaron sus textos a través de mesas de lectura que funcionaron también como espacios de reencuentro y de revelación.
Las lecturas expusieron múltiples poéticas y diferentes modos de poner la palabra en escena. Antoni Clapés (Barcelona, 1948), quien leyó sus textos en catalán y en español traducido por María Negroni, advirtió que hacía falta decir al menos dos veces cada poema y lo probó con uno: «Ir y volver/ recorrer/ un único camino». Antonio Nazzaro (Turín, 1963) dedicó su presentación «a Cuba y al pueblo cubano» y también leyó piezas breves, con comentarios al pasar que crearon guiños de complicidad con el público.
A su turno, Carlos Battilana (Paso de los Libres, 1964) demostró que no hace falta levantar la voz para que los textos impacten. En «Alucinación», describió el lugar de escritura, una habitación con una biblioteca cuyos libros «No sólo me han alimentado. Sobre todo/ me han destrozado», en contraste con el jardín donde el canto de un pájaro después de la lluvia «debe ser la felicidad». Y en el siguiente, «Trance», advirtió que «las palabras en ocasiones congelan el movimiento y, sin embargo, también pueden bailar».
Martín Gambarotta (Buenos Aires, 1968) prescindió de las introducciones habituales donde los participantes cuentan de dónde provienen sus textos y leyó además en voz baja. El tono en apariencia monocorde redundó en un clima particular, potenciado por la despedida dedicada a Alejandro Rubio (1967-2024), «una personalidad de vidrio, una enfermedad/ mental que cuando la desafió se volvió una/ enfermedad de vidrio hecha trizas/ por una obra de metal que ahora/ adquiere su significancia total».
También dramaturga y fotógrafa, Eva Guillamón (Albacete, España, 1978) dijo en cambio sus textos sin leer, como si interpelara a quienes la escuchaban. La entrerriana Stella Maris Ponce, cantante y gestora cultural en Concordia, comenzó con poemas inspirados en canciones afroamericanas y entonó fragmentos de spirituals, otro de los motivos de su escritura.
Un estado de comunión
La poesía también reelabora historias familiares. Juano Villafañe retomó textos del libro El corte argentino y en el primero declaró que «por mi madre aprendí que antes de morir hay que encontrar a la madre». Juan Meneguín, «referente indiscutible de la poesía de Entre Ríos», como lo presentó Aldazábal, leyó «Cuando mi padre comía flores», donde recrea una visita póstuma del padre en el patio de la casa, tal como quedó en la memoria: «con una blusa azul de ferroviario del 50/ con su gastado pantalón de sarga/ y una varita de hinojo en la mano».
Villafañe acaba de publicar Antología personal y dedicó el poema «La memoria de un sueño invertido» a Enrique Molina (1910-1997). El sentido de la lectura como homenaje se afirmó en otras presentaciones. El cordobés Leandro Manuel Calle recordó que se cumplía un aniversario del asesinato de Federico García Lorca, y leyó un poema dedicado a su memoria. La tucumana Delfina Terán Cossio recordó que fue becaria del CCC «con el queridísimo Federico Schuster, que alentó la voluntad creadora en mí y en otros alumnos».
Patricia Díaz Bialet cerró su presentación con «En estos tiempos de sangre que corren», un poema referenciado en 1977 y en un festival de rock.
La diversidad que reivindica el Festival de Poesía en el Centro, y los cruces del género con otras artes, fueron visibles en autoras jóvenes como Marlene Ayala (San Luis, 1991), otro de los puntos altos del encuentro, y Nuria Suaya (Buenos Aires, 1999), en este caso con palabras alusivas a las migraciones árabes, Palestina y la Autopista 25 de Mayo, como parte de un proyecto transmedia.
Otro nuevo exponente, Alonso Mejías Ureta (2001), chileno radicado en Argentina, asentó un fuerte sentido de la tradición con citas de Elvira Hernández, Germán Carrasco y José Ángel «Pepe» Cuevas, y a la vez de impronta política, como en «Septiembre del 73», que reconstruye el día del golpe militar contra Salvador Allende. La santiagueña Gabriela Álvarez dijo que «muchos mundos se interconectan con la poesía» a propósito de un diálogo con coterráneos sobre la luz mala, reivindicó los lazos con la cultura popular y leyó textos de ambiente rural, atentos a las modulaciones del habla.
La Sala Osvaldo Pugliese estaba colmada de público. Con la edición reciente de su Poesía reunida, Susana Villalba redondeó otra presentación notable con un poema de Susy, secretos del corazón, obra de referencia de los años 90 y la literatura de mujeres. El Festival de Poesía en el Centro cerró su edición con una lectura de Santiago Sylvester (Salta, 1942) en la mesa siguiente. Pero como dijeron los organizadores, las puertas quedaron abiertas «para saber que la realidad puede ser distinta»
