7 de septiembre de 2026
La continua serie de movimientos sísmicos en la región ha puesto en alerta a los geólogos locales. Según el especialista Andrés Folguera nuestro país también podría padecer fenómenos destructivos de alta magnitud.

Perspectiva. Folguera es geólogo, especializado en tectónica, profesor de la UBA e investigador del Conicet.
Andrés Folguera es geólogo, especializado en tectónica, profesor de la UBA e investigador del Conicet. Entrevistado por Acción aclaró algunos aspectos de los recientes sismos de Venezuela y Colombia, reveló los avances científicos en la difícil tarea de preverlos y reflexionó sobre la posibilidad de que se produzcan eventos similares en nuestro país en las regiones sensibles a movimientos telúricos.
–Los sismos producidos recientemente en Venezuela primero y Colombia después, ¿tendrían alguna relación entre sí?
–Existen registros de terremotos de magnitud grande, y cuando decimos grande decimos 7Mw, 8Mw, que pueden generar terremotos vecinos de magnitudes parecidas, al cabo de, a veces días, a veces segundos –como en el caso de Venezuela, que fueron dos sismos–, a veces al cabo de años. Es decir, existen estas secuencias de sismos en las que un sismo gatilla o promueve el siguiente. De todas maneras –y esta es mi posición individual y compartida con algunos colegas–, estos dos sismos no estuvieron ligados y, aparentemente, fue una casualidad que estuvieran separados por un mes y que fueran cercanos.
–¿Por qué piensan que no están relacionados?
–Porque obedecen a mecanismos diferentes. Los terremotos de Venezuela son el movimiento de fracturas, de especialmente dos fallas: la de Boconó y la de San Sebastián. La primera corre a lo largo del frente oriental de la sierra de Mérida y la segunda corre a lo largo de la costa, el Caribe. Y en cambio el sismo de Colombia está ligado con el fondo marino, el Pacífico, que se hunde bajo la Placa Sudamericana a una velocidad de 6 centímetros por año, y en ese proceso produce sismos, que son más profundos. Entonces los sismos de Venezuela ocurrieron en fallas a 10 kilómetros de profundidad y el sismo de Colombia ocurrió en el fondo oceánico que se hunde –se subduce es el nombre técnico– bajo la placa sudamericana, a una profundidad mucho mayor, cercana a 100 kilómetros. Entonces, como son dos procesos tan diferentes, pensamos que no, que no estuvieron relacionados.
–¿Hay en la actualidad modos de prever los sismos?
–Hoy en día la ciencia de los terremotos no permite prever los sismos. Hay algunos experimentos hechos en China –publicados en una revista que se llama Geodesy and Geodynamics–, que muestra que antes de dos terremotos que se produjeron este año hubo pequeñas variaciones en la gravedad media. Entonces, ya que hay otros casos en el mundo donde se han detectado pequeñas variaciones en la gravedad que se mide en una zona antes de la llegada de un terremoto, se piensa que esta va a ser una de las herramientas predictivas para prever los terremotos. O sea, que la ciencia es optimista en el hecho de que probablemente haya herramientas en un futuro cercano para prever los terremotos. En este caso en particular, con la gravedad; aunque hay otras técnicas también que utilizan la medición del calor que aparece en algunos sismos. Hay diferentes tecnologías, entonces –en principio– hay optimismo de que la ciencia de los terremotos sea capaz de predecirlos.
–¿Qué probabilidades hay de que se produzca un sismo de importancia en Argentina en un tiempo cercano?
–Muy altas, porque en Argentina hay decenas de fallas activas iguales que las fallas que hemos mencionado, de Boconó, de San Sebastián o el sistema de fallas Oca-Ancón en Venezuela. Por ejemplo, por debajo de la ciudad de Mendoza corre la falla de La Cal, que destruyó Mendoza en 1861; en la parte occidental está la falla Del Cerro de la Gloria; hacia el sur está la zona de Barrancas, que es también una zona activa. En la ciudad de San Juan está la falla de Pie de Palo, de La Laja, la falla de Uyuni. Hacia el norte, en Salta, tenemos los valles Calchaquíes, donde hubo sismos destructivos como el terremoto de La Poma, en 1930. También está la falla del valle de Lerma. Más al norte en Jujuy tenemos fallas activas en el Subandino jujeño, en la quebrada de Humahuaca. O sea, hay fallas activas en numerosos sectores de la Argentina que se conocen bien, se sabe que cada tanto se producen sismos, algunas de ellas han producido terremotos destructivos, particularmente en las ciudades de San Juan y Mendoza, pero también ha habido daños en las ciudades de Salta y Jujuy.
–Entonces, considerando que Argentina tiene las condiciones para producir sismos destructivos, ¿cada cuánto podrían ocurrir?
–Eso es muy difícil saberlo, porque los sismos que se producen en una falla tienen que hacerlo cerca de una localidad poblada. Muchos de los sismos que aparecen son en regiones despobladas de la Argentina. O sea, nuestro país tiene vastos sectores despoblados, entonces se necesita esa conjunción: una falla que se active y que ese sismo ocurra en un centro poblado. En la memoria reciente de la Argentina no tenemos estos acontecimientos. Tenemos los terremotos de 1944 y 1977 en San Juan, pero en ese entonces afectaron, sobre todo el del 44, una ciudad muy diferente a las ciudades actuales. En este momento hay ciudades enormes al pie de la cordillera, en particular Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. Y en menor medida Córdoba y San Luis. Entonces, el día que un terremoto caiga cerca de una ciudad de estas proporciones ahí vamos a ver una situación que, espero, sea lo más favorable posible, pero podría ser el caso de Colombia o el de Venezuela.
–¿Están esas ciudades entonces preparadas para un sismo de proporciones?
–Las ciudades en riesgo son las que están en el frente de la cordillera y que se asocian a fallas activas que producen sismos. Realmente, Mendoza y San Juan tampoco están, creo yo, entre las ciudades con más peligro, porque al haber tenido sismos destructivos relativamente recientes hay cierta cultura antisísmica en cuanto a educación en la sociedad y en las construcciones sismorresistentes. Es decir, en las ciudades en las cuales no hay una memoria colectiva acerca de estos fenómenos y donde probablemente las normas sean más resistentes a los cambios y están más desatendidas, como Salta, La Rioja y Catamarca.
–¿Cómo se encuentra el sistema de alerta sísmico con la actual situación de la ciencia nacional?
–En realidad no se pueden prever los sismos. Entonces, para ser francos, no existe un sistema de prevención. O sea, no hay forma de predecir cuándo va a venir un sismo. Hay una alarma de Google que, cuando se registra un sismo, da la alarma y, como un sismo es una onda que avanza, les avisa a los pueblos más lejanos que está por llegar. Eso existe, se activa en todos los países, aunque la sociedad no está muy entrenada para usarlo. Puede salvar vidas, porque le da unos segundos a la población para ubicarse debajo del marco de una puerta, de una mesa, pero no es una forma de prever un sismo. Es simplemente un modo de tener unos segundos a favor hasta que llega la onda.
–Pero sí debe ser importante a nivel científico la recolección de datos.
–Sí, casi todos los países tienen estudios acerca de la sismicidad. Nosotros tenemos un organismo que es el Instituto Nacional de Prevención Sísmica, el Inpres, que es un organismo que tiene trayectoria y hace su tarea en forma correcta y efectiva, o sea, que mide la sismicidad. Además tenemos muchos geólogos –en el Conicet y en las universidades– que estudian las fallas activas de la Argentina, entre los que me encuentro. Entonces, lo que hacemos es identificar las fallas activas, mapearlas, entender su longitud, ver por dónde ocurren, por dónde pasan, si afectan a las ciudades eventualmente, y tratar de entender cada cuánto se pueden activar.
–Es decir que hay un margen para calcular cuándo podrían activarse.
–Esto último en muchas fallas no es tan sencillo, hay fallas que muestran elementos acerca de lo que llamamos periodicidad, recurrencia en la actividad, que pueden ser 50, 60, 100, 500 años, o pueden no mostrarlo, puede no ser tan evidente. Ya es un paso muy importante identificar las fallas activas; darse cuenta dónde están en relación con las ciudades permite tener políticas gubernamentales de zonación, de construcción de ciudades evitándolas y también permite construir con normas sismorresistentes en esos sectores. Como siempre, el conocimiento está desacoplado de las políticas públicas. Pero, en realidad, vuelvo a lo de antes, hay toda una parte que se hace exitosamente en la Argentina, que es la identificación de las fallas y la medición de los sismos.
