21 de septiembre de 2026

Al analizar la evolución del programa económico y social del Gobierno nacional, se habla últimamente de un diferente sendero de la macroeconomía respecto de la microeconomía. Varios analistas neoliberales se refieren a que «la macro anda bien, pero no se refleja en la micro» y otras ideas similares.
¿A qué se refieren con «la macro»? Podemos listar, entre tantos temas que abarca, la marcha de la inflación, el balance comercial (la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes), el tipo de cambio y las cuentas fiscales. En estos comentarios referidos (y fuera de lo académico) se designa dentro de la micro a los salarios y las jubilaciones que se reducen en términos reales, a la disminución de la capacidad de compra de la ciudadanía, a la mora crediticia de las familias y a la situación de desprotección de amplios sectores de la población, entre otros.
También el Gobierno actúa en esa lógica, y un ejemplo interesante es la posición adoptada acerca de los impagos de las familias. Sostiene que es un «problema entre privados» o que «a nadie se le puso un revolver en la cabeza», como si las familias tuvieran la misma capacidad de negociación que las grandes entidades financieras o pudieran comprender las altísimas tasas aplicadas por las fintech y billeteras digitales.
Este enfoque no considera el impacto de la mora sobre las personas que la sufren, muchas de ellas porque tuvieron una insuficiencia de ingresos que no les permitió pagar los alimentos esenciales, o las crecientes tarifas de servicios públicos (estas últimas como consecuencia de la política de reducción de gastos del Gobierno).
Pero este impacto de la mora no se acaba en la dura situación personal que produce. También la regularización de las deudas que implicaría pagos de refinanciación –una medida que se está aplicando– retrae más recursos a los ya magros salarios o jubilaciones, destinados al consumo. Y con menor consumo, menor producción y más estancamiento.
Además, el Gobierno liberó las regulaciones sobre las tasas de interés, así como ha impulsado medidas monetarias (entre ellas el aumento de los encajes bancarios) que llevaron a las tasas de interés, entre julio y octubre de 2025, a valores muy superiores a la inflación (y que poco han bajado después), dando como resultado tasas muy por encima de los ingresos familiares. Es decir, la mora no es solo un problema entre privados.
No parece funcionar el privilegiar los equilibrios macroeconómicos financieros (inflación, superávit fiscal, ingreso de divisas) por sobre la producción, el empleo, y el consumo (variables también macroeconómicas que impactan directamente en el bienestar de la población).
Hay que tener en cuenta la ecuación económica completa.
De nada sirven estos equilibrios macro si su persecución (por ejemplo, la reducción del gasto público) perjudica los ingresos familiares, el consumo de los hogares, el mercado interno y el bienestar de la población. Además, estas debilidades sociales y productivas terminan erosionando esos equilibrios macro conseguidos, que no dejan de ser importantes pero que, de esa manera, terminan siendo efímeros.
El deterioro de la micro es funcional a la aplicación del modelo (por ejemplo, la reducción del consumo e ingresos personales, y el mayor desempleo, para mantener acotada la inflación).
El ajuste, que va más allá de la reducción del gasto público, está en la esencia del paradigma neoliberal, lo hemos vivido anteriormente.
