2 de octubre de 2026

Contrastes. Según datos difundidos esta semana, el 10% de la población más rica posee ingresos equivalentes a 18 veces lo que percibe el decil más pobre.
Foto: Jorge Aloy
Las declaraciones optimistas sobre el supuesto futuro venturoso de la economía argentina fueron llevadas esta semana a París, en el marco del encuentro promocional «Argentina Week».
El presidente Javier Milei buscó en la capital francesa tentar al mundo de los grandes negocios, con frases como: «Son bienvenidos para llenarse los bolsillos en la Argentina».
También afirmó que los principales agregados económicos se encuentran en niveles máximos y proyectó que durante el cuatrienio de su gestión «vamos a crecer entre el 18% y el 20%».
Para reforzar la confianza externa sobre los resultados de su política, Milei añadió que si logra la reelección el año próximo, «2028 va a ser el mejor año económico de nuestra historia, y eso va a verse tanto en los mercados financieros como en la economía real».
En el mismo tono salió al cruce de los datos difundidos por el Indec sobre el enfriamiento de la actividad económica, que estaría entrando en recesión (evento que formalmente ocurre cuando se verifican dos trimestres consecutivos de caída).
Frente a la medición oficial, Milei señaló: «Los indicadores están arrojando cualquier cosa (…). Lo que hay es una desaceleración del ritmo de expansión».
Relatos y realidades
Los relatos del presidente y de sus colaboradores inmediatos se reflejan además en los pronósticos que figuran en el proyecto de Presupuesto de la administración pública.
Empezando por la estimación de un crecimiento del Producto Bruto del 3% este año y del 4% el próximo, vaticinios que contrastan hasta con el cálculo del banco de inversión estadounidense JP Morgan, según el cual la expansión de 2026 no pasará de 1,5%.
De más estaría consignar que la visión del Gobierno sobre la marcha de la economía no se condice con las evidentes dificultades que atraviesa la mayor parte de los hogares y las pequeñas y medianas empresas de los más variados sectores.
Vale señalar, además, que el crecimiento del que habla Milei para el período 2023-27 solo se verificaría en el caso de que se registren aumentos promedio inverosímiles, de 7% este año y el que viene.
El presidente también tuvo palabras optimistas durante su exposición virtual en el 62º Coloquio del foro empresario IDEA.
Allí volvió a demandar apoyo para su reelección, al afirmar que «en seis meses a la Argentina no la van a reconocer», si en los próximos comicios consigue mayorías en el Parlamento. Tras ese ansiado triunfo, dijo Milei, «las velocidades de las reformas serán únicas e irrepetibles en el mundo».
Modelos
Los discursos oficiales siguen el mismo patrón argumental. Las dificultades que afronta el grueso de la población y gran parte del empresariado de todo tamaño se explicarían por el modelo previo, que todavía, aseguran, no fue desmontado pese a que la experiencia libertaria lleva ya casi tres años de aplicación.
En esa línea se insiste en sostener que hay que esperar el tiempo que haga falta para que empiecen a notarse los beneficios del cambio de modelo.
Por supuesto, poco parece importar que en el camino se registre la continuidad de la inflación (que, aun más moderada, sigue mellando los ingresos de trabajadores y jubilados), los saltos en el desempleo y en los niveles de pobreza o la distribución cada vez más regresiva del ingreso.
En este último aspecto, se conoció esta semana que el 10% de la población más rica posee ingresos equivalentes a 18 veces lo que percibe el decil más pobre. Eso, sin considerar que el Indec no contempla en su cálculo a los ingresos mayores a 25 millones de pesos mensuales.
Lo cual muestra que, en una Argentina de matriz extractivista, sustentada básicamente en los minerales, los hidrocarburos y la producción agropecuaria, concentrada en un número reducido de grandes productores y compañías exportadoras, el valor agregado no beneficia más que a unos pocos grupos locales y multinacionales.
A tal extremo se llegó que la vocera del FMI, Julie Kozack, instó a «lograr que el crecimiento, que hasta ahora se concentró mayoritariamente en los sectores energético, minero y agrícola, se amplíe y se distribuya de manera más equitativa entre los distintos sectores de la economía y entre los trabajadores».
Esquema que se completa con el creciente alineamiento de la Argentina y Estados Unidos en áreas cada vez más amplias, que llegan a afectar decisiones soberanas, desde la economía y las finanzas hasta las políticas de seguridad y la definición sobre cuáles deben ser los países amigos y enemigos.
