Opinión

Carlos Heller

Dirigente cooperativista

El modelo del FMI para la Argentina

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Cita en Bangkok. Georgieva y Caputo, junto a representantes de Grecia y Nigeria, durante el encuentro celebrado en Tailandia.

Foto: AM2026Thailand

La señal se produjo en medio de un diálogo público en Bangkok, Tailandia, entre la directora gerente del Fondo Monetario Internacional y el ministro de Economía argentino, Luis Caputo, en ocasión de la asamblea anual del organismo y el Banco Mundial 

Kristalina Georgieva dijo allí que la Argentina (el mayor deudor del FMI) será como Grecia, «pagarán por adelantado». Caputo le respondió: «Usted se sorprenderá, pero eso ya está sucediendo».

Esas referencias buscaron ser tranquilizadoras para los acreedores, sin entrar en detalles sobre el caso griego.

La realidad es que el país europeo atravesó más de una década de ajustes draconianos, privatizaciones y reformas que derivaron en una contracción de la economía cercana al 25%, lo que acarreó grandes perjuicios sociales y daños en el tejido productivo. 

En la Argentina, los padecimientos por los que atraviesa la mayor parte de la población y de las empresas pequeñas y medianas se relacionan también con las políticas impuestas por el Fondo. 

Y no está de más recordar que los pesados condicionamientos del prestamista con sede en Washington reconocen su origen en el crédito solicitado en 2018 por el entonces presidente Mauricio Macri. En aquel momento cuestioné la decisión de recurrir al FMI a la vez que anticipé la subordinación y pérdida de autonomía que iba a implicar.


Argumentos
Ante las dificultades del Gobierno, cada día más evidentes, para cumplir objetivos mínimos en materia de estabilización de precios, actividad económica y pago de las deudas, la cita de Bangkok fue el escenario en el cual Caputo renovó argumentos para mantener el apoyo de los inversores externos.

El presidente Javier Milei, en tanto, hizo su parte al graficar que el Gobierno cuenta con una «bazuka de dólares» para contener una situación de posible volatilidad en 2027. Ese respaldo, curiosamente, fue cifrado primero en 75.000 millones de dólares y horas después se lo cuantificó en 125.000 millones, cuando la realidad es que esas sumas se basan en ítems que no son de disponibilidad segura ni inmediata.

La respuesta del mercado no fue la prevista en la Casa Rosada: el riesgo país continuó subiendo y se mantiene por encima de los 600 puntos debido a factores domésticos que se suman al deterioro del contexto global. 

En cuanto a la economía real, y contra lo que revelan las propias estadísticas oficiales, Caputo afirmó: «Desafiamos la teoría de que esto podría ser recesivo». 

Declaraciones que chocan incluso con los pronósticos del mismo Fondo Monetario, que revisó a la baja sus proyecciones para la argentina en el último informe de Perspectivas de la Economía Mundial. 

El crecimiento local para este año sería, según este pronóstico, del 2,1% (desde el 3,5% que se estimaba en julio) y para 2027, del 3,5% (desde el 4%). Un recálculo considerable en un lapso muy corto. 

En igual sentido, el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM, que recoge las expectativas de analistas locales) redujo fuertemente sus estimaciones. 

El sondeo coordinado por el Banco Central reveló que para este año se espera una expansión de apenas 1,5%. Es decir, 0,6 puntos porcentuales menos de lo previsto en agosto y 2 puntos por debajo de lo vaticinado en diciembre de 2025.

La realidad es que el despegue pronosticado por el Gobierno es muy dudoso, y en ese contexto el empleo sigue cayendo: en julio se registró un descenso mensual de 15.500 trabajadores y trabajadoras formales. Así se acumuló en doce meses una pérdida de 136.500 puestos laborales en blanco, la mayor parte en el sector privado.

Desde el inicio de la gestión libertaria quedaron cesantes 266.000 asalariados privados, a los se agregan 83.000 agentes del sector público y 22.000 empleados de casas particulares. 

Por ramas, comparando con noviembre de 2023, uno de los sectores más golpeados es la industria (91.000 trabajadores menos), junto a la construcción (-64.000) y el comercio (-19.400). Una radiografía del perfil productivo que despliega el modelo basado en el agro, la minería y la energía, que no son dinámicos en términos de empleo. 


Derechos
La explicación del secretario de Trabajo, Julio Cordero, es que «no todo el mundo quiere trabajar en relación de dependencia con las obligaciones que la relación de dependencia conlleva». 

Al funcionario, por lo visto, no le preocupa demasiado la pérdida de derechos de aquellos que pasaron a situaciones de desocupación abierta, o en el mejor de los casos, al empleo por cuenta propia. 

Desde su óptica, los despidos deberían ser interpretados como hechos naturales, aun en períodos de expansión económica, ya que están en la esencia del sistema laboral, como llegó a afirmar el mencionado funcionario durante su gestión en el Gobierno macrista.

Por cierto, la resistencia popular a esos conceptos y al rumbo socioeconómico actual sigue latente, y solo es contenida represión mediante, como volvió a ocurrir esta misma semana frente al Congreso nacional, cuando una multitud expresaba su repudio a los recortes presupuestarios en múltiples áreas.

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