24 de octubre de 2026
Reconocido por sus relatos y poesías, Diego Muzzio abreva en la historia argentina y en el género gótico en la novela El intercesor, a la vez que analiza las claves del oficio en el ensayo Fiel a mi demonio.

Larga distancia. El ganador del Premio Medifé-Filba 2023 vive en Le Mans, Francia.
Foto: Mariano Herrera
El teniente Francisco Vidal, estudiante de medicina, es acusado de traición por el Restaurador de las Leyes, degradado y enviado a un ignoto fortín de la frontera sur de la provincia de Buenos Aires. En el desierto profundo se encuentra con una fauna de hombres y mujeres abandonados a la buena de dios, que parecen fantasmas o una parodia de sí mismos. Pero, sobre todo, conoce a Tumbo, enigmático soldado que practica oscuros rituales ancestrales y que, en ese paisaje desolador, hace que lo racional y definible se difumine entre la neblina y la sal, la luz y la oscuridad. Así podría resumirse El intercesor, de Diego Muzzio, recientemente publicado por el sello Minotauro con ilustraciones de Julián De La Mota.
La prosa se impone en la construcción de las imágenes y las descripciones del paisaje («marejadas de polvo desfiguraban la línea del horizonte», «los últimos destellos del sol se hundían en la superficie de la sal y saltaban luego hacia la atmósfera como aristas quebradas»), un uso profuso, retórico y lúcido del lenguaje. No son pocas las novelas editadas en los últimos años que se ubican en la pampa del siglo XIX, ese espacio mítico al que Drieu La Rochelle llamó «el vértigo horizontal».
«Me gusta la historia, la universal y también la argentina», cuenta Muzzio en diálogo con Acción desde Francia, donde reside desde hace más de dos décadas. «Siempre he leído libros de historia y una de mis primeras obsesiones fueron las guerras civiles argentinas, unitarios y federales, la época de Rosas. Sarmiento, Mansilla, Echeverría, Mármol. Todos esos temas están entre mis primeras lecturas. Siempre sentí cierta nostalgia de esa época, que no viví, salvo como lector. También tiene mucho que ver el hecho de que, de chico, viví en General Roca y luego en Bahía Blanca. Y ese paisaje, el desierto, la Pampa, me marcó de algún modo», señala.
Casi en paralelo, Muzzio acaba de publicar Fiel a mi demonio, en la colección Íntima de Godot, donde a partir de sus lecturas y escrituras hace un viaje introspectivo y repiensa su vocación, su destino, su forma de vida. «Lo primero que puedo decir es que me sorprendió y alegró al mismo tiempo recibir la invitación de Víctor Malumián, editor de Godot, para escribir en la colección», confiesa. «Escribir el libro fue un ejercicio de memoria e introspección. Generalmente, estoy muy concentrado en lo que estoy escribiendo en el momento; como explico en Fiel a mi demonio, no tengo todo el tiempo que quisiera para escribir y, por lo general, no siento una inclinación particular hacia la teoría ni a preguntarme por qué escribo o cómo. Llevar adelante una historia, terminar un libro, ya es en sí mismo un trabajo consecuente. Tengo que aprovechar al máximo las horas de escritura y concentrarme en avanzar en mi trabajo».
Ficción y realidad
En poco más de 20 años de carrera, Muzzio ha publicado los libros de cuentos Mockba y Doscientos canguros, la colección de nouvelles Las esferas invisibles, además de una decena de libros para el público infantil y varios títulos de poesía. Su primera novela, El ojo de Goliat, recibió el Premio Fundación Medifé-Filba 2023. «Siempre es agradable recibir un premio», dice. «Te reafirma en tu trabajo y permite que el libro llegue a más lectores, como fue el caso después de recibir el Medifé-Filba». Si bien su obra suele bordear el terror, el gótico y la ciencia ficción, no se considera un autor de género. «Utilizo lo que necesito en cada caso para contar lo que quiero contar, de la mejor manera posible», explica.
Sobre su forma de trabajo, reconoce que, como primera medida, no hace planes. «Parto de una idea muy difusa, que me entusiasma lo suficiente como para lanzarme a escribir enseguida, sin mucha reflexión. Y la trama y los personajes se van armando a medida que avanzo en el proceso de escritura», manifiesta. «Es un método, o una falta de método, que por momentos puede ser un poco frustrante, porque inevitablemente llegás a un punto en el que no sabés cómo sigue la historia, o tenés que volver para atrás, porque el camino que tomaste no te cierra. Pero es divertido, es como encarar una aventura. No podría hacerlo siguiendo un plan: no habría sorpresa y al primero que tiene que sorprender la historia es a mí mismo».
Muzzio vive en Le Mans desde hace 24 años; allí se instaló ya que su compañera es francesa. Siente, dice, que no hay diferencia entre trabajar desde allá o en nuestro país, pero que sí cambia aquello que está más allá de la escritura misma: la relación con los colegas, la posibilidad de acceder a los libros que se van publicando. Respecto de cómo ve a la Argentina a la distancia, apunta que «con tristeza, con bronca, con desesperanza. Muchas veces, al leer los diarios, tengo la impresión de que la realidad supera a la ficción: es desolador. No puedo entender cómo hemos llegado a este punto, cómo hemos caído tan bajo como sociedad para tener a esta gente en el poder. El neoliberalismo está haciendo estragos desde hace ya demasiado tiempo en el mundo, y si las sociedades no logran oponerse a este tipo de políticas, que en general no favorecen al conjunto de la gente, la embestida será cada vez peor, cada vez más salvaje. Como dice Yeats en ese verso célebre: “Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad”».
