29 de agosto de 2025
Una iniciativa solidaria sostiene desde hace décadas la asistencia a familias del monte chaqueño en situación de extrema vulnerabilidad. Apoyo del Banco Credicoop.

Recorrido. Más de 70 horas de viaje lleva el camino a los parajes, donde viven unas 600 personas.
Foto: Gentileza Fundación El Impenetrable
Cada dos meses, Juan García parte desde la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña rumbo al Impenetrable chaqueño con su camioneta cargada de alimentos, ropa, medicamentos y, cuando hay, también juguetes y golosinas. Son más de 70 horas de recorrido entre caminos de tierra y largas paradas para llegar a los parajes más remotos donde viven cerca de 600 personas, en su mayoría niños y ancianos.
El operativo –que acaba de regresar de su viaje número 200– comienza un sábado a las cinco de la mañana. Después de unas siete horas de viaje, Juan llega a Fuerte Esperanza, donde lo esperan colaboradores locales que le ofrecen un plato caliente y un lugar para clasificar las donaciones. Por la tarde arranca la distribución en los ranchos más cercanos. El domingo, bien temprano, se interna en el monte, donde visita unos 50 hogares desperdigados en zonas de muy difícil acceso. A cada uno se le entrega una canasta de alimentos básicos que incluye arroz, polenta, harina, yerba, azúcar, aceite y fideos. En total, 21 kilos por familia.
«Hasta 2015 podíamos hacer un viaje por mes. Hoy, con mucho esfuerzo, llegamos a seis al año», cuenta Juan, que organiza todo a pulmón con el respaldo de colaboradores voluntarios. Los pedidos y novedades se comunican a través de un grupo de WhatsApp y de la página de Facebook «El Impenetrable y Juan», donde también se reciben donaciones, entre las más necesarias, alimentos, medicamentos, calzado, colchones. También recibe contribuciones a través de una cuenta bancaria de la Fundación en el Banco Credicoop.

Insumos vitales. Alimentos, ropa y medicamentos, algunas de las donaciones que García traslada en cada viaje.
Foto: Gentileza Fundación El Impenetrable
La historia comenzó en 1995, cuando Juan, dirigente desde hace muchos años de la Comisión de Asociados de la filial Roque Sáenz Peña, decidió devolver algo de lo que el Chaco le había dado en su niñez. «Pasé por lo que muchas de esas familias viven hoy. Sentí que tenía que hacer algo, y dentro de mis posibilidades, empecé a ayudar», recuerda. Junto con el médico Miguel Luis Chiavaza emprendieron los primeros viajes y poco a poco sumaron más personas solidarias. Con el tiempo, la experiencia dio origen a una fundación formal, reconocida en 2021 por la Inspección General de Personas Jurídicas y Registro Público de Comercio.
Hoy, la Fundación asiste a más de 50 familias con un enfoque integral: alimentación, salud, vivienda y educación. También promueve acciones culturales que permiten recuperar saberes propios y fortalecer la autosuficiencia comunitaria. «Contamos con el apoyo de profesores de la Escuela de la Familia Agrícola N°1 de Fuerte Esperanza, que nos ayudan con el alojamiento, el relevamiento de las zonas más críticas y la clasificación de las donaciones», explica. En algunos viajes participan también médicos y estudiantes de medicina, lo que permite ampliar el alcance de la asistencia.
No hay estructuras formales, ni oficinas ni intermediarios. Solo Juan, su camioneta, y una red de voluntades que hacen posible que la ayuda llegue a donde más se necesita. «Esto no es una ONG. Es el fruto del compromiso y la solidaridad de personas comunes que no se resignan a mirar para otro lado», concluye.