6 de enero de 2026
Como consecuencia del ajuste de ingresos, la pérdida de poder adquisitivo y la suba de servicios públicos, el gasto cotidiano de los hogares sigue sin repuntar. Estrategias para llegar a fin de mes.

En caída. Además de modificar sus elecciones, el consumidor realizó fuertes recortes en sus compras.
Foto: Getty Images
En noviembre, el consumo en Argentina volvió a mostrar señales de retroceso, con una caída del 1,3% mensual y un descenso interanual del 2,8%, según el último Indicador de Consumo (IC) elaborado por la Cámara Argentina de Comercio (CAC). Un retroceso que impresiona como apabullante si se lo contextualiza en la caída histórica del 16% en 2024. Por su parte, un reciente informe de la consultora Scentia mostró porcentajes similares a la CAC, y sostuvo que, «ante el estancamiento de los salarios reales y la mayor precariedad laboral, se está viendo un cambio en los patrones de gasto, que incluye compras más frecuentes, pero de menor monto y migración hacia marcas más económicas». No era a este cambio en la manera de consumir al que se refería el presidente Javier Milei en la entrevista con uno de sus periodistas de cabecera. «De hecho, estamos en máximos históricos de consumo. Lo que está cambiando es la forma en que consumen las personas», dixit el mandatario. Ni tampoco hacía alusión a la modalidad relevada por el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (CENARSECS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). De acuerdo con un trabajo del Centro, el 72% de los argentinos tuvo que ajustar sus gastos personales o familiares durante los últimos tres meses. El informe mostró que, de ese 72%, el 43% de los hogares realizó recortes significativos, mientras que otro 29% efectuó reducciones menores. Por su parte, el 23% mantuvo estable su consumo, y apenas el 5% señaló haberlo incrementado.
La explicación de esta caída, que se extiende ya por 24 meses, y no tiene prospección positiva, se basa en dos ejes principales: la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, con paritarias que no acompañaron a la inflación, y los incrementos en las tarifas de los servicios públicos, que corrieron más rápido que la suba de ingresos.
El poder adquisitivo promedio de los salarios registrados se redujo un 5,5% entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, de acuerdo con el Índice de Salarios del INDEC, sostiene un trabajo de FLACSO. Y agrega que dicha pérdida no resultó igual para todos los trabajadores. Si bien los que se desempeñan en el sector privado empatan la situación, la de los empleados del sector público es más dramática. «Con el actual Gobierno perdieron en promedio un 14% de su poder de compra, y el nivel actual resulta casi 38% menor al de los últimos meses de 2015».
Además, la medición del salario que realiza el INDEC no contempla el ingreso real disponible –el dinero que queda luego de pagar los gastos fijos–. De acuerdo con la consultora del exministro de Economía Hernán Lacunza, en 2025 el ingreso disponible mostró una leve, muy leve mejora, y aún está un 7% por debajo de noviembre de 2023, producto de la quita de subsidios y el consecuente aumento de las tarifas de servicios públicos (muy por encima de la inflación), y que, en la práctica, deja los bolsillos de los trabajadores mucho más flacos y restringe la capacidad de compra.

Fuertes subas. Desde hace dos años, el pago de tarifas de los servicios públicos recortan el ingreso disponible de las familias.
Foto: Jorge Aloy
Estrategias
Entre diciembre de 2023 y el mismo mes de 2025, la canasta de servicios públicos –electricidad, gas natural, agua potable y transporte– acumuló un alza del 561%, frente a una inflación del 185% en el mismo período, de acuerdo con datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), de la UBA y el Conicet. Mientras que el transporte público aparece como el principal factor de presión sobre el presupuesto familiar, como consecuencia del incremento del boleto –937% entre diciembre de 2023 y mismo mes de este año–, «el grueso del ajuste se produjo en 2024», sostiene el informe. En 2025, las subas perdieron intensidad en el marco del año electoral y acompañaron el IPC. Pero a no entusiasmarse. A partir del 1 de enero, el Gobierno pone en marcha una reconfiguración integral del esquema de subsidios energéticos, que implicará nuevos incrementos en las tarifas, que impactarán en particular en la clase media, el segmento N3 de la escala, hogares con ingresos superiores a tres canastas básicas totales. No debe sorprender cuando la quita de subsidios −junto con el atraso salarial− es uno de los pilares de la gestión libertaria para consolidar su programa de superávit fiscal.
Volvamos a las encuestas. Management & Fit, en una muestra representativa del total país, informó que el 50,4% de los encuestados declaró no llegar a fin de mes. Mientras el 11,5% puede ahorrar, el 37,4% llega «justo», el 32,6% llega, pero con dificultades, y el 17,8% no llega.
Con los ingresos y el consumo por el piso, los hogares no perciben una recuperación tangible en su vida cotidiana. En consecuencia, utilizan distintas estrategias para remontar una situación que lleva más de dos años. Una de ellas, es endeudarse «para llegar», aún con tasas de interés muy elevadas. Volvemos al inicio de esta nota, porque con ingresos desfasados, ajustados a la baja o apenas a la par de la inflación, el pago de esos créditos se vuelve cada vez más complicado. De acuerdo con el Informe sobre Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de octubre de 2025, la morosidad de las familias se triplicó y es la más alta desde 2010. Llegó al 7,8%, desde el 2,5% que arrojó en octubre de 2024. Así, la mora de los hogares para pagar sus préstamos personales y sus tarjetas de crédito crece de forma sostenida desde hace un año. El 9,9% de mora en los préstamos personales, y el 7,7% en tarjetas de crédito, marcan también un récord histórico. Esta es la situación con instituciones bancarias donde el aumento de las tasas de interés de los últimos meses pegó de lleno en la respuesta de los hogares.
Si se hace foco en los compromisos contraídos con entidades no bancarias, como billeteras virtuales, financieras, cooperativas y grandes cadenas comerciales, el escenario se complejiza. Del 7,4% registrado en noviembre de 2024 pasó al 20% en octubre de este año. Un salto de casi tres veces en apenas once meses, de acuerdo con datos del Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central, procesados por la consultora EcoGo. De acuerdo al BCRA, el stock de deuda con entidades no bancarias se mantiene en máximos históricos, cercano a los 12,2 billones de pesos, equivalentes al 1,3% del PBI. Y claro, repercute en el endeudamiento total de los hogares. Si se suman compromisos con bancos y prestamistas alternativos, ya representa el 137% de sus ingresos, frente al 100% del año pasado.
Raro programa económico libertario que registra crecimiento de la economía con crecimiento del desempleo y gana elecciones con salarios y consumo por el piso.
