Cooperativismo | CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN

Un acto colectivo de cuidado

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María José Ralli

Se realizó un taller que abordó la temática de la salud mental desde la perspectiva cooperativa. Un espacio de encuentro para pensar desde una práctica comunitaria y emancipadora.

Puesta en común. Referentes del IMFC, CCC y entidades de salud mental abordaron diversos aspectos del sector.

Foto: Jorge Aloy

Se realizó el Taller de Promoción y Prevención de la Salud Mental desde la perspectiva cooperativa. El encuentro, organizado en el marco del Año Internacional de las Cooperativas y del Día Internacional de la Salud Mental, tuvo lugar en el Centro Cultural de la Cooperación y fue organizado por las cooperativas Apalabrar (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Tramas (Santa Fe), Ñikemen (Merlo, provincia de Buenos Aires) y Abriendo Caminos (Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires), junto con la Federación Argentina de Entidades Solidarias de Salud (Faess), la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar) y el Centro Cultural de la Cooperación.

El objetivo fue visibilizar los servicios y experiencias de las cooperativas vinculadas con la salud mental, generar redes de acompañamiento y construir estrategias colectivas para promover el bienestar psicosocial. En un contexto social crítico, atravesado por el ajuste y la fragmentación, la salud mental se planteó como una problemática que puede y debe abordarse desde la solidaridad, la cooperación y el trabajo comunitario.

La apertura estuvo marcada por la lectura de una carta enviada por Pablo Rodofili, abogado de Faess, a través de Mariana Pacheco, presidenta de la cooperativa Apalabrar. «Pensar la salud mental desde el cooperativismo es una necesidad urgente», apuntó Rodolfi, y graficó: «A veces siento que lo que vivimos se parece al mito de Babel: cada vez que el Estado persigue, fragmenta o desconfía, vuelve a levantar la mano de Babel sobre quienes intentan trabajar y vivir colectivamente».

Además, reflexionó sobre la salud mental: «No creo que la patología esté en las personas, sino en las estructuras que nos separan», y advirtió que se trata de «un territorio político y jurídico donde se define quién puede vivir con dignidad». «Las cooperativas, cuando son verdaderas, no solo acompañan: generan salud donde el mercado produce enfermedad y reparan la autoestima colectiva que destruyen las políticas de ajuste», sintetizó en la misiva y señaló al cooperativismo como «un dispositivo de reparación, devolviendo sentido, pertenencia y palabra». En el fondo, dijo, «todo se resume en algo simple: cuidar a las personas es sostener el proyecto emancipador; sin cuidado no hay libertad, y sin libertad cooperativa no hay salud mental posible.»

Reflexión común
Desde la cooperativa Apalabrar, la psicóloga social Aixa Uzubiaga subrayó el valor de haber construido un espacio de reflexión común entre cooperativas de distintos territorios y con diversas experiencias.

«Este taller nació de un trabajo conjunto entre cooperativas de profesionales en salud mental y cooperativas de inclusión sociolaboral (Copisol), integradas por usuarios y usuarias que encontraron en el cooperativismo un espacio propio de trabajo y participación», dijo y resaltó que el encuentro tuvo como propósito pensar los problemas actuales del sector y construir de manera conjunta herramientas de prevención y promoción.

Del taller participaron cooperativas, tanto de forma presencial como virtual, que se organizaron en grupos de trabajo que debatieron sobre factores saludables en el ámbito laboral, los límites del autocuidado individual, la empatía en las prácticas colectivas y la importancia de cuidar las palabras y los espacios psicosociales. Estuvieron presentes, entre otros, Federico Bejarano (Cooperativa La Huella), Susana Gerzenson (Faess), las referentes cooperativistas Valeria Mutuberría y Gabriela Buffa, Daniel Bellocchio del IMFC, César Besañes, gerente de Cooperar y Marcelo Betti, de la Comisión de Discapacidad de Cooperar.

Así, mientras uno de los grupos virtuales habló de la necesidad de una buena forma de encuentro, de la unión entre cuerpo, mente y sociedad para generar bienestar, otros grupos reflexionaron sobre el trabajo en equipo dentro del cooperativismo, los beneficios y desafíos de la grupalidad, y la búsqueda de estrategias conjuntas.

«La propuesta final del taller fue pensar hábitos saludables para incorporar en la vida cotidiana», resumió Uzubiaga y destacó: «Hubo un clima de afecto y de redes, donde participaron tanto integrantes del movimiento cooperativo como personas interesadas en la temática. Pensar la salud desde lo cotidiano, desde los vínculos y el trabajo, es parte de construir una buena salud mental».

Para Mariana Pacheco, miembro de la Comisión de Discapacidad de Cooperar, el balance fue profundamente positivo: «Podemos decir que este encuentro fue, en sí mismo, un acto de salud mental» y celebró, además del encuentro, la posibilidad de «compartir miradas, conocernos y poner en común experiencias personales y colectivas».

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