14 de enero de 2026
Los incendios que arrasaron los bosques del sur del país tienen causas y responsables. El cambio climático y el abandono estatal son factores de riesgo difíciles de mitigar. Impactos económicos y sociales de un ecocidio anunciado.

Puerto Patriada, Chubut. Los daños materiales y ambientales son difíciles de calcular.
Foto: EGMfotos/Agustín Gonzalez Gamarra
Decenas de miles de hectáreas quemadas, miles de personas evacuadas, incontables daños materiales e irreemplazables daños ambientales en las parcelas que, después del fuego, ya no volverán a ser las mismas. Los incendios forestales que desde hace semanas consumen la vegetación y la infraestructura humana de zonas cordilleranas de las provincias de Chubut, Neuquén y Santa Cruz no son eventos nuevos, pero sí son cada vez mas más intensos y frecuentes como causa del cambio climático, y más graves por el abandono del Estado nacional, que ha desfinanciado y subejecutado fuertemente las partidas destinadas al cuidado de la naturaleza en Argentina.
Sin datos oficiales precisos respecto a la cantidad de hectáreas quemadas (ya no existe el reporte diario de incendios que publicaba el –ahora también inexistente– Ministerio de Ambiente), la única fuente nacional es la Agencia Federal de Emergencias dependiente del Ministerio de Seguridad, que en la mayoría de los casos deslinda la responsabilidad de brindar esa información en las provincias o municipios afectados. Según ONGs como Greenpeace, ya se quemaron al menos 21.000 hectáreas, una superficie equivalente a más de la mitad de la extensión de la CABA.
La falta de información oficial precisa sobre superficie quemada y sobre el origen de los incendios contrasta con la abundante información existente sobre el papel del cambio climático en los incendios forestales, así como sobre los recortes y subejecuciones presupuestarias que el Gobierno nacional aplicó a las áreas estatales encargadas de actuar en estas situaciones.
Más calor, menos agua
La Patagonia es un sistema muy sensible a la variación climática donde, en las dos últimas décadas, los científicos han constatado un aumento de la temperatura y una disminución de los promedios de precipitaciones, el alimento que nutre a las temporadas de incendios a gran escala. Así se desprende, por ejemplo, de un trabajo elaborado por un equipo del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente de la Universidad Nacional del Comahue publicado en 2022 en la revista Science of the Total Environment.
La investigación –basada en una proyección de la probabilidad de incendios y vulnerabilidad de bosques en la región andino patagónica bajo diversos escenarios de cambio climático esperados para mediados y fines de este siglo– establece que esa probabilidad será cada vez mayor hacia 2050 y empeorará para finales de siglo. «Bajo los escenarios climáticos más pesimistas, el modelo estima que la probabilidad histórica de incendios se duplicará o triplicará para mediados de siglo XXI, mientras que para fines de siglo, la probabilidad de incendios será entre siete y ocho veces mayor a la histórica», dice el trabajo, que agrega que «aún para escenarios de emisión más plausibles, el modelo predice una duplicación de los incendios para mitad de siglo y una triplicación o cuadruplicación al terminar el siglo XXI».

Recortes. Los aviones hidrantes redujeron drásticamente sus horas de vuelo en los últimos dos años.
Foto: NA
Las condiciones meteorológicas de este verano en la Patagonia argentina confirman ese patrón: un informe del INTA advierte un escenario de estrés hídrico importante para esta temporada estival. Según los técnicos del organismo (cuyo presupuesto asignado cayó un 20% durante el año pasado) el mayor problema es la escasa acumulación de nieve en las altas cumbres, así como un régimen de precipitaciones que desde hace 14 o 15 años se mantiene por debajo de los valores normales. Esto hace que las cuencas de los ríos Limay y Neuquén tengan entre un 30% y un 40% menos de agua de sus promedios anuales históricos.
Menor presupuesto
Los efectos del cambio climático encontraron en Argentina un terreno liberado para actuar, ya que para la gestión nacional libertaria el cuidado de la naturaleza no existe, tal como demuestra el comportamiento presupuestario del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), la herramienta más importante a nivel nacional. Según un análisis de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), durante el año pasado ese organismo no ejecutó el 25% de los recursos asignados, lo que equivale a casi 20.000 millones de pesos «que podrían haberse destinado a fortalecer la infraestructura, el equipamiento, las instancias de capacitación y las condiciones laborales de las y los brigadistas». El año anterior (2024), el Servicio solo usó el 22% de las partidas disponibles.
A eso se suma una caída real del 71% proyectada en el Presupuesto 2026, siempre según la FARN: «Para este año se proyecta una caída real del presupuesto del SNMF del 68,9% respecto de 2023 y del 71,6% en comparación con 2025», dice esa organización, que agrega que además se observa una fuerte reducción de la participación del SNMF en el presupuesto total: mientras que en 2023 representaba el 0,032%, en 2026 será del 0,014%, una caída del 57% en su participación relativa.
También hay una «marcada reducción» en las horas de vuelo de aviones hidrantes: mientras que en 2023 estaban programadas 5.100 horas –solo se concretaron 3.058–, para 2026 se proyectan 3.100. A eso se suma una menor cantidad de informes de alerta temprana y de evaluación de peligro de incendios, ya que se pasó de 2.310 informes previstos en 2025 a apenas 1.850 en 2026. «Los montos asignados y ejecutados permiten visualizar que el manejo del fuego no es una prioridad», concluyeron desde la Fundación».
Nuevos patrones
Los impactos económicos, sociales y ambientales de incendios forestales cada vez más frecuentes, intensos y severos son incalculables. En un escenario marcado por el cambio climático y sus nuevos patrones de clima extremo, los Estados deben avanzar en políticas de mitigación y adaptación tanto para disminuir las causas del calentamiento global (revirtiendo la matriz energética) como para estar mejor preparados (sistemas más eficientes de combate de incendios). Exactamente lo contrario que hace cada día el Gobierno nacional argentino.
«La inacción climática estatal vuelve a empeorar los incendios en la Patagonia», se llama un documento reciente firmado por una veintena de organizaciones socioambientales. El documento enumera varios factores que agravan el problema: plantaciones de pino sin manejo ni regulación, crecimiento demográfico exponencial, falta de planificación urbana, desinformación e intentos de modificar la legislación respecto del uso del suelo «crean las condiciones para agravar los efectos devastadores del fuego». «La crisis climática está aquí y es ahora –sintetiza el texto–, podemos elegir responder ante ella o seguir intentando mirar para otro lado mientras el fuego incrementa cada vez más».
