31 de enero de 2026
Este sábado se cumplen 17 años de la desaparición forzada del adolescente de 16 años Luciano Arruga, ocurrida el 31 de enero de 2009, a manos de la Policía Bonaerense. El caso se convirtió en uno de los más emblemáticos de violencia institucional.
Con motivo del aniversario a las 16:30 horas, familiares, allegados y las militancias se reunirán en el Espacio Luciano Arruga ubicados en la calle Comisionado José Indar 106, en Lomas del Mirador. Allí realizarán una radio abierta bajo el lema “¡que arda!”.
Vanesa Orieta, hermana de Luciano señaló a Tiempo Argentino: “Desde el año 2024 en adelante vivimos una avanzada en la faz represiva nunca antes observada en democracia. El gobierno de Javier Milei y sus secuaces, que incluye a Patricia Bullrich entre sus filas, está llevando adelante un ajuste fenomenal, un desguace estatal sin precedentes y con un discurso abiertamente reaccionario y conservador” y agregó: “Es lo que le da rienda suelta a la aparición de horizontes de sentido xenófobos, racistas, homofóbicos, machistas y negacionistas que muchos pensaron que se habían erradicado”.
La socióloga contextualizó con la reforma penal juvenil. Explicó que el proyecto del Gobierno Nacional que busca bajar la edad de la punibilidad de los 16 años a los 13 o 14 permanece en el Congreso de la Nación es regresivo.
El 31 de enero de 2009 miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires secuestraron y desaparecieron a Luciano Arruga, de 16 años. Un tiempo antes, intentaron captarlo para integrar una red de jóvenes que los uniformados mandaban a robar, liberando la zona y asegurando quedar fuera de las redes de la justicia. Luciano se negó y pagó muy caro su negativa, describió el matutino.
Primero sufrió el hostigamiento sistemático de la fuerza policial. Por ejemplo, no poder transitar tranquilo por el barrio era algo que conversaba mucho con su hermana Vanesa. También hablaban sobre discriminación, porque Luciano comenzaba a sentir la presión de la persecución, por “portación de rostro”, por el barrio donde vivía, por la forma que eligió de vestir.
Según la reconstrucción de su desaparición, había sido atropellado en la madrugada de ese mismo 31 de enero luego de intentar cruzar –con ropa que no era de él– la General Paz por el medio, un lugar imposible siendo que la avenida tiene sus cruces peatonales. Herido por el atropello, Luciano fue trasladado en ambulancia al Hospital Santojanni, donde murió. Fue inhumado como NN, pese a que la familia de Luciano salió desde el inicio a denunciar su desaparición. La lupa de la familia se posaba sobre la Bonaerense, y luego la investigación les dio la razón: la persona que lo atropelló declaró que esa noche había visto una camioneta doble cabina sobre la colectora de la avenida. El conductor también dijo que Luciano “corría desesperado, como si estuviera escapando de algo”. Nunca se profundizaron estas líneas de investigación, detalló el portal lavaca.org.
