Opinión

Alejandro Schachter

Economista

De la teoría a los hechos

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Foto: Jorge Aloy

Habiendo transcurrido más de dos años de gestión del actual Gobierno, podemos afirmar que muchos de los resultados económicos sirven para contrastar la prédica libertaria contra los datos de la realidad.

Un primer ejemplo es el de la relación entre la política monetaria y la inflación. Al momento de la asunción del Gobierno, en diciembre de 2023, el propio presidente indicó que terminaría con la inflación en un lapso de «entre 18 y 24 meses», debido al «rezago de la política monetaria». Lo cierto es que, habiendo superado dicho período, no solo no se vislumbra el fin de la inflación sino que la misma ha tenido una trayectoria ascendente en los últimos ocho meses. A ello se le suma la reciente intervención sobre el Índice de Precios al Consumidor, con la cual se postergó la aplicación de la canasta actualizada; esta ponderaría en mayor medida, por ejemplo, los servicios públicos, cuyas tarifas crecieron en estos dos años muy por encima de la inflación general.


Otro punto es el referido al ajuste de las cuentas públicas. También en su asunción, el presidente enfatizó que «los empresarios no invertirán hasta que vean el ajuste fiscal». No obstante, en estos dos años se ha producido un recorte sin precedentes en obra pública, salarios estatales y jubilaciones, pero las prometidas inversiones están lejos de concretarse. Solo como dato, la Inversión Extranjera Directa arrojó en 2025, por primera vez en 22 años, una cifra negativa. Al respecto, vale apuntar que una economía estancada, con caída del consumo y en la que los sectores con mejoras son escasos, suele ser un escenario poco deseable para motorizar inversión privada.


Por último, el desmantelamiento de diversas restricciones en el mercado de cambios (anunciadas como el «fin del cepo cambiario» en abril de 2025) se realizó argumentando que con ello el país recibiría mayores inversiones e incrementaría las reservas. Sin embargo, luego de esta medida se mantiene el déficit de cuenta corriente (con fuerte impacto de servicios como el turismo) y el de la cuenta financiera (principalmente debido a mayores compras de moneda extranjera por parte del sector privado), configurando así un esquema externo con serias inconsistencias, no exento de episodios de volatilidad como el ocurrido antes de las elecciones de medio término.

Este breve recorrido resulta útil como reflexión sobre la brecha entre las promesas y los resultados reales de las políticas. Por un lado, para reafirmar que el fundamentalismo de mercado implica «sacrificios» a cambio de un futuro venturoso que en los hechos no se verifica. Permite también evidenciar que los planes económicos que dejan de lado la intervención del Estado en políticas productivas, sociales y regulatorias redundan en un deterioro de las condiciones de vida para la mayoría de la población. El gran interrogante, por ahora sin respuesta, es el límite social a la sostenibilidad del modelo.

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