Cultura

«El periodismo es el ejercicio de la mirada»

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Pablo Díaz Marenghi

En su nuevo libro, Carlos Ulanovsky recopila entrevistas realizadas entre 1967 y 2025 a figuras de la música de la talla de Astor Piazzolla, María Elena Walsh, Mercedes Sosa y Charly García.

Panorama. A pesar de su escepticismo tecnológico, Ulanovsky celebra herramientas como Spotify.

Foto: Jorge Aloy

En el living de su casa, Carlos Ulanovsky parece habitar un ecosistema compuesto de papel y sonido. Las paredes, ocultas tras bibliotecas que amenazan con desbordarse, y los estantes poblados de discos con algunos emblemas de su querido Racing club de Avellaneda, son el testimonio físico de una vida dedicada a observar nuestra cultura.

Se trata de tan solo una parte del vasto archivo que le permitió escribir más de una veintena de libros dedicados, en su mayor parte, a la historia de los medios masivos de comunicación. Padre fundador de toda una generación de periodistas –fue uno de los iniciadores de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA en 1985 y uno de los creadores de la escuela de periodismo TEA en 1987– se encuentra más activo que nunca a pocos meses de cumplir 83 años y con una nueva obra en su haber.

Se trata de Notas musicales de un periodista cultural (Gourmet Musical), un libro que recopila entrevistas realizadas entre 1967 y 2025 en periodismo gráfico. La génesis del libro fue fortuita. Originalmente, el editor Leandro Donozo buscaba reeditar su biografía de Palito Ortega publicada por Galerna en 1969, que fue prohibida por orden judicial; pero Ulanovsky se negó. Fue entonces cuando propuso bucear en su propia historia para rescatar diálogos con figuras que van desde Astor Piazzolla hasta Charly García.

El proceso de construcción del libro fue una labor casi arqueológica. Ulanovsky, quien se define como un «papelero» empedernido, tuvo que enfrentarse a notas de la era analógica que debieron digitalizarse. En ese ejercicio de relectura, se encontró con piezas que no están disponibles en internet, como sus charlas con el Tata Cedrón o Antonio Tormo. «Veo este libro publicado, además en orden cronológico, y digo: acá está mi vida, periodística y profesional», confiesa emocionado.


Oficio artesanal
Recuerda con distancia su etapa de «periodista agresivo» en la revista Confirmado, cuando Horacio Verbitsky le encomendó la sección «Reportajes insolentes». «Bastante tiempo después me di cuenta de que era una sección inventada para joder al entrevistado», reflexiona, admitiendo que en aquel entonces le parecía «canchero». Sin embargo, el quiebre fundamental ocurrió durante su exilio en México, donde asegura que se convirtió en una persona adulta. Fue allí donde comprendió una de las máximas de su oficio: «En las entrevistas quien tiene que brillar es el entrevistado».

Para Ulanovsky, una buena entrevista requiere, antes que nada, una base informativa «seria y profunda». Evoca con nostalgia sus horas en el archivo de Clarín, un refugio de papel donde encontraba el ángulo perfecto para abordar a sus personajes. «El laburo es decir “por dónde lo agarro al tipo”», señala, enfatizando que el periodismo es, esencialmente, «el ejercicio de la mirada». Para él, quien posee una mirada más educada o sofisticada es quien logra traer el mejor informe sobre la realidad.

Ese enfoque se puso a prueba en contextos difíciles, como cuando entrevistó a Charly García en 1976 para la revista El Ratón de Occidente, en plena dictadura. Ulanovsky relata que en aquellos años trataba de acercarse a personas de confianza o a quienes estaban en «listas negras o grises», como Marilina Ross o Cecilia Rosetto. También recuerda su paso por La Opinión, un lugar que describe como extraordinario, marcado por el concepto del «diario de la inmensa minoría». Allí, entre tertulias de sábado con Juan Gelman y Osvaldo Soriano, forjó una relación compleja con Jacobo Timerman, quien llegó a echarlo tras un conflicto gremial, pero que también le regaló su primer televisor cuando supo que se había separado.

Frente al panorama actual, el autor de Días de radio y Paren las rotativas no oculta su preocupación por la precarización del oficio y el avance de la IA, a la que ve como una amenaza para la «inteligencia artesanal» en la que él cree. «El periodismo tiene mucho de artesanía», defiende, lamentando que hoy los jóvenes estén presos de sistemas de explotación que los obligan a producir notas en serie. «Los envidio porque trabajan con herramientas que facilitan la labor y a la vez los compadezco, porque hoy es mucho más difícil llegar a donde uno quiere llegar», afirma al comparar la abundancia de trabajo de los años 70 con la actualidad.

A pesar de su escepticismo tecnológico –se define como un «analógico nativo» que se resiste a Instagram–, celebra herramientas como Spotify, donde creó una playlist con un tema de cada uno de los entrevistados del libro. Sobre el cierre, su mirada se vuelve sombría al hablar del contexto político, el cual vive con «mucha desdicha». Sin embargo, encuentra un refugio en las respuestas colectivas de la cultura, como la reciente conmoción por la muerte del Indio Solari. «Ver a miles de personas celebrando a un poeta me emocionó», confiesa. «Ninguna nota me salió de taquito. Creo en el esfuerzo, en transpirar la camiseta», afirma. Para Ulanovsky, el periodismo cumple su función más noble cuando logra que un testimonio ayude a alguien a ser mejor. «A mí hay un montón de entrevistados que me ayudaron a ser mejor», concluye, mientras la luz de la tarde se filtra entre los lomos de sus libros.

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