7 de octubre de 2026
El círculo vicioso de gratificación inmediata que proponen las redes sociales reduce la capacidad de atención. Las empresas tecnológicas lo saben y compiten por pequeños fragmentos del ocio de las personas. ¿Estamos perdiendo la posibilidad de pensar?

La atención se ha vuelto un recurso codiciado. Según Agustín Berti, director del Grupo de Estudios sobre Plataformas e Interfaces (Gpi), «fragmentos muy pequeños de tiempo, momentos de ocio en la parada del colectivo, o de distracción o aburrimiento en una conversación cara a cara, que llevan a mirar el celular, son objeto de feroces disputas por parte de las tecnológicas», que basan sus estrategias en la segmentación y las preferencias de los usuarios (mediadas por algoritmos). Así surge lo que él y su equipo caracterizan como «una economía de la dispersión».
Aunque el «multitasking» pareciera natural, el cerebro no está diseñado para ello. Como señala Berti, «la atención, que antes era un recurso relativamente abundante, se vuelve escasa… Ahí comienza la disputa por la atención humana entendida como un recurso económico. Empresas de streaming como Netflix tienen en cuenta este “espectador disperso”, al punto de que los personajes (de sus producciones) narran en palabras sus acciones. En el cine, no hacía falta», asegura en una entrevista publicada en Página/12.
Investigaciones recientes sugieren que «la conectividad constante y la multitarea digital están afectando la memoria de trabajo y la atención sostenida». Además, estar siempre conectado y «escroleando» genera ansiedad y disminuye el bienestar. «Los adolescentes son especialmente vulnerables porque su cerebro todavía está en desarrollo, particularmente las áreas vinculadas con el autocontrol, la planificación y la regulación emocional. A eso se suma que las redes sociales potencian la comparación permanente y la búsqueda de aprobación a través de los “me gusta”, los comentarios y las visualizaciones. Cuando la autoestima comienza a depender de esa validación externa, aumentan la ansiedad, la frustración y la sensación de no estar a la altura», afirma Laura Jurkowski, psicóloga especialista en adicción a las tecnologías.
La madriguera del conejo
El Informe Mundial de la Felicidad 2026, de la Universidad de Oxford, concluye que el uso excesivo de Instagram o TikTok se relaciona con una peor salud mental juvenil. Además, «la hiperconectividad dificulta sostener la atención en actividades que requieren más tiempo y esfuerzo, como estudiar, leer o simplemente tolerar el aburrimiento», enumera Jurkowski.
Según Gloria Mark, profesora de Informática de la Universidad de California en Irvine (UCI) y doctora en Psicología por la Universidad de Columbia, en apenas dos décadas la capacidad de atención (en cualquier pantalla, antes de cambiar) habría pasado de dos minutos y medio a 47 segundos. «No es solo mi trabajo, otros lo han replicado… El punto medio es de 40 segundos», dice Mark en un podcast de la UCI titulado «Si no podés concentrarte, no estás solo» (If you can’t pay attention, you’re not alone).
Escribir un informe, analizar datos o resolver un problema requieren de una atención prolongada. Cuando alguien está focalizado en algo y es interrumpido, tiene que cambiar y volver la atención a otra cosa. Cada interrupción obliga al cerebro a emplear recursos adicionales para reorientarse hacia la nueva tarea. Es un gasto de tiempo y energía.
Mark indica que el diseño «es una mímica de cómo trabaja nuestra memoria, que organiza información en términos de asociación. Nosotros pensamos así, entonces, vamos a una página, comenzamos a leerla y hay muchos puntos de entrada en la red de nuestras mentes. Hacemos click en un punto y eso desata una verdadera tormenta de asociaciones mentales. Luego cliqueamos otro link… Y ya nos hemos metido en la madriguera del conejo».
La vida en bucle
Los videos breves, personalizados y en bucle de TikTok obligan a cambiar de foco cada 15 a 30 segundos. La recompensa inmediata (activada por la dopamina) refuerza el seguir deslizando el dedo por la pantalla, de tal forma que ya se habla del «cerebro TikTok», es decir, «una mente entrenada para la velocidad, la novedad constante y la gratificación inmediata».
Jurkowski dice que acostumbrarse a ese tipo de gratificación y al vértigo de estímulos puede trasladarse a las relaciones: «Disminuir la tolerancia a los tiempos de los vínculos humanos, que requieren espera, escucha, presencia y manejo de la frustración. No es que la tecnología deteriore necesariamente las relaciones, pero si no hacemos un uso consciente, puede favorecer interacciones más superficiales e impaciencia frente a los procesos que no ofrecen recompensas inmediatas».
De acuerdo con el informe ¿Nos dominan las pantallas? (2025) de la Defensoría Provincia de Buenos Aires, un 37% de los encuestados usa su celular «más de seis horas al día», un 36% admite un «uso problemático del teléfono» y el mismo porcentaje señala que «afecta su concentración en el aula».
En 2024 y 2025, las facultades de Ciencias Económicas y de Periodismo y Comunicación y el Observatorio de la Ciudad de la Universidad FASTA, de Mar del Plata, realizaron un estudio sobre el «Consumo de Redes Sociales y Uso de Internet en Argentina» con 4.300 cuestionarios online a nivel nacional. El análisis comparativo de los sondeos arrojó que TikTok es la única red en ascenso (pasó de 15,7% a 16,4%) y la preferida de los menores de 18 años, después de Instagram. Paralelamente, ha aumentado el tiempo que los usuarios de las redes pasan en ellas (era de 3 horas 57 minutos y creció a 4 horas 11 minutos). «Esto refleja una intensificación del comportamiento digital en Argentina, sumando 14 minutos diarios al ecosistema digital, donde la disputa por la atención se gana a través del ocio y la fragmentación de contenidos», precisan las responsables del proyecto: María Luján Cazenabe, María Fernanda Rosales y Lorena Elizabeth Carballo.
Dicha disputa «ha llevado a una especialización de usos por plataforma. Mientras que Instagram sigue siendo el líder indiscutido para «mostrarse» y crear contenido, TikTok se ha consolidado como el canal preferido para el consumo pasivo y el entretenimiento puro».
Las investigadoras indican que «el 94% de los argentinos utiliza más de una red social. La Generación Z, por ejemplo, combina un promedio de 3,72 plataformas activas, lo que amplifica su exposición, pero también fragmenta su atención entre diferentes estímulos visuales». Los menores de 18 años «pasan más de seis horas y media diarias conectados los fines de semana. El 43,7% de la actividad se concentra entre las 19:00 y las 24:00 horas, el «prime time»», donde todas las plataformas compiten sin tregua por el tiempo de descanso del usuario.
La «fragmentación cognitiva», con las notificaciones constantes, «resta productividad, aumenta el estrés y modifica las formas tradicionales de aprendizaje y trabajo». Y la conexión permanente y la sensación de «estar obligados a responder» generan fatiga mental. ¿Cómo recuperar el control sobre el tiempo y la atención? Jurkowski recomienda «crear momentos de desconexión, silenciar notificaciones innecesarias, evitar la multitarea, establecer espacios sin celular –por ejemplo durante las comidas o antes de dormir– y volver a entrenar la capacidad de sostener la atención en una sola actividad».
Tampoco estaría mal dedicar más tiempo y atención a las interacciones reales, en lugar de vivir «atrapados» por los algoritmos.
