4 de octubre de 2026

Salgo de mi casa con ropa de invierno y de verano puesta una arriba de la otra porque con El Niño no se sabe si nos vamos a calcinar o a congelar. Esquivo a un policía y a un chorro que corrían a un vendedor de paltas, el que lo agarraba se quedaba con todo, y comienzo a recorrer esta ciudad que suele tener un aroma no a menta, sino a negociado inmobiliario que ni te cuento.
Hago una cuadra y me encuentro con mi amigo del Conicet, el doctor en computación Pepe Byte que le estaba pasando el plumero al coche que le había prestado un amigo para laburar en Uber.
–Qué haces Pepe. Me venís fenómeno, estoy preocupado por eso de que dicen que la Inteligencia Artificial va a enterrar a toda la humanidad. ¿Es posible o es otra de los millones de fake news que nos tiran todos los días?
–Es cierto y no es cierto –contestó.
–Ah, me quedo más tranquilo –dije irónico.
–Cualquier IA está creada por un ser humano, ergo, no hay que vigilar a la IA, sino al ser humano que la maneja. El problema es: ¿quién vigila al ser humano que vigila y controla a la IA?
–Eso te lo digo yo: otro ser humano.
–Ser humano al que también hay que vigilar. Y así siempre como el cuento de la buena pipa.
-Mirá Pepe, jamás pensé que la cosa tan complicada como es la IA, podría asemejarse al cuento de la buena pipa.
–Así es la ciencia: sencilla en la dificultad –me dijo mientras se iba a laburar con el coche, porque este es el único país del mundo donde el que trabaja investigando la IA, no tiene para morfar.
Hago unos metros y me topo con mi amigo el endeudado Pepe Mañanategarpo que venía con cara de bronca.
–Se que estás preocupado porque pediste mil pesos al prestamista del barrio y ahora debés un millón, pero tratá de cambiar esa cara, que así asustás a los pibes.
–No, no estoy mal porque debo lo que debo. Estoy embroncado porque nos critican a nosotros, pero nadie habla que, solamente al FMI, le debemos más de 57.000 millones de dólares, no pesos, sino esos otros papelitos verdes, ¿ubicás?
–Pero ese no es un préstamo personal, es el Estado nacional.
–Será el Estado, el que terminará pagándola con el laburo de todos, pero los papelitos verdes aquí ni se vieron. Vinieron, pero alguien pensó que se trataba de un préstamo personal y se los llevó a su casa. Y para que no se volaran por ahí, también se llevaron los lingotes de oro para usarlos como pisapapeles ¡Esos son los verdaderos deudores!
Lo abracé a Pepe y le dije:
–Cuidate el cuore, amigo. Mejor andá y comprate una tevé de 200 pulgadas en cuotas, que si la IA acaba con este mundo, no las vas a tener que pagar.
Aunque en realidad creo que el mundo se va a acabar, recién después de que pague las cuotas.
