Política

El país bajo vigilancia

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Ricardo Ragendorfer

Malvinas, la SIDE y una nueva legislación de seguridad, disimulada en un proyecto que tiene que ver con la soberanía, confluyen en una trama donde también se juega el poder interno del Gobierno. El protagonista inesperado: Juan Bautista Yofre.

Todo servicio. Yofre protagonizó, a pedido de Milei, un video donde abogaba por la «memoria completa», argumento de la ultraderecha para defender a la dictadura de Videla.

Trajeado con su elegancia habitual, aquel octogenario ocupaba, como todas las mañanas, una mesa de la confitería Florida Garden, donde tenía por costumbre departir con tipos de indescifrable catadura. Pero el 17 de septiembre pasado, su talante no era allí el mejor. Aun así, hojeaba un ejemplar del diario Clarín con fingido interés. Hasta que, en la página 9, tropezó con ese título: «Cambios en la SIDE y “Tata” Yofre deja la escuela de Inteligencia».

Pese a estar al tanto de ello desde la noche anterior, su expresión facial se ensombreció. Y por una razón de peso: Yofre era justamente él.

Es posible que, en ese preciso instante, sus pensamientos se concentraran en la figura de Santiago Caputo, el sinuoso consigliere del régimen libertario al que creía su amigo. Tal vez, entonces, lo maldijera por lo bajo.

No suponía, claro, que su despido daría un giro de 180 grados. 
Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. 


Un milagro argentino
A Caputo le gusta que lo llamen «El Mago del Kremlin», en alusión a Vladislav Surkov, el ideólogo de Vladímir Putin, a quien admira en demasía. Y Yofre se esforzaba por satisfacer su vanidad en tal sentido, desde que lo rescató del ostracismo en julio de 2024 (tras casi 32 años sin cargos públicos), al colocarlo en la jefatura de la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI). Un nombramiento a su medida. Pero, ahora, sin motivos aparentes, le había bajado el pulgar.

¿Acaso su caída –se preguntaba Yofre– era un efecto casi irrelevante de la más reciente jugada política del joven consultor? Con el paso de las horas, esa hipótesis se le fue metiendo entre las cejas.

En este punto, hay que retroceder a la noche del 3 de septiembre, cuando el presidente Javier Milei anunció por cadena nacional su arrebato nacionalista por las islas del Atlántico Sur. La escena fue asombrosa, pero no espontánea.

Es que la sábana exhibida por la selección en el Mundial con la consigna «Las Malvinas son argentinas» hizo que, de golpe, Caputo olfateara el mágico efecto de esa frase sobre la población. Algo muy útil para para una infinidad de propósitos. Y sin perder ni un solo minuto, obró en consecuencia.

Eso Yofre lo supo por una fuente confiable.

Porque Caputo había armado el asunto desde el Salón Martín Fierro de la Casa Rosada, que usa como bunker operativo. Allí, en el mayor de los sigilos, ultimó sus detalles en reuniones que contaron con insignes presencias; a saber: el canciller Pablo Quirno; el ministro de Defensa, Carlos Presti; el titular de la SIDE, Cristián Auguadra; su segundo, Alejandro Colombo, y la secretaria Legal y Técnica de la Presidencia, María Ibarzabal Murphy.

Dicho sea de paso, este quinteto integra su task force en la disputa que aún mantiene con Karina Milei por el control del llamado «triángulo de hierro»; una puja que, por entonces, no lo favorecía.
Se dice que el plan llegó a oídos de Yofre por alguno de los nombrados. Y que, en señal de desaprobación, él frunció la nariz.
Según su óptica, resultaba muy difícil que tal arranque anticolonialista no sonara ridículo en boca de Milei, cuyas pulsiones anglófilas hasta incluían su fanatismo por Margaret Thatcher y –sobre el tema específico de las Malvinas– su apego por la autodeterminación de los kelpers.

No obstante, semejante impostura funcionó. Un milagro argentino.
¿En aquel momento Yofre habría llegado a entrever que lo sucedido era, en realidad, la primera fase de un rebuscado plan por etapas?
Lo cierto es que, con la discreción propia de un veterano del espionaje, observaba la evolución de los hechos. Pero, quizás, sin considerar hacia donde querían ir sus hacedores. Ni que ese tránsito haría rodar su cabeza.

Una ceguera imperdonable, dada su experiencia en la materia.


Exquisiteces de la arbitrariedad
En este punto, es necesario avanzar hacia el 16 de septiembre.
Ya durante la tarde, el Gobierno envió al Congreso lo que bien podría ser considerada la frutilla del postre de la «opereta» ideada por Caputo, con las Islas Malvinas por excusa: la llamada «Ley de Defensa de la Soberanía Nacional».

El resumen de sus 133 artículos fue difundido de inmediato por la prensa. Es probable que a Yofre le pareciera una obra de arte. Y que, también, le trajera remembranzas del pasado.

Porque el 24 de marzo de 1976 fue para él un gran momento de su vida. Tenía 30 años, trabajaba en Radio Nacional y –según rumores que circulaban en esa emisora– era un alcahuete «inorgánico» del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Además, su hermano mayor, el abogado Ricardo Yofre, llegó a ser entonces el subsecretario de la Presidencia (a cargo de Jorge Rafael Videla).

Pues bien, el flamante «Proyecto de Ley-Caputo» –vamos a llamarlo así– parece inspirado en la «Doctrina de la Seguridad Nacional» implementada como decálogo del Terrorismo de Estado durante la dictadura, cuya letra describía a la denominada «lucha antisubversiva» como «una guerra de inteligencia cuyas batallas se libran en los interrogatorios».

Con un enfoque, diríase, más vegetariano, la nueva normativa libertaria –siempre en nombre de la soberanía malvinera– autoriza desde persecuciones indiscriminadas hasta modalidades represivas que contemplan arrestos sin la intervención de un juez y la aplicación de apremios ilegales, junto con recursos y atribuciones ilimitadas para la SIDE y la intervención de las Fuerzas Armadas en conflictos internos, entre otras muchas exquisiteces de la arbitrariedad.

Tal vez, para ahorrarse jaquecas, entre los planes de Yofre no estaba el de exteriorizar su entusiasmo ante esta joya del punitivismo político. De modo que se quedó en el molde.

Pero ya se sabe que esa noche se enteró de su cesantía en la ENI. Fue a través del «Señor Cinco» –como se les dice a los jefes de la SIDE– y, luego, eso sería publicado por Clarín.

Pues bien, para su sorpresa, al día siguiente fue repuesto en su cargo por orden expresa de Karina Milei.

Su propósito fue contrariar a Caputo en medio de la rivalidad entre ellos. Y el bueno de Tata retornó a sus funciones, sin que nadie se opusiera.

Al fin y al cabo, él también es un hombre útil a la democracia, así como lo prueba su trayectoria pública y privada desde fines de 1983 en adelante.

¿Acaso no cumplió con solvencia su mando sobre la SIDE menemista a comienzos de los 90, junto con sus incursiones diplomáticas durante ese mismo lustro en las embajadas argentinas de Portugal y Panamá?

De hecho, en esa época solo dio la nota por ser un gran animador del jet set local. Y sobre su boda con la actriz Adriana Brodsky corrieron ríos de tinta en las revistas del corazón, aunque aquella fuera una historia sin final feliz.

El propio Tata reveló el motivo en un programa radial conducido por Chiche Gelblung, quien no salía de su sorpresa al oír: «¡Hubo dolo! Porque ella me dijo que no podía tener chicos y bue… los tuvo. ¡Eso es dolo!».

De esa unión habían nacido dos criaturas que él no reconoció. Y con los cuales jamás tuvo contacto. Un caballero.

En cambio, con su producción literaria fue más cuidadoso. En la primera década del siglo en curso, publicó tres libros apologéticos de la última dictadura (Nadie fue, Fuimos todos y Volver a matar), cuyo atractivo radica en que fueron alimentados con materiales del archivo de la SIDE que él se llevó a hurtadillas durante su paso por ese organismo.

El 24 de marzo de 2024, a raíz del aniversario del golpe de 1976, se lo vio en un spot televisivo del Gobierno, hablando sobre la «memoria completa». Y por un pedido especial del mismísimo Milei.

Ahora volvió a ser noticia por haber sido despedido y repuesto en la ENI con la velocidad de un rayo.

¡Una suerte! Porque en esta épica en defensa de la soberanía nacional, el legendario Juan Bautista Yofre será de la partida.

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