Opinión

Carlos Heller

Dirigente cooperativista

El problema es el modelo

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Milei. «Nos alineamos sin ambigüedades con Occidente, lo hicimos con los Estados Unidos y con Israel».

Foto: Getty Images

Frente al conjunto de países del mundo, en la sede de la Organización de Naciones Unidas, pero también muy cerca de Wall Street, centro de las finanzas planetarias, el presidente Javier Milei desplegó esta semana su oferta política y económica.

«Tenemos la energía que el mundo necesitará, tenemos alimentos, tenemos minerales críticos, tenemos talento humano, tenemos el Atlántico Sur, y somos una puerta natural hacia la Antártida», resumió el jefe de Estado argentino.

Aconsejó luego: «Miren al sur, van a encontrar una tierra inmensa, de campos fértiles, de petróleo, de minerales y de talento humano». 

Semejante exhibición de bonanzas actuales y futuras choca con los datos inquietantes que casi simultáneamente se difundían en Buenos Aires.


Panorama
Es inocultable el dramático panorama de aumento de la pobreza, mayor fragmentación social y niveles de desigualdad que se van profundizando, sin que la existencia de inmensas riquezas naturales sirva para atenuar los padecimientos de cada vez más amplios segmentos sociales.

Los indicadores de coyuntura tampoco aportan datos para sustentar visiones optimistas. La actividad económica cayó en julio un 2,9% mensual (1,4% interanual), mientras las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas llevan siete meses de descenso y acumulan una caída interanual del 2,7%

Los indicadores negativos son numerosos, pero bastaría solo con registrar la gran cantidad de cierres de empresas y comercios, y la creciente cifra de personas que se quedan sin trabajo o caen en la informalidad, para tomar nota de un evidente empeoramiento. 

Frente a lo cual la solución no parece ser seguir esperando la llegada de inversiones en sectores como la minería, la energía o el agro, que no generan el suficiente empleo privado que permita compensar las pérdidas que se verifican en la industria, en la construcción y en el comercio, entre otros.

Como si ese cuadro de situación mejorara con expresiones amistosas hacia el Gobierno estadounidense, Milei afirmó en la ONU que «nos alineamos sin ambigüedades con Occidente, lo hicimos con los Estados Unidos y con Israel, países con los que compartimos una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica».
Lo cierto es que ese alineamiento, que difícilmente sea compartido por la mayoría de los argentinos y las argentinas, va en dirección casi exclusiva de los intereses de grandes corporaciones internacionales.

Más allá de los discursos, funcionarios de Estados Unidos y la Argentina anunciaron el lanzamiento del corredor de infraestructura Andes-Atlántico, que buscaría conectar las zonas mineras del noroeste y Vaca Muerta con puertos del océano Atlántico, a través de inversiones por hasta 7.000 millones de dólares.

El presidente también prometió que «si nuestro Gobierno es reelecto en 2027, el 2028 será el mejor año de la historia argentina». Se reiteran así las promesas y los anuncios, que supuestamente darán sus frutos en algún momento del futuro. El presente del modelo, en tanto, sigue siendo de sacrificios para la mayor parte de la población.

Datos. Los guarismos difundidos por el INDEC dan cuenta de un dramático panorama de aumento de la pobreza y mayor fragmentación social.

Foto: Jorge Aloy


Riesgo
Al cierre del viernes 25, el «Riesgo País» se ubicó por encima de 600 puntos luego de fuertes aumentos en las últimas semanas. 

Si bien parte de esta suba se debe a la volatilidad de los mercados internacionales, los bonos de deuda argentina mostraron un desempeño débil frente a otros activos de emergentes. 

Sin duda influyen la elevada deuda externa de nuestro país, la tensión en las reservas monetarias (en parte por el continuo drenaje ligado a las compras de dólares para atesoramiento de particulares) y el freno reciente (o el retroceso) en un conjunto de actividades económicas.

Esto último, sin que se avizoren indicios de una inminente reactivación, si se excluye a los pocos rubros a los que se eligió como ganadores.

En definitiva, las marcas que dejará la actual gestión no serán fáciles de cicatrizar, mientras se van acumulando los escollos que habrá que sortear a fin de garantizar el funcionamiento de una economía que beneficie no solo a unos pocos grupos oligopólicos.

Un rumbo que debería corregirse de modo urgente, a fin de evitar que sus consecuencias sean cada día más graves. 

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