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Francia, una rebelión que sacude la agenda política

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Telma Luzzani

Una masiva protesta contra los recortes en educación se extendió por todo el país en rechazo al Gobierno de Emmanuel Macron. ¿Cómo impactará el conflicto en la campaña electoral, con la izquierda y la ultraderecha como protagonistas?

París. Multitudinaria manifestación de estudiantes en la Plaza de la Bastilla, el 8 de octubre.

Foto: Getty Images

«¡Nos están robando el futuro!». Cansados de los recortes al presupuesto de Educación y de las malas condiciones en las que tienen que estudiar, cientos de miles de estudiantes secundarios y universitarios, junto con sus familias y profesores, salieron a manifestarse masivamente en Francia.

Todo comenzó el 21 de septiembre en una secundaria de las afueras de París, cuando estudiantes, padres y docentes tomaron el colegio porque cada vez tienen menos horas de estudios, los profesores están mal pagos y las condiciones edilicias son desastrosas. 

De inmediato, la protesta se extendió por toda Francia y el Gobierno del presidente Emmanuel Macron no dudó en ordenar una dura represión. Por el momento se han computado unos 7.000 detenidos (86% menores de edad) y cientos de heridos, dos de ellos graves: un muchacho perdió un ojo al ser baleado y otro una mano como resultado del estallido de una granada de gas lacrimógeno.

A 6 meses de las elecciones presidenciales, Macron (que no puede aspirar a un tercer mandato) y su Gobierno de derecha se vieron inesperadamente interpelados por una sociedad que, como sucede en España con el estallido social por el derecho a la vivienda, está harta de los ajustes neoliberales y pone en primer plano de la agenda política sus necesidades, es decir, reclamos fundamentales como educación, vivienda y salud.

En el caso de Francia, los manifestantes denuncian que, por la constante desinversión del Estado, hoy hay superpoblación de estudiantes en las aulas, los profesores no tienen suplentes y los edificios escolares se vienen abajo por falta de mantenimiento. Todo esto atenta contra la posibilidad de recibirse con un buen nivel de educación.

La receta conocida
En el borrador de presupuesto 2027 que se presentó al Congreso, Macron asigna un 22% para los compromisos financieros de la deuda (que está desbordada: 3,6 billones de euros equivalente al 119% del PBI); 10% a gastos de Defensa y apenas el 0,3% para Educación. La Salud tendrá un recorte: menos del 7,1%.

Al deterioro educativo, los estudiantes en rebelión suman el reclamo contra la discriminación social y racial. Los jóvenes de los sectores más vulnerables sufren prejuicios y barreras a la hora de conseguir empleo. En Francia, para ser aceptado en un trabajo es determinante el colegio donde uno estudió y el barrio donde reside. Se sabe que antes de tomar una prueba de admisión, las empresas y comercios miran el código postal de la casa donde vive del aspirante.

Antes de ingresar a la escuela, los chicos franceses deben completar la plataforma oficial de preinscripción «Parcoursup» con todos sus datos. Para acceder a la educación, no solo deben aprobar el examen de ingreso sino atravesar la llamada «selectividad», es decir, un proceso de selección basado en los expedientes ingresados en esa plataforma. En País aprueba la selectividad el 76%, pero en Saint-Denis (símbolo histórico de la clase obrera del conurbano parisino), la mitad. 

Los estudiantes saben que con una educación deficiente su futuro será muy precario y que la brecha social se va a profundizar aún más. Y es sabido que la precariedad es una forma de dominación. 

Jean-Luc Melenchon. El referente de La Francia Insumisa apoya los reclamos del movimiento estudiantil.

Foto: Getty Images

«Rompe paga»   
A las marchas espontáneas de los secundarios no solo se unió el resto de la comunidad educativa sino también varios sindicatos, las organizaciones agrarias y los famosos «chalecos amarillos», el movimiento que en 2018 conmovió a Europa con sus reclamos contra el aumento del combustible y del costo de la vida.

El efecto no esperado por el establishment francés fue que las protestas no solo adelantaron la discusión electoral, sino que cambiaron la agenda política: los inmigrantes, la inseguridad y la guerra de Ucrania pasaron a un segundo plano y ahora se habla de las premisas del Estado de Bienestar.

Para las elecciones presidenciales de 2027, los mejor posicionados son la ultraderechista Marine Le Pen, de Reagrupación Nacional (RN), y el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa (LFI).

Mientras Mélenchon salió a solidarizarse con los estudiantes, Le Pen apoyó la represión y el candidato del derechista Partido Los Republicanos, Bruno Retailleau, pidió directamente que se prohibiera La Francia Insumisa por ser el supuesto cerebro de las protestas.

Esta acusación está fomentada por la prensa francesa y europea, que no deja de demonizar al líder de izquierda. Le Figaró, ABC y otros periódicos titularon: «La Inteligencia francesa descubrió que la izquierda está detrás de la violencia estudiantil». En otros medios de comunicación, se busca instalar la idea de que Mélenchon pone en peligro a los jóvenes y los manipula con fines electoralistas. Se habla de «La sombra de La Francia Insumisa».

La muchachada se ha indignado porque la mayoría de los medios no hablan de sus problemas o reivindicaciones, sino que desvalorizan sus ideales y acciones, etiquetándolos como nenes fácilmente manipulables o vivos que quieren faltar a clase o vándalos que rompen vidrieras. 

«Hablen de nuestras ideas, no de los tachos quemados»; «Apunten a nuestro éxito, no a nuestras cabezas», son algunos de los carteles que exhiben los manifestantes.

El principal observatorio de análisis de los medios en Francia, Acrimed (Action Critique Médias) les da la razón. Según un estudio publicado la semana pasada, el 75% de las noticias de TV hablaban de la violencia que amenaza el orden público; el 12% acusaba a Mélenchon por el caos y solo un 8% se refirió a los verdaderos motivos de las marchas.

Al estilo de Patricia Bullrich, el primer ministro francés (¡el cuarto en dos años!), Sebastián Lecornu, piensa terminar con las protestas con medidas fascistas. Además de armar una «célula anticrisis», el premier presentó un proyecto de ley conocido como «Rompe/Paga»  que se discutirá en el Congreso el 27 de octubre. Lecornu propone que los responsables de los daños cometidos durante los disturbios deberán pagar las reparaciones.

Tanto los organismos de derechos humanos como la izquierda se oponen a esta ley. Ellos le recuerdan al Gobierno que el derecho a manifestarse es parte de la Constitución francesa, inspirado en el artículo 11 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. La protesta es parte fundamental de la democracia y de la libertad de mujeres y hombres.

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