Opinión

Juan Carlos Junio

Dirigente cooperativista

Lo que deja el triunfo de Lula

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Foto: Getty Images

Tal como se preveía, las elecciones en Brasil tuvieron una repercusión notable, no solo en su propio país, sino en el continente, e incluso en todo el planeta. Por la extraordinaria importancia que tiene Brasil en función de sus dimensiones económicas –está entre las diez economías más grandes del mundo–, como por el simbolismo político que implicaba la confrontación entre un candidato de ultraderecha apoyado por Donald Trump y uno progresista de izquierda que, además, iba por su cuarto mandato.

La remontada de Lula, en este contexto, debe ser ponderada con detenimiento, ya que logró el apoyo de 9 millones de nuevos electores. Esto no ocurrió por milagro sino a partir de tomar conciencia de la fortaleza que resulta para un Gobierno popular la movilización social, lo cual implica incrementar la superficie de contacto con vastos sectores que no habían concurrido a la primera vuelta.

Así, el presidente brasileño pudo crear un clima que contribuyó a disputar las calles voto a voto. Pero también hubo un proceso de superación en materia de redes, particularmente interpelando al voto joven en su propio lenguaje y con un notable resultado.

El reiterado agradecimiento del primer mandatario en el palco del triunfo al joven que encabezó la articulación de esta estrategia, André Janones –quien creó el canal de WhatsApp «Ejército de Lula», que superó los 10 millones de seguidores– es demostrativo de la importancia que se le asignó a este accionar de tanto impacto en los actuales procesos electorales y en la cultura de la sociedad en general.

Un punto a destacar es que Lula da Silva es, por edad, un dirigente del siglo XX, pero tras la derrota en el primer turno supo adecuar su discurso y su modo de llegar a esos sectores que habían sido remisos hace 21 días, principalmente los jóvenes. Por un lado, pudo disputar en esos campos de batalla donde el bloqueo de las grandes plataformas jugó por su opositor.

Pero Lula, que este martes cumple 81 años, también fue capaz de sintetizar las reglas de la modernidad y de las nuevas tecnologías, con los rasgos tradicionales del fuerte contacto con el pueblo, como lo hizo en incansables recorridas por los distritos más importantes del Brasil.

Con el resultado puesto, de inmediato hubo pronunciamientos de los más diversos jefes de Estado del mundo entero y muy particularmente de nuestro continente, donde incluso los Gobiernos de las derechas extremas salieron a reconocer el pronunciamiento democrático del pueblo de Brasil y la derrota del bolsonarismo. El mensaje en redes del colombiano Abelardo de la Espriella es ilustrativo: «En la campaña presidencial colombiana, el presidente Lula apoyó abiertamente a Iván Cepeda y gané yo. En la campaña brasileña, apoyé a Bolsonaro y ganó Lula. Ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños (…) cuando el pueblo se pronuncia en las urnas, su voluntad se respeta porque es sagrada».

Queda por ver la reacción del Gobierno argentino, teniendo en cuenta que el presidente Javier Milei asumió un compromiso muy activo en contra de Lula, al que no trepidó en descalificar de un modo que hace peligrar las relaciones entre dos vecinos y el principal socio comercial de nuestro país.


Trato denigrante
El mandatario argentino venía de una situación muy crítica en su último viaje a España, donde pareció raleado por sus propios camaradas de la derecha y de la ultraderecha, ya sea el partido abiertamente profranquista Vox como el Partido Popular. El trato denigrante que usó contra el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se reflejó en los principales medios de ese país, que más allá de las diferencias con el Ejecutivo, no vieron con buenos ojos que un mandatario extranjero se inmiscuyera de ese modo en la vida política, a un mes de las elecciones legislativas.

Hay lazos ideológicos de época que unen a Milei con las extremas derechas de España, Brasil y Estados Unidos, cuyo jefe de Estado tampoco ahorra insultos contra los que cataloga como sus enemigos y también pretende tomar partido en la vida democrática de otros países. En ese meollo se encuentran esos rasgos violentos como los que el presidente argentino descargó contra periodistas que habían investigado el caso $Libra y a los que amenazó con una hoguera por haber difundido sus investigaciones sobre los pormenores de esa maniobra de la que tanto él como su hermana, la secretaria de la Presidencia, Karina Milei, y los otros financistas, fueron sobreseídos el último viernes.

Esos exabruptos en una cena con dirigentes y empresarios desataron críticas de diverso calibre, no solo en el arco opositor, sino también en ámbitos aliados. Es en este escenario regional y global que la oposición en la Argentina tiene la palabra. El triunfo de Lula muestra el camino. Resulta imprescindible la creación de un frente político social amplio que reivindique la justicia social, el progreso y la soberanía. Y que no descuide todos los campos donde la disputa política tenga lugar dentro del marco de la democracia.

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