2 de noviembre de 2026

Campaña exitosa. Lula revirtió la derrota en primera vuelta con manifestaciones multitudinarias, medidas de Gobierno y una intensa acción en redes sociales.
Foto: NA
La victoria del presidente brasileño Lula Da Silva y su fuerza política de izquierda ha suscitado un debate en todo el continente, incluyendo a la Argentina, acerca de sus significados e interpretaciones. Resulta lógico, ya que el presidente estadounidense Donald Trump y su núcleo de ultraderecha tenían definido, y lo hacían público, que en el marco de su disputa con China y el resto de las potencias globales, toda América sería un espacio bajo su control político, apuntando a sus enormes riquezas naturales, necesarias para el despliegue de las economías de los países centrales, particularmente lo relacionado con la minería, los alimentos y la energía.
Ese proyecto necesitaba imperiosamente que los países más grandes de la región –Canadá, México y Brasil– se subordinaran a su propósito estratégico.
Pero en esos países ni los Gobiernos ni la ciudadanía se allanaron a ser funcionales a dicha perspectiva. En el caso de Brasil, se transformó en una suerte de bumerán luego del histórico triunfo del presidente Da Silva en el balotaje, cuando muchos lo daban por perdido, ya que su influencia en todo el continente es determinante por la importancia que tiene por su peso económico, su rol en los BRICS y el impacto del liderazgo de un estadista y estratega de la dimensión de Lula.
Lectura interior
También en nuestro país se debate sobre la lectura de este fenómeno. Hay quienes enfatizan en que lo determinante fue la asociación del PT (Partido de los Trabajadores) con sectores de centroderecha, encarnados por el vicepresidente Geraldo Alckmin, lo cual implicaría una perspectiva similar para el ámbito local. Desde otra mirada se enfatiza en que el núcleo histórico del espacio es el PT de Lula, con la confluencia de factores sociales, políticos y culturales determinantes, con perspectivas progresistas y de izquierda. Entre otros, amplios sectores del catolicismo, núcleos socialistas, el Movimiento Sin Tierra, asociaciones del movimiento obrero y campesino, teología de la liberación, universitarios y feminismos que reivindican su espacio en la sociedad.
Desde ese núcleo principal es que Lula fue ampliando su espacio hacia el centro, con vistas a construir un gran frente –de eso se trata– que posibilite confrontar en términos sociales y electorales con la ultraderecha que se aglutinó alrededor del bolsonarismo. Todo indica que de aquí en más, tras la huida del fallido candidato a presidente Flávio Bolsonaro, ese núcleo quedó aislado y, más allá del apoyo del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y su grupo de La Florida, en Brasil la derecha tendrá que reconfigurarse.
La otra perspectiva
Para una lectura política completa de este acontecimiento hay que analizar otro elemento que ha sido determinante en la experiencia democrática de Brasil. Se combinaron diversos factores de la sociedad actual, mediante la intensa interpelación a los jóvenes y las mujeres, en una acción que combinó las calles y las redes sociales, potenciando la épica política y la movilización desde las propias bases de la sociedad. Los mismos jóvenes a los que Lula destacó en el palco del triunfo del domingo 25 de octubre por su aporte en la batalla de las redes, declararon que solo se gana cuando se pisa la calle y cuando hay un dirigente capaz de enfrentar al sistema económico concentrado, con medidas que benefician a las mayorías.
Otro elemento destacable es que en esta confrontación quedó demostrado que los verdaderos defensores del sistema democrático son los núcleos progresistas, nacionales y populares, y que en cambio la derecha desnudó su autoritarismo y su desprecio por la convivencia democrática y su subordinación a los grandes poderes globales, violentando los mecanismos de representación y el respeto por los derechos del conjunto de la sociedad.
Por último, sobresale el quiebre de la idea de época sobre la invencibilidad de las ultraderechas pese a la fenomenal maquinaria comunicacional que les aportan las corporaciones digitales más poderosas.
Estas reflexiones son pertinentes, ya que en nuestro país está instalado un debate, teniendo en cuenta el gran desgaste del modelo económico del presidente Javier Milei y las corporaciones locales y extranjeras, sobre cuáles deberían ser las ideas principales y el programa de una fuerza opositora que sea capaz de interpelar a mayorías populares desde una perspectiva económica, social y cultural superadora de la actual situación.
Y se viene el papa León XIV. El próximo domingo llegará al país con su doctrina social de la Iglesia, su voluntad de favorecer la paz y su lucha contra el deterioro ambiental. Seguramente será un trascendente acontecimiento religioso, político, social y cultural que sumará elementos a ese debate imprescindible para la construcción de una alternativa a la situación actual.
