Cultura | SERGIO PUJOL

El arte de escribir biografías

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Walter Lezcano

En su último libro, el historiador y periodista narra el trayecto artístico y vital del Gato Barbieri, el saxofonista rosarino que llegó a la cima del jazz.

Entre dos aguas. En sus libros, el autor combina el rigor de las ciencias sociales con un trabajo literario sobre el texto.

Foto: Sebastián Casali

En la primavera de 1996, el historiador y escritor Sergio Pujol recibe un encargo de parte de Juan Forn: entrevistar a Leandro «Gato» Barbieri para el suplemento Radar del diario Página/12. Por ese entonces la figura del saxofonista, que vivía en Nueva York y tocaba regularmente en el club Blue Note,  parecía un tanto desdibujada para el público argentino. Era extraño, porque había sido el único músico local que había encontrado su lugar en el jazz internacional y se había ganado el respeto de figuras como Miles Davis.
El diálogo telefónico, recuerda Pujol, duró 20 minutos. «Ahí descubrí que era tartamudo y tenía problemas para expresarse. Tampoco tenía mucho interés en dar la nota. Y no fue muy sabroso lo que me dijo. Fue frustrante. Quizás este libro es la posibilidad de encontrar respuestas satisfactorias a esa entrevista que no salió nada bien», desliza.
El historiador y escritor se refiere a la excelente biografía Gato Barbieri, un sonido para el tercer mundo, que llegó a la mesa de novedades a fines del año pasado. El libro se centra en la existencia de un músico de talla universal que vivió la mitad de su vida en el extranjero, llevando adelante un periplo extraordinario: de su Rosario natal a la consagración planetaria. «Prácticamente no grabó discos con músicos argentinos, salvo en dos ocasiones menores. Todo lo hizo afuera. Se integró perfectamente al jazz internacional», explica el autor.  En ese sentido, rastrear los pasos de alguien que hizo carrera en el extranjero planteó un desafío diferente al de sus anteriores biografías. «Esto era otra cosa, algo distinto. Y afortunadamente no se había escrito nada sobre Gato Barbieri, ningún libro. Me pareció rarísimo», señala.
El texto, entonces, viene a ocupar un lugar fundacional: un documento profundo sobre el saxofonista que encontró un sonido propio y una personalidad artística apabullante, reconocida a nivel mundial. «Barbieri se va de la Argentina para siempre y solo vuelve a tocar. Un hombre excepcional. Para él, Newell’s Old Boys era más importante que la Argentina. Además, era un misterio hasta para sus más cercanos», dice. En manos de Pujol, el hombre de carne y hueso se vuelve un personaje fascinante. No es la primera vez que sucede. Ya lo había hecho con Atahualpa Yupanqui, Oscar Alemán y Enrique Santos Discépolo, entre otros.

Contar la vida

«Creo haber encontrado un filón que no estaba my trabajado en nuestro país: ser un historiador social de la música argentina. La música me interesa más como práctica social que como objeto artístico», dice Pujol en un café del barrio de Monserrat. Desde 1992, cuando escribió la vida de María Elena Walsh, se convirtió en autor de biografías, aunque también firma otra clase de libros, como El año de Artaud, Jazz al Sur y Rock y dictadura. Pero hubo una época donde estos libros no eran bien aceptados. A mediados de los 80, en el ambiente historiográfico había cierto prejuicio sobre la biografía como género. «Había una tensión entre contar la vida de un individuo y las transformaciones sociales en las que estaba inserto», apunta. Esa disyuntiva se resolvió a principios del siglo XXI con la caída de los grandes relatos históricos y los paradigmas que guiaban a las ciencias sociales. De ahí en adelante la biografía comenzó a tener cierto prestigio y aceptación institucional, porque fue un género transitado por filósofos, historiadores y escritores. 
Mientras alterna el periodismo, la docencia y la escritura de otra clase de libros, Pujol reconoce que «siempre vuelvo a escribir biografías por el amor a contar ciertas vidas y por alguna veleidad literaria, debo aceptarlo. A la biografía la veo como el momento de ejercer la escritura casi como lo hace un novelista». Estos textos tienen un gran trabajo detrás: «Son libros que no me llevan menos de dos o tres años, con un exhaustivo trabajo de fuentes muy amplias. Una vez que tengo todo eso me puedo largar a escribir, y lo hago con soltura. Incluso utilizando recursos de la narrativa: juegos temporales, modos indirectos subjetivos». La biografía, según Pujol, es un género que navega entre las aguas de la historia y la novela. 
Gracias a libros como Gato Barbieri, un sonido para el tercer mundo se puede comprender que la música es una puerta de entrada fabulosa para dar cuenta de procesos históricos complejos. «Hasta fines de los 90 había resistencia a esta clase de libros que hago yo. Y después eso cambió. Ahora mucha gente labura con la música», cuenta Pujol. El autor se percibe como una suerte de Dr. Jekyll (el investigador del CONICET y el periodista) y Mr. Hyde (quien sale de noche a ver bandas y se la pasa escuchando discos). «Para impulsarme a escribir tiene que ser un fenómeno artístico, un músico o un hecho, que me atraiga y la vez que esté enganchado con lo social», dice. 
¿En qué momento sabe que llegó la hora de escribir una nueva biografía? «Hay mucho de intuición. Cuando termino un libro no tengo muy en claro por dónde voy a seguir, aunque siempre hay una pista en lo último que escribo. Es como si inconscientemente lo dejara abierto para seguirlo en otro libro, en el siguiente».

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