Cooperativismo

Actitud emprendedora

La actual filial Munro del Banco Credicoop tiene su origen en una entidad que nació, como muchas otras, por la inquietud de los vecinos que impulsaron iniciativas para el bien común.


1971. Palti y Cardoso repasan el presente de la caja durante la entrevista con Acción.

 

Un ejemplo más de los muchos que alberga el Gran Buenos Aires de lo que pueden el tesón y el trabajo mancomunado cuando quienes lo protagonizan tienen firme conciencia cooperativista». De esta forma presentaba a la caja de crédito Vélez Sarsfield de Munro el número de Acción correspondiente a la primera quincena de mayo de 1971.
En una nota de su sección Perfiles, que cada quincena reflejaba la historia de una caja de crédito, se relataba que «luego de algunos meses de trabajo en que un grupo de vecinos –organizados en comisiones de difusión– visitaron a numerosos comerciantes y empresarios de Munro, en el Gran Buenos Aires, se abrieron por fin las puertas de la caja de crédito Avenida Vélez Sarsfield, a mediados de 1963, en un pequeño local». Los socios, afirma el artículo, no llegaban a cien. «Era muy escasa la proporción de personas que conocía qué es el movimiento cooperativo y menos aún cómo podría este movimiento mejorar su situación y la de los vecinos que movilizaban la actividad económica y comercial de la localidad», decía David Palti, entonces miembro del consejo de la caja e integrante del grupo fundador. Junto a él fue entrevistado Antonio Cardoso, entonces gerente, quien afirmaba: «Darse a sí mismos el apoyo financiero que estaban necesitando era una urgente necesidad de los comerciantes y pequeños empresarios de nuestra zona que está en constante crecimiento».
Durante una entrevista realizada con la comisión de asociados en 2014, Alicia Fernández, entonces secretaria de Actas, recordaba otros detalles de aquellos primeros tiempos: «La avenida Vélez Sarsfield está dividida por la vía ferroviaria, en aquella época el lado oeste no estaba pavimentado y para subsanar este déficit algunos comerciantes de la zona crearon un fondo para ayudar a los frentistas que no podían pagar la obra. Luego, como vieron que esa iniciativa había tenido muy buenos resultados, se les ocurrió armar un proyecto para resolver los problemas financieros  que tenían los comerciantes para hacerse de stock o remodelar sus locales». «Mi abuelo, que era un inmigrante austríaco y zapatero de profesión, fue uno de los fundadores de la caja de crédito. Él y mi papá integraron la comisión de asociados, ocupando diversos cargo y ahora me tocó a mí participar», decía, en la misma entrevista de 2014, el entonces vicepresidente de la comisión de asociados, Federico Mandi.  

 

Crecimiento paulatino
El crecimiento de la caja fue paulatino pero permanente: en 1964 apenas contaba con 436 asociados y al año siguiente llegaron a 1.100. En 1968 la caja se mudó a un local propio, construido con un crédito brindado por el IMFC. En 1971, los asociados eran 2.230. Más allá de sus avances, la entidad no estuvo exenta de los embates de la dictadura de Carlos Onganía. «Justamente, en 1966 (año del golpe militar), la experiencia estaba en su apogeo. La tramitación de la cobranza de las letras
–clearing intercooperativo– organizada por el Instituto Movilizador era muy eficiente y en algunos casos superaba el clearing bancario: un servicio fácil, barato y eficaz», decían los dirigentes en 1971. Las medidas restrictivas a la operatoria de las cajas atentaban contra su progreso. «Pero ante estas medidas no hemos dejado de luchar un momento», agregaban. La gente no les dio la espalda: «Al principio hubo un momento de desconfianza. Pero ante toda la propaganda destructiva que entonces protagonizaron los medios de información en forma definitiva, muy pocos fueron los socios vulnerables, y la verdad es que recibimos el apoyo masivo de los que tenían aquí sus depósitos», recordaban los entrevistados.

 

Atenta a las necesidades
«La caja está alerta a las necesidades de los vecinos y de las entidades de bien público. Se realizan donaciones, por ejemplo, a los bomberos voluntarios de Vicente López, a las sociedades de fomento que sostienen escuelas, o al Instituto de Educación Integral gratuito Esteban Echeverría. Recientemente se donó un aparato de nebulizaciones a la Sala de Primeros Auxilios y las entidades de bien público asociadas a esta Caja son numerosas», afirmaba el artículo de 1971. También se brindaban los denominados «créditos sociales», que, entre otras mejoras, permitieron la realización de la avenida Vélez Sarsfield o la instalación del alumbrado público a gas de mercurio. El montaje del salón de actos de la cooperativa, en el cual se organizarían numerosos actos de difusión cultural, fue otro hito para la entidad y para el barrio, ya que Munro no contaba, en ese momento, con ningún otro local parecido.

 


Edificio propio. Fue construido poco tiempo después del inicio de las actividades.

 

A lo largo de los años, esa activa participación en la comunidad fue sostenida: además de imbricar su trabajo con organizaciones de su medio, desde la filial constantemente se convoca a los vecinos con actividades sociales y culturales. En la entrevista de 2014 se mencionaba, por ejemplo, la participación de la comisión de asociados, desde el año 2001,  en la ONG Munro Institucional, un ámbito que nuclea a entidades de bien público de la zona. La instalación de carteles indicadores, la apertura de una oficina del Registro Civil y el impulso de actividades solidarias para recaudar fondos para comedores, jardines y escuelas fueron algunas de las iniciativas.
«Vi nacer a mis hijos aquí», recordaba Cardoso en 2013, muchos años después de la entrevista de 1971, cuando la caja, hoy la filial Munro de Credicoop, celebró 50 años de vida y lo tuvo entre sus homenajeados. «Los socios del banco eran vecinos y algunos fueron padrinos de mis hijos», agregaba emocionado. Matías Mandi (hijo), otro de los presentes en ese acto, recordó entonces que su familia «tiene tres generaciones en la filial», y destacó el espíritu cooperativo de los pioneros: «Hace 50 años –afirmó– muchos de los cooperativistas no habían terminado la primaria pero tenían valores de solidaridad». Hernán Valdéz, Bernardo Mallo, Adolfo Abel Ruiz, Elsa Tonon y las familias Resnik y Antueno fueron otros nombres reconocidos en el festejo de los 50 años como dirigentes históricos de la entidad. Hoy, la caja Vélez Sarsfield es la filial Munro, la número 33 de las 260 sucursales que tiene Credicoop en todo el país.