Cooperativismo | Casa Violeta Calamuchita

Aroma a libertad

En la localidad cordobesa de Villa Rumipal y con la producción de lavanda como actividad distintiva, seis mujeres se asociaron para generar un espacio de visibilización y abordaje de problemáticas como la violencia de género y la exclusión laboral.

Plantas que curan. Las asociadas son jóvenes profesionales y acompañantes comunitarias. (Gentileza Casa Violeta Calamuchita)

Somos una cooperativa de trabajo centrada en el bienestar y la calidad de vida de cada una de sus asociadas mediante el desarrollo sostenible de una producción que respeta y promueve la revalorización del entorno natural». Así define Anahí Giacomelli, presidenta de la cooperativa cordobesa Casa Violeta Calamuchita, el proyecto que tiene como actividad distintiva el cultivo, cosecha y elaboración de productos y subproductos a partir de plantas aromáticas, medicinales y nativas en general, con las lavandas del tipo Angustifolia como producto destacado. Pero Casa Violeta, ubicada en Villa Rumipal, es mucho más que eso: sus asociadas buscan promover espacios de encuentro para la reflexión y visibilización de las distintas problemáticas y necesidades particulares de las mujeres y disidencias y generar alternativas de trabajo frente a la precarización laboral. También, funcionar como dispositivo socioterapéutico para responder a las necesidades emergentes que no encuentran cauce en otras instituciones. «Nos planteamos generar procesos de transformación social, institucional y subjetiva en clave de derechos», dice la presidenta.
Todo comenzó en 2018, cuenta Leticia Lentini, tesorera. Fue cuando seis jóvenes profesionales egresadas de carreras de ciencias sociales, biológicas, ingeniería, ciencias exactas y arte, decidieron unir sus saberes en pos de emprendimientos productivos vinculados con la lavanda. «Todas las asociadas somos acompañantes comunitarias contra la violencia de género –explica Lentini–. Nos fuimos conociendo en eventos culturales y nos llamamos Casa Violeta Calamuchita porque sentimos al proyecto de nuestra cooperativa como “Una habitación propia”, según describe en su ensayo Virginia Woolf, que, más que habitación, deseamos que sea Casa (con mayúscula) en la cual nunca falten las reivindicaciones por nuestra emancipación y liberación». El color violeta identifica a la lucha feminista, además de ser el color de la especie vegetal que las distingue.
La primera plantación fue de 100 unidades de lavanda medicinal del tipo Angustifolia, una especie no invasiva y adaptada a la región. En enero de 2020 cosecharon la primera floración. «La mayor dificultad que se nos ha presentado fue conseguir tierra por un lado y fondos por otro para poder realizar una inversión que resulte más significativa ya que la cosecha de lavanda, por sus particularidades, es un proyecto a muy largo plazo y que requiere de una gran inversión inicial».

Un largo proceso
La cooperativa es una posibilidad de contención para las mujeres que se encuentran en la denominada Ruta Crítica. «La Ruta Crítica arranca cuando se decide romper con la situación de violencia. Es el comienzo del camino, es cuando decidís que tenés derecho a vivir –explica Giacomelli–. Salir de la violencia es un proceso largo y nunca es demasiado tarde mientras conserves la vida».
María Eugenia Quiben, secretaria, detalla las actividades que complementan al proyecto de las lavandas: «Hace tres meses comenzamos a participar en un programa de radio que se transmite por nuestra radio local con un segmento al que bautizamos “Casi humanas” y después largamos nuestro propio programa, porque nos parece de gran importancia tener espacios donde poder expresarnos y donde las mujeres puedan difundir sus emprendimientos productivos». También editaron una revista que esperan volver a poder publicar algún día. Quiben destaca que Casa Violeta es una posibilidad laboral para muchas «bajo los principios y valores del cooperativismo y la sororidad». Entre los proyectos futuros, las cooperativistas expresan: «Soñamos una hectárea violeta, una casita de té, una plaza con niños jugando y muchas mujeres trabajando codo a codo todos los días por un mundo mejor».


Bibiana Fulchieri