Cooperativismo

Compromiso inclaudicable

Entidad señera del sur del Conurbano bonaerense, tuvo un rol protagónico en el desarrollo de la comunidad. Nacida en el año 1957, hoy es una de las filiales del Banco Credicoop.

1973. Dirigentes de la caja dan una entrevista para la sección Perfiles de Acción.
 

En 1957, un grupo de integrantes de la colectividad judía que se reunía habitualmente en el Club Israelita de Avellaneda decidió emprender el camino cooperativo. Vinculados al sector industrial –la zona era en esos años un núcleo robusto de la actividad– crearon la Cooperativa de Crédito Avellaneda Limitada, una entidad con más de 20 años de vida que, tras el embate contra el cooperativismo de crédito de la última dictadura cívico-militar, se fusionó con  otras cajas para fundar el Banco Credicoop en la localidad bonaerense.
La historia de esta caja de créditos, como la de muchas entidades del sector en esa década, tuvo un origen modesto. «Eran ciudadanos de Avellaneda que formaron una cooperativa en una habitación de un departamento en la calle Paz. Se informaron dentro del cooperativismo sobre cómo hacerla funcionar y la constituyeron. Así anduvo hasta que vino la expansión en todo el país de las cooperativas y entonces ya salieron a la calle, salieron de aquel cuartito que había en la calle Paz», explicaba en 1997 al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito, Antonio Moñino Comas, uno de los dirigentes más destacados de la caja que fue presidente de la entidad.

Cimientos fuertes
La expansión de las cooperativas que daban crédito a los sectores populares y pymes se produjo a partir de la década del 60, tras la fundación del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en 1958. La Cooperativa de Crédito de Avellaneda transitó ese proceso de crecimiento y logró tener una importante masa de asociados que encontraban en la caja una posibilidad para el desarrollo. «Eran pequeños industriales y comerciantes, que veían la necesidad del crédito barato. Porque primeramente el banco no le daba crédito al pequeño industrial, al pequeño comerciante. Siempre le daba al grande, para más seguridad en el cobro», contaba Aarón Matz, otro de los cooperativistas pioneros de la caja de Avellaneda, al mencionado archivo. Junto con esos asociados, la cooperativa del sur bonaerense también llegó a atender a instituciones de mayor magnitud. Los clubes Independiente y Racing operaban con la caja, junto con otras entidades de distinto tenor como sociedades de fomento, obras sociales, escuelas, centros de diversas colectividades y bibliotecas.
El vínculo social de la caja fue extenso y vigoroso. Desde la entidad se articulaba una red de acciones comunitarias que nutrían la vida del barrio. En ese marco se inscribía también el plano cultural, con numerosas propuestas que incluían conferencias, exposiciones, conciertos y fiestas populares. «Teníamos en el fondo de la cooperativa un quincho donde hacíamos periódicamente reuniones, ahí hablábamos con la gente. Y en cada reunión conseguíamos más socios. Hacíamos asados. Yo creo que la cooperativa Avellaneda fue la única que logró un predio tan interesante. Ese fue el éxito del cooperativismo. Siempre hablando con la gente», expresaba Matz.

Capear el temporal
Para mediados de los años 60, la caja ya había proyectado un gran local propio sobre la avenida Mitre y tenía una importante operatoria. Pero la instauración de la dictadura de Juan Carlos Onganía marcó el comienzo de una etapa difícil para el cooperativismo de crédito. «En 1966 tuvimos que capear el temporal, cosa que no fue fácil. Estábamos pagando el local. Sin embargo, cumplimos con todas las imposiciones y los compromisos. La verdad que fueron momentos duros, había que devolver 90 millones de pesos y en la calle teníamos más de 130 millones y, para colmo, pese a nuestro esfuerzo, descendió el número de socios. Las urgencias de tantos pequeños industriales y las dificultades de desarrollo de la empresa nacional se sumaron al perjuicio ocasionado por las normas del Banco Central», comentaba Moñino Comas a Acción en un artículo publicado en 1973. «Onganía prácticamente nos hizo bajar los brazos, tuvimos muchos problemas, nos llegaron a agredir personalmente porque la gente quería su dinero y el dinero estaba prestado. Pero nos recuperamos, cumplimos y la cooperativa, gracias a los socios que siempre la apoyaron, tuvo mucho éxito», manifestaba, por su parte, Matz. Y culminaba Moñino Comas: «Nosotros sabíamos que solo dentro de la democracia podíamos desarrollar una actividad sana y así se recuperó todo, se amplió la cantidad de socios, se terminó el edificio y salimos adelante. Además, tuvimos el apoyo del Instituto Movilizador, que hizo una labor muy remarcada».
La salida de la crisis de 1966 se dio a fuerza de movilizaciones, grandes actos del sector cooperativo y la infatigable lucha de miles de dirigentes y asociados que defendieron el modelo económico solidario. Algunos de ellos, incluso, fueron encarcelados. Diez años después, en 1976, la cooperativa tuvo que volver a enfrentarse con una dictadura. Esta vez, bajo el amparo de la mal llamada Ley de Entidades Financieras (en realidad, un decreto de la dictadura) impulsada por la junta militar, las cajas tuvieron que adoptar para mantenerse la forma de bancos cooperativos. La entidad de Avellaneda formó parte de ese proceso. En esa instancia, tanto Moñino Comas como Matz reconocían la tarea de uno de los máximos dirigentes del Instituto Movilizador: «Teníamos a Floreal Gorini que nos asesoraba, nos daba conferencias, nos apuntalaba. Fue el gran orientador político-económico al que todos respetábamos y queríamos mucho», decía Moñino Comas.
Pascual Romano, José Schverdfinger, Antonio Quejas o Ángel Morero fueron parte también del grupo de dirigentes históricos que fortaleció con su compromiso a la cooperativa de Avellaneda, otra entidad que, como cientos de cajas a lo largo y a lo ancho del país, impulsó el desarrollo económico, social y cultural de su zona a través del crédito social y popular. La Cooperativa de Crédito Avellaneda Limitada fue un símbolo vivo de un modelo de economía basado en la equidad y la solidaridad, comprometida con la comunidad y protectora de la democracia. «Afirmamos cada vez más –decía Monino Comas– nuestra justa experiencia de lucha y solidaridad, que es patrimonio común de todo el movimiento nucleado en torno a nuestra brújula orientadora: el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos».